A LA VIRGEN DE LOS DOLORES

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Déjame pasar la vida, Madre mía,
acompañando tu soledad amarga y tu dolor profundo.
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Déjame sentir en el alma el triste llanto de tus ojos
y el desamparo de tu corazón.

No quiero en el camino de mi vida saborear las alegrías de Belén
adorando en tus brazos virginales al Niño Dios.
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No quiero gozar en la casita de Nazaret
de la amable presencia de Jesucristo.
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No quiero acompañarte en tu Asunción gloriosa
entre coros de ángeles.

Quiero en mi vida las burlas y mofas del calvario;
quiero la agonia lenta de tu Hijo;
el desprecio, la ignominia, la infamia de la cruz,
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Quiero estar a tu lado.
Virgen dolorosísima,
fortalciendo mi espíritu con tus lágrimas,
consumando mi sacrificio con tu martirio,
sosteniendo mi corazón con tu soledad,
amando a mi Dios y Tu Dios con la inmolación de mi ser.

Amén.

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Autor: Beato Agustín Pro.
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