AYUDAR

cuaresma2013-28

«Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua; y mientras yo voy, otro baja antes que yo». Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y anda».

 (Juan 5, 1-16)

CUARESMA 2013: El Camino a la Vida

MARTES IV DE CUARESMA

 

Esta cuarta semana de Cuaresma las lecturas cambian de orientación.

Hasta ayer se alternaron los evangelios sinópticos, iluminándonos a lo largo de un camino de conversión y a partir de ahora, el evangelista Juan, que nos acompañará hasta Pentecostés, nos muestra a Jesús como modelo del cambio de Pascua.

Será a lo largo de un camino de creciente oposición por parte de sus adversarios que lo acabarán llevando a la cruz.

En el Evangelio de hoy, Jesús es repudiado por los jefes judíos, ¡por curar en sábado!.

A una piscina de aguas curativas acudían los enfermos para tratar de sanar sus males sumergiéndose en ella. Muchos de ellos, debido a su incapacidad física, no podían tirarse a la piscina sin la ayuda de otros (esto también ocurre hoy día), y necesitaban amigos que acercasen sus camillas hasta el borde.

Jesús vio a este hombre que llevaba 38 años enfermo, y le hizo una pregunta que precedió a una orden:

¿Quieres curarte?

Levántate, coge tu camilla y anda.

Parece que nos lo está ordenando a nosotros. Jesús no deja de interpelarnos a coger nuestra camilla y echar a andar.

El escenario donde se desarrolla el evangelio de hoy podemos imaginarlo perfectamente. Piensa en una piscina de dimensiones enormes, que era, además, muy profunda. Allí los judíos solían lavar a las ovejas antes de conducirlas al templo para ser sacrificadas.

Era un espacio muy grande, que estaba rodeado por cuatro pórticos, y tenía un quinto pórtico que atravesaba la piscina. Allí podían todos resguardarse de la lluvia y del sol; todos, no solo las ovejas, porque en esta piscina no solo había animales.

Desde hacía tiempo existía la convicción de que las aguas de Betesda tenían poderes curativos, así que el lugar estaba atestado de enfermos.

Para sanarse había que sumergirse en el agua cuando la superficie se movía, algo que ocurría de tarde en tarde.

Imagínate cuando ocurría. Todos se agolpaban para ir desde los pórticos al agua como buenamente podían: los cojos arrastrando su extremidad malsana, los ciegos golpeándose contra todo y chocando con todos, los paralíticos reptando desesperados por el suelo…

Es curiosa la situación de hoy. Jesús pasa por allí y nadie le hace caso. Es el mismo desconocimiento que ocurre en nuestros días.

Suelo ir de vez en cuando a misa en una Iglesia que en uno de los extremos del altar, un poco más retrasado que este, tiene una esquina donde hay unos bancos dispuestos frente a un gran lienzo de las Ánimas Benditas del Purgatorio.

Por si alguien aún no lo sabe estas almas representan las de aquellos difuntos que formaban parte de la Iglesia paciente, que siguen sufriendo aún las penas del Purgatorio y están pendientes de su paso a la Iglesia triunfante. Son objeto de mucho seguimiento popular pues se entiende que estas ánimas o difuntos necesitan ayuda, culto y hasta veneración para conseguir la gloria.

Pues en esta iglesia ocurre igual. Hay mucha devoción. Tanta, que en muchas ocasiones durante la celebración de la Eucaristía hay personas que siguen acudiendo a rezar a ese rincón pese a que hay un cordón que lo quiere impedir mientras dure la misa .

El párroco de esta iglesia no podía soportar que la gente pasara de largo cuando él entre su manos tenía al mismo Cristo en el momento de la Consagración. Hizo todo lo posible para que respetaran ese momento. Incluso detenía la misa para recriminar a los fieles que se acercaban a las Ánimas.

Es lógico que este hombre se enfadara. Estaban dando de lado a Jesús. Pero esos fieles sentían un efecto contrario al deseado por el sacerdote, pues veían cómo él era “un obstáculo” para cumplir su objetivo.

Es lo mismo que ocurría en esta piscina; esperaban a que llegara el momento que se removieran las aguas y Jesús pasando delante de ellos y nadie se percataba de ello. Además si las aguas se removiesen en ese momento, hasta el mismo Cristo les sería un obstáculo para llegar al agua…

Con tantas advocaciones, tantos santos… y a veces tantas supersticiones, nos olvidamos de Jesús.

En nuestra religión ocurre esto con frecuencia y no siempre es culpa del creyente sino de la escasa formación en unos casos, y de lo que pesan ciertas tradiciones en muchos otros.

Es muy difícil que uno a uno de los que acuden a ese rincón de las Ánimas alguien pueda explicarle que, en teoría, ellos van a rezar por su difuntos para que se salven y a quien se lo tienen que pedir le están dando la espalda. Es muy simple, pero a veces la fe se convierte en costumbre y se pierde, lamentablemente, el sentido de nuestra oración.

En la piscina de las aguas de Betesda había muchos enfermos cobijados en los pórticos a la espera de esas aguas sanadoras pero no todos podía mover su camilla, como le ocurría al protagonista de este evangelio, que llevaba tantos años allí postrado.

Son personas que necesitan que alguien les coja la camilla y les acerque al agua.

A lo mejor ese alguien eres tú.

A todos aquellos que podemos entender el mensaje de Cristo de una manera más clara, gracias a la gracia que Él derrama sobre nuestro entendimiento, nos toca arrimar esas camillas, ayudar a otros a acercarse a Él.

Piensa a cuántos amigos hoy les está haciendo falta que seas tú el que acuda a ayudarle a mover su camilla, para poderse curar o para comenzar a andar.

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Lázaro Hades.

Gracias, Dios mío, por tu amor infinito.

Toda la vida me resulta pequeña para agradecerte el favor que me has hecho al elegirme para ser tu discípulo.

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