¿CREER, PARA QUÉ?

 

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Intentáis matarme porque no podéis aceptar mi palabra. Juan 8, 31-42

CUARESMA 2013: El Camino a la Vida

MIÉRCOLES V DE CUARESMA

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Palabras duras las que dirige en el Evangelio de hoy Jesús a las personas de su tiempo. También a nosotros.

Cuando no dejamos que la Palabra de Jesús entre en nosotros, ni que cambie nuestra manera de pensar, nuestro modo de interpretar su evangelio o nuestros gestos…acabamos por colocarnos en el grupo de aquellos que le van a llevar a la muerte.

De una forma u otra acabamos matando a Jesús cuando dejamos que Dios se diluya en nuestras consciencias.

Ayer mantuve una conversación a través del móvil con un muy querido amigo que pasa por momentos difíciles en el plano anímico. Como alguna vez te ha pasado a ti, las críticas y los juicios de tu entorno hacen mella en tu ánimo y llega un momento en el que te derrumbas.

En nuestra charla estuve varias veces tentado de mencionar mi fe pero, como en ocasiones similares, trato de ser prudente para no resultar pesado ante quien, a priori, no quiere oír hablar de Dios.

Sin embargo, me lo estaba poniendo fácil cuando veía que se sentía asfixiado por el yugo del juicio público y cuánto eso condicionaba su paz.

Mi amigo tiene fe cristiana católica. Cree en Dios. Pero es de esos que llamamos alejados. O para definirle un poco mejor, diríamos que es un tibio. Seguro que tú también conoces a alguno.

“El día que aprendas a confiar en Dios sabrás que esas cosas que te preocupan son lo de menos”.

Con esta frase me atreví a mencionarle al Señor en un momento de nuestro intercambio de mensajes a través de Whatsapp en los que él admitía que esos juicios sociales que le quitaban la paz.

Su respuesta me dio mucho juego:

“Pues ayúdame porque estoy perdido”.

Este es el momento en el que muchos de nosotros sacaríamos nuestro repertorio, cual vendedor de enciclopedias, y trataríamos de hacer un nuevo abonado a nuestra fe.

Sin embargo, alguien me enseñó a dejar que en esos momentos fuese Dios quien hablase por mi y no dejar que mis atropellados pensamientos impidan que sea Su mensaje y no el mío el que fluya en este tipo de conversaciones.

“Debes aprender a refugiarte en Alguien que está por encima de nuestras miserias. No encontrarás en los hombres la paz que buscas. ¿Has trabajado tu interior? ¿Te has mirado a ver qué tienes dentro? ¿A quién tienes dentro?”

“Si sigues basando tu felicidad y tu paz en los bienes materiales, en los demás, en el efímero disfrute de una noche de fiesta…todo te será tan volátil que en la medida que esos momentos se conviertan en rutina, la desazón que sientes ahora se convertirá en algo habitual…”

Yo trataba de analizar la situación, pero aún no había respondido a su pregunta:

“¿Cómo lo hago, dónde busco, cómo se hace eso de encontrar a Dios?”

Es una respuesta difícil de dar. Por eso nos emplazamos para un encuentro personal en el que podamos retomar el tema. Creo que estos planteamientos merecen una conversación con más perspectiva. No hay una receta para sus preguntas en la que diga: tómate dos de esto, reza cuatro de esto y ve a esta misa tantas otras veces…

Personas como mi amigo hay muchas en nuestro entorno. Tal vez tú hayas sido una de ellas. Son los que un día se alejaron de toda práctica religiosa y se olvidaron de su fe; sin embargo llegan momentos en los que andan buscando encontrarse con un Dios vivo que dé otro sentido a su vida.

También los hay que sienten la necesidad de reavivar su fe después de muchos años de indiferencia grande.

¿Creer, para qué? 

Esta pregunta se habrán formulado mucho a lo largo de sus años de madurez: ya no pueden creer con la fe que tuvieron en otros tiempos. Necesitan refundarla sobre experiencias más positivas y auténticas.

Todo comenzó cuando dejaron de ir a la iglesia (“no tenía tiempo”, “cambié de residencia y no conocía a nadie en esa iglesia”, “mi esposo no me acompañaba a misa”). 

Luego sintieron que la misa y los rezos no les decían nada.

Solo les quedaron algunos tics religiosos: Navidad, Semana Santa…y continuaron asistiendo a funerales, comuniones, bodas y bautizos más por un comportamiento social adecuado que por cualquier sentido religioso.

Los que se marchan, se van colocando “fuera de lo cristiano”. Como los del Evangelio de hoy, comienzan “a matar” a Jesús sin quererlo, solo con su indiferencia.

La Iglesia les parece antigua, no va con los tiempos. Se avergüenzan de los escándalos que ocurren con algunos sacerdotes generalizando sin razón alguna. Hablan como “desde fuera”: “vosotros pensáis…”, “no decís todo lo que sentís…”

Sin embargo, ante acontecimientos como el espectacular mensaje de Dios a través del nuevo Papa Francisco, sí se apuntan a este caballo ganador. Conviene recordar a todos, no solo los alejados, que esta es nuestra Iglesia, la de los escándalos con sacerdotes y la de nuestro nuevo Papa. Hemos de estar a las duras y a las maduras, no solo cuando sopla el viento a favor.

Hay una cierta edad en la que muchos de nosotros que recibimos educación cristiana podamos haber llegado a pensar como esos cristianos alejados que afirman que “Dios no me interesa en estos momentos; demasiados problemas tengo yo ahora como para andar pensando en esas cosas, todo esto es ridículo…”.

Este tema daría para muchas entradas. Hoy quiero quedarme con una actitud. Con la que deberíamos mantener cuando algún alejado nos llama a la puerta.

Nosotros hablamos entonces de personas que “vuelven”, pero lo que ellos buscan no es exactamente volver al pasado.

Quieren vivir una experiencia nueva, teniendo en cuenta su pasado, pero tratando de fundamentar su fe sobre bases nuevas.

No se acercan para retomar las creencias y prácticas de otros tiempos, sino para buscar algo más auténtico que lo que conocieron.

Así pues, con estas pistas que hoy te he dado y tu experiencia como cristiano, imagino que serías capaz de ir dando respuesta cuando uno de ellos se acerque a ti y te pregunte:

¿Creer, para qué?

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Lázaro Hades.

Gracias, Dios mío, por tu amor infinito.

Toda la vida me resulta pequeña para agradecerte el favor que me has hecho al elegirme para ser tu discípulo.

 

 

 

 

3 pensamientos en “¿CREER, PARA QUÉ?”

  1. Uy Lazaro…es esta situacion la que vivo de vez en cuando con mi hijo ..que tiene 25 años y ha dejado de caminar en su Cdad…si, obedece y lo veo tranquilo…reza los laudes con nosotros.los domingos….pero no quiere oir hablar de Dios.Vivo esta Cruz con serenidad y Paz…hasta que venga cansado y me diga…Ayudame!
    Solo me pongo dentro de la Palabra y dejo que Ella hable en mi….todo esto me ayuda a convertirme…y espero que el Señor haga Pascua con todos nosotros….cuando vas dejando las cosas de Dios …te secas irremediablemente…..ya tengo yo esa experiencia…..Me has hecho disfrutar y aprender con tu entrada…Gracias Me uno a la oracion del final porque El me eligió porque tuvo muchisima misericordia de mi….

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