¿A QUIÉN LE DOY GLORIA?

cuaresma2013-21

“Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada” (Juan 8,51-59)

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CUARESMA 2013: El Camino a la Vida

JUEVES V DE CUARESMA

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Se acerca el final de la Cuaresma y son momentos para hacer un poco de balance.

Hoy he escogido una frase el Evangelio que nos invita a la reflexión personal.

¿Me “glorifico” a mí mismo?

Puede que al inicio de la Cuaresma te hubieras marcado unos objetivos o sacrificios con el objetivo, imagino, de adaptarte a este tiempo de conversión, de cambio, de cara a una vida nueva que se acerca a través de la Pascua.

Si has seguido un buen plan de entrenamiento puede que hayas cogido la forma suficiente para afrontar con solvencia este sprint final.

Llegado a este punto, pues, será más fácil preguntarnos cuánto de lo que hacemos para Dios, lo estamos haciendo realmente por Él y cuánto lo hacemos por nosotros mismos.

Si hemos iniciado un camino en el que Jesús es el destino, nos debería dar igual nuestros fracasos y nuestras frustraciones. Aquí si que vale aquello de “que lo importante no es ganar, sino participar”.

Es este buen momento para cuestionarnos si estamos llenando nuestra vida de los criterios y juicios de Dios, o si por el contrario la estamos ocupando con los nuestros.

Es importante que una vez pasado este tiempo recapacitemos si en algún momento, además de cambiar nuestros hábitos o nuestras obras, también hemos cambiado en algo nuestro interior.

Se nos habla de la capacidad de ser misericordiosos, de no juzgar, de no condenar y de perdonar. Esto que podría ser algo muy sencillo, requiere del alma una actitud de una muy profunda transformación. Una transformación que necesariamente tiene que empezar por la conversión de nuestra inteligencia.

Cuántas veces es el modo de interpretar nuestra vida a nuestra manera lo que nos hace apartarnos de Dios.

Cuántas veces optamos por nuestro comportamiento: lo que nosotros decimos o hacemos.

Cuántas veces elegimos simplemente nuestra voluntad: las cosas que nosotros queremos.

¡Cuántas veces nuestro alejamiento de Dios viene porque, en el fondo de nuestra alma, no existe un auténtico amor a la verdad!

Un amor a la verdad que sea capaz de pasar por encima de nosotros mismos, que sea capaz de cuestionar, de purificar y de transformar constantemente nuestros criterios, los juicios que tenemos hechos, los pensamientos que hemos forjado de las personas.

Cuántas veces, tristemente, es la falta de un auténtico amor a la verdad lo que nos hace caminar por caminos de egoísmo, por caminos que nos van escondiendo de Dios.

Y cuántas veces, la búsqueda de Dios para cada una de nuestras almas se realiza a través de iluminar nuestra inteligencia, nuestra capacidad de juzgar, para así poder cambiar la vida.

¡Qué difícil es cambiar una vida cuando los ojos están cerrados, cuando la luz de la inteligencia no quiere reconocer dónde está el bien y dónde está el mal, cuál es el camino que hay que seguir y cuál el que hay que evitar!

Uno de los trabajos que el alma tiene que atreverse a hacer es el de cuestionar si sus criterios y sus juicios sobre las personas, sobre las cosas y sobre las situaciones, son los criterios y los juicios que tengo que tener según lo que Dios me está pidiendo.

Pero esto es muy difícil, porque cada vez que lo hacemos, cada vez que tenemos que tocar nuestra forma de pensar, nos damos cuenta de que estamos tocando el modo en el cual nosotros vemos la vida, incluso a veces, el modo en el cual nosotros hemos montado nuestra forma de vivir.

Y Dios llega y te dice que aun eso tienes que cambiarlo. Que con la medida con la que tú midas, se te va a medir a ti; que el modo en el cual tú juzgas la vida y la estructuras, el modo en el cual tú entiendas tu existencia, en ese mismo modo vas a ser juzgado y entendido.

Qué importante es que aprendamos a purificar nuestra inteligencia, a dudar de los juicios que hacemos de las personas y de las cosas, o por lo menos, a que los confrontemos constantemente con Dios, para ver si estamos en un error o para ver qué es lo que el Señor quiere que saquemos de esa situación concreta en la cual Él nos está poniendo.

Pero cuántas veces lo que hacemos con Dios, no es ver qué es lo que Él nos quiere decir, sino simplemente lo que yo le quiero decir.

Podemos estar llenando nuestra vida, no de los criterios de Dios, no de los juicios de Dios, sino de nuestros criterios y de nuestros juicios.

Además, tristemente, los pintamos como si viniesen de El, y entonces sí que estamos perdidos, porque tenemos dentro del alma una serie de criterios que juzgamos ser de Dios, pero que realmente son nuestros propios criterios.

La conversión de nuestra inteligencia, la transformación de nuestros criterios y de nuestros juicios es un camino que nos tenemos que ir atreviéndonos a hacer.

Preguntémosle a Cristo: ¿Cómo puedo hacer para verte más? ¿Cómo puedo hacer para encontrarme más contigo?

La fe es el camino.

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Lázaro Hades.

Gracias, Dios mío, por tu amor infinito.

Toda la vida me resulta pequeña para agradecerte el favor que me has hecho al elegirme para ser tu discípulo.

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3 pensamientos en “¿A QUIÉN LE DOY GLORIA?”

  1. ¿COMO PUEDO HACER?? SEÑOR, PARA TENERTE CERCA DE MI, Y LLEVARTE A TODAS PARTES CONMIGO, VEN CONMIGO SEÑOR, QUEDATE AQUI, NO SALGAS….

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