RENOVAR NUESTRO BAUTISMO

BAUTISMO

¿Oye, le has puesto a tu hijo la vacuna contra la gripe?

No, yo espero a que el se haga un poco mayor, y entonces cuando sepa bien lo que es la gripe, entonces que él decida si se vacuna o no. No quiero ser yo quien decida por él. Quiero que tenga libertad.

Seguramente, no hayas oído nunca esta conversación. Pero a lo mejor has oído esta que es parecida:

¿Oye, tu vas a bautizar a tu hijo?

No, yo espero a que él se haga un poco mayor, y entonces cuando sepa bien lo que es la fe católica, entonces que él decida si se bautiza o no. No quiero ser yo quien decida por él. Quiero que tenga libertad.

Ocurre lo contrario de lo que se pretende responder cuando se dice eso de “no quiero ser yo quien decida por él”, “quiero que tenga libertad”. Estás decidiendo por él en el momento que le privas de dotar al don de la vida de algo tan importante.

Puede que hayas tenido oportunidad de comprobar el comportamiento de niño pequeño cuando le regalan un disfraz de super héroe.

Imagínate que le entregan a un niño de 5 años un traje de “spiderman”. El niño en cuanto se lo pone, comienza a usar las manos como el hombre araña, de tal forma que hasta se cree que dispara tela de araña como el héroe de ficción. Se mete tanto en su papel que casi se cree que puede caminar por las paredes.

Eso es el bautismo.

Recibirlo es como si Dios te entrega un traje de super héroe. Comienzas a formar parte de un cuerpo de élite, el ejército del Señor…desde el momento que te pones el traje. Es decir, con el bautismo, te entregan el uniforme y te alistan en el ejército. Con el tiempo tú decides si te lo pones y le sigues o por el contrario lo guardas en el armario…

No se puede decir “desde esta tarde, soy cristiano”. Para serlo es necesario recibir ese Bautismo, por que ser cristiano supone ser parte de ese cuerpo, del Cuerpo de Cristo. Significa estar mimetizado con Dios, de ahí que este símil del uniforme nos lo deja un poco más claro.

Cuando se nos dice eso de “…yo te bautizo en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo…”, no quiere decir que el sacerdote te está diciendo que “yo, que vengo de parte del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, te bautizo…”.

Lo que realmente te está diciendo es que te está bautizando, entregando tu uniforme de cristiano, para que seas uno más con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo. Te está diciendo que el Dios trinitario y tu nombre sois uno a partir de ese momento.

Ahora, de adulto, en alguna ocasión he asistido, siempre porque tocaba, a una celebración de renovación de las promesas del Bautismo. En primer lugar quiero hacer saber que esto es algo que puedes organizar con tu parroquia o pedir a tu sacerdote, sobre todo en este Año de la Fe, en la que estamos subrayando los motivos que agitan nuestra creencia.

Cuando se celebraba el rito contestaba a las renuncias y profesión de fe que se hacía dejándome llevar por el guión marcado por el sacerdote y con mucha devoción, esperaba a que pasara a mi altura con el agua bendita para ver si me caía alguna gota.

Tengo esta sensación muy presente pues está muy reciente este mismo acto celebrado en la Vigilia Pascual.

Pero lo cierto es que he podido reflexionar sobre el verdadero significado de la renovación de las promesas bautismales y es mucho lo que he aprendido y que me va ayudar a realizar este acto con verdadero sentido en la próxima oportunidad que se me presente.

Insisto en la importancia de saberse de ese ejército divino al que Dios nos pide que nos alistemos y que somos nosotros los que en un momento u otro de nuestra vida los que decidimos formar parte de él. Yo no me hago cristiano, sino que Dios me hace en nombre suyo, Dios me toma de la mano y realiza mi vida en una nueva dimensión.

Otro aspecto importante a tener en cuenta es saber que desde el momento que comenzamos a formar parte de este ejército, estoy unido a todos los que los componemos, a todos los hermanos y hermanas que están en Dios. Cuando me saca de mi aislamiento para estar inmerso en Él, también estoy en comunión con todos los demás. Esto quiere decir que ser bautizado, y sobre todo renovar las promesas bautismales, supone para mi una aceptación de esta comunidad con la que comparto mi fe. No me vale aquí oír aquello de “creo en Dios, pero no creo en la Iglesia” que tantas veces dicen los que andan un poco perdidos pues no son conscientes que todos formamos parte del mismo equipo. Y como decía un amigo mío que nunca tenía razón: “Hay que estar siempre con los amigos, con razón o sin ella…”

Por último quiero detenerme en dos aspectos, estos ya que componen en ritual de esta celebración. El agua y la palabra.

El agua es el aspecto terreno que se aporta a este acto. Y para que gráficamente entiendas su significado, y aquí aún más cobra más fuerza la renovación que el bautismo de pequeño, te diría que esa “inmersión” en agua que hacemos significa sumergirnos con en una renuncia radical a un estilo de vida del que nos queremos desprender para salir purificados para recibir una vida nueva.

También la palabra es importante. Pero una palabra con sentido. El diálogo que se produce entre el sacerdote y tú en esta celebración, realmente es una conversación entre Dios y tú.

En ella renuncias y afirmas.

Renuncias a las seducciones del mal. A no dejarte envolver por aquello que sabes que enmascara tu verdadero sentir cristiano en una sociedad donde las apariencias condicionan nuestra forma de vida y es fácil dejarse vencer por ello.

Renuncias al pecado, que no es otra cosa que no corresponder al amor infinito de Dios. De despreciar su infinita insistencia para amarte.

Renuncias a Satanás. En todas sus versiones: envidia, juicios, orgullo, pereza…

Y profesas tu fe. Te reiteras en que el camino que quieres seguir es el que ha abierto Cristo para ti desde el día que se dejo colgar en una cruz para que tú pudieras alcanzar la Vida.

Es este un tema sobre el que podríamos hablar mucho más y me ofrezco a todos lo que queráis a través de los comentarios preguntar lo que os inquiete, a tratar de compartir mis experiencias e intentar aclarar vuestras dudas.

PD.: Te habrás dado cuenta que en la imagen de esta entrada es un muñeco y no un niño el que porta ese elegante traje bautismal. Después de mirar muchas me quedé con esta porque es la que mejor representa lo que muchas veces somos a la hora de celebrar muchos de los actos que componen nuestra fe. A veces somos como “muñecos” sin vida que nos vestimos con el mejor de nuestros trajes para cuidar las apariencias.

Dios conoce lo escondido de nuestro interior y no se cansa de perdonar… el resto lo tienes que hacer tú.

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Lázaro Hades.

Gracias Dios mío por tu amor infinito.

Toda una vida se me hacer corta para agradecer el infinito favor que me has hecho al elegirme discípulo tuyo. 

4 pensamientos en “RENOVAR NUESTRO BAUTISMO”

  1. Nos das un punto de vista tan actual y sencillo que es fácil comprender y querer compartir tus reflexiones, como dije la paz y el amor de Dios estén contigo Siempre, gracias.

  2. La entrada muy acertada Lázaro,te felicito.
    Pero la foto espantosa!! vaya muñeco más feo y menudos ropajes!!! de peli de terror 🙂

    Un cariñoso saludo 🙂

    1. Pues esos somos nosotros muchas veces Belén, acudimos a las celebraciones en el Señor tan preocupados por las apariencias que no trabajamos nuestro interior para acudir con más belleza, con más autenticidad, a ese encuentro.
      Ojalá pudiésemos ir siempre desastrosos por fuera pero llenos de plenitud por dentro.
      Gracias por tus comentarios.

  3. Muchas felicidades por el artículo que es contundente y nos arroja luz hacia un tema que a veces dejamos de lado por ignorancia.

    Quiero preguntar si la renovación de las promesas del Bautismo, tambien sirve a manera de un pequeño exorcismo. Adicionalmente a esto ¿sería recomendable, además, solicitar al sacerdote una Oración de Liberación para arrojar las influencias de El Enemigo sobre nosotros? Claro, suponiendo que además uno lleva una vida apegada a los mandamientos de Dios y los de la Iglesia. Porque de nada sirve renovar las promesas de Bautismo si uno se sigue portando mal.

    Gracias y un saludo.

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