LA ENTREGA A DIOS COMPLICA LA VIDA

puente

Creo que alguna vez he comentado el respeto, o mejor dicho, miedo, que le tengo a las alturas. En cualquiera de las interpretaciones del concepto altura, basta con un balcón de un primer piso para que me tiemblen las piernas al asomarme.

Imagínate qué me ocurre cuando me pongo en el primer plano de la imagen de hoy. Solo pensar que tendría que cruzar por ahí ya me asusta. Mi pánico debe ser a algo más que la altura pues imaginar que me puedo caer ya impediría que pudiera avanzar por ese puente.

Cuando vamos de turismo a visitar alguna ciudad y nos encontramos con que hay que atravesar un puente de este tipo para acceder a un lugar de interés, siempre me quiero armar de valor para atravesarlo.

Mi esposa, muy prudente ella, y quizá contagiada con mis miedos, me dice: “No. Por ahí no pasamos. Ni lo pienses: ¿Para qué te vas a complicar la vida?”

Yo siempre le digo, “bueno, ya que estamos aquí hay que verlo ¿no?”. Cuando he viajado tan lejos, he llegado a ese punto turístico tan impresionante al que quizá no vuelva en mi vida, ¿no voy a complicarme la vida al intentar cruzarlo?.

Si me atrevo a hacerlo, lo tengo que hacer agarrado a todos los asideros posibles, – confieso que hasta gateando 🙁 -, con las piernas temblando y pensando: “si no se han caído los de delante, me voy a caer yo…?”

Si consigo llegar al otro lado, después de secarme los sudores y recuperar el tono de piel para que se me pueda distinguir con la pared blanca, puedo disfrutar de lo que me prometía la experta guía del grupo que auguraba unas impresionantes vistas a ese lado del puente.

….

Pues esto de ser cristiano se asemeja mucho a lo que te he contado.

Hay que meterse bien en la cabeza que la entrega a Dios complica la vida. 

Está claro: ser cristiano es mucho más incómodo que no serlo. 

Lo dicho, como lo del puente. Quedarte en el origen es más cómodo que atravesarlo. Al menos aparentemente.

¿Para qué te vas a complicar la vida?, como diría mi esposa.

Ser todo de Dios, es más duro que no serlo. Al menos aparentemente.

¿Para qué te vas a complicar la vida?, como dicen muchos de tus conocidos cuando les comentas tus inquietudes cristianas.

Es verdad. Dios no se conforma con cositas. Quiere que seamos capaces de entregarle nuestras propias vidas: nuestras familias, nuestros amores, nuestros temores, nuestros proyectos…todo. Lo quiere todo.

Quiere padres y madres santos, que lo amen sobre todas las cosas; hijos e hijas apóstoles que den luz a un mundo en continua oscuridad. Quiere a personas que confíen totalmente en Él. Quiere personas abandonadas a Él.

¿Y no es más fácil disfrutar de la vida y olvidarte de las cosas de Dios?? ¿¿Para qué cruzar ese puente??

Pues no sé cómo, pero a pesar de mis miedos, siempre me lanzo a cruzarlo…

Si en el momento de atravesar ese puente viniese alguien hacia mi y me cogiera con seguridad y me dijera: no te preocupes, no te voy a dejar solo. Estoy contigo ahora mismo y no te voy a soltar hasta el final…

Puede que mis miedos siguieran, pero solo oírle con esa seguridad me animaría a cruzar. No quiere decir eso que durante el trayecto las piernas dejen de temblar, pero tendría la certeza que no me voy a caer.

“Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde” (Juan 14, 27).

Fue lo que le dijo Jesucristo a los apóstoles en la víspera de su propia Pasión. Él que iba a sufrir con una muerte cruel, quiso consolar los dolidos corazones de sus discípulos.

No solo les dio paz ante su muerte sino que les prometió su vuelta: “no tengáis miedo; volveré a vuestro lado”.

Y desde entonces vuelve.

Vuelve a recogerte. Es la única forma en el que ese puente que se atraviesa siendo cristiano pueda ser recorrido con solvencia. Sintiéndose de su mano.

Son esas palabras las que debes oír cada mañana cuando de nuevo te concede la gracia de poder ver amanecer y te permite levantarte de tu cama. Viene a recogerte para iniciar la nueva jornada que te ha regalado.

“No te preocupes, os prometí que no os dejaría solos. Y ahora mismo, justo ahora, estoy contigo.”

Unas veces vendrá con la mano de un amigo, con el beso de tu hijo, con la llamada de tu amiga, con el mensaje de quien quieres… pero siempre va estar en los acontecimientos de tu vida…aunque sea complicada.

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Lázaro Hades.

Gracias Señor por tu amor infinito.

Toda una vida se me hace pequeña para agradecer el enorme favor que me has hecho al elegirme discípulo tuyo.

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7 pensamientos en “LA ENTREGA A DIOS COMPLICA LA VIDA”

  1. Es mejor cruzar el puente hacia El….si te quedas parado en.la entrada….te pierdes mucho….y recibes poco.Aunque cruzarlo signifique angusias ,dolores,inseguridades.Cuando llegas al final….lo que recibes ,aunque sean segundos,merece la pena.Besos.

  2. Gracias Señor por estar siempre pendiente de mi, de TU mano voy, cada día soy más consciente de que sola no puedo.
    Por cierto Señor: ¡qué buen intemediario te has buscado para llegar a todos nosotros!!!!! Nos dices lo que necesitamos en cada momento.
    Un millón de gracias como siempre.
    Un saludo.

  3. NO SIENTA PENA POR TENER PÁNICO A LAS ALTURAS, PUES YA SOMOS DOS LOS QUE HEMOS CRUZADO LOS PUENTES “GATEANDO” Y CON LOS OJOS CERRADOS, CUANDO HEMOS SALIDO DE VACACIONES, EN REALIDAD CREI QUE ERA LA UNICA A LA QUE SUCEDIA ESTO.
    MI ENCUENTRO CON EL SEÑOR ES ALGO PARECIDO, LE CONFIESO QUE EL BLOG DE HOY ME DA CONFIANZA, DEBEMOS SER CONFIADOS COMO PEDRO CUANDO CAMINÓ SOBRE LAS AGUAS, AUNQUE TAMBIEN ÉL, EN UN MOMENTO SINTIO TEMOR Y COMENZÓ A HUNDIRSE.
    GRACIAS SR. LAZARO. BUEN DIA!

  4. Me estremecio mucho,mucho su post,no solo porque lo que cuenta al principio…escribio una parte de mi!!!,sino el desenlace tan hermoso…tan verdadero,hasta El es nuestro puente,nuestro camino y todavia dudamos en atraversarlo…caminarlo.

    Senor aumenta mi fe,mi amor ,mi confianza en ti por favor.

    Mil gracias por tan bello escrito Lazaro.

    Bendiciones.

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