¡TÚ NO ERES DE LOS NUESTROS!

fuera de lugar

He tenido que leer más de una vez el Evangelio de hoy para entender lo que quiere decirnos hoy Jesucristo.
Como no es muy extenso, te lo copio aquí:
(Mc 9,38-40): En aquel tiempo, Juan dijo a Jesús: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y tratamos de impedírselo porque no es de los nuestros». Pero Jesús dijo: «No se lo impidáis, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi nombre y que luego sea capaz de hablar mal de mí. El que no está contra nosotros, está con nosotros».

¿Y qué quiere decir esto? ¿Cómo llevo yo esto a mi vida cotidiana?
Pues por desgracia, esa situación que nos describe San Marcos es algo que vivimos continuamente.

En el fragmento evangélico apreciamos cómo los apóstoles han intentado impedir a un hombre echar demonios «porque no es de los nuestros».
Jesús les reprocha tal actitud, «porque uno que hace milagros en mi nombre no puede hablar mal de mí».

Es necesario, quizá incluso una obligación, que amemos y veneremos a todo el que obra en nombre del Señor.

Hagamos el propósito firme de huir de toda sombra de celos de cualquier otro que trabaje por amor a Cristo.

No es tan raro que esto ocurra.
¿Cuántas veces te has visto sorprendido por sentimientos de envidia o vanidad al contemplar otras familias cristianas que, aparentemente, funcionan mejor que la tuya?

¿Nunca has padecido cierto sentimiento de competitividad –que empequeñece tanto– con otros movimientos, parroquias o centros de formación, porque ellos llevan tantos más a catequesis o a una peregrinación?

O algo muy frecuente, al menos en la zona donde resido, ¿has observado el sentimiento de rivalidad que existe entre las diferentes cofradías que, en teoría, se mueven por amor a Dios? Es muy habitual cuando llega la Semana Santa ver como unas cofradías se desentienden de otras, cambian itinerarios por intereses propios e incluso disputan entre los propios cofrades sobre la forma de adornar o procesionar las imágenes.

Puede parecer una bobada experimentar tales insinuaciones del enemigo... pero lo cierto es que a todos nos puede suceder.
Aprendamos de los apóstoles a actuar movidos por el amor de Dios y no por el orgullo.

Este asunto no es nuevo, como ves, ya los apóstoles estuvieron tentados y tras la muerte de Cristo fueron muchos los que por diferentes zonas fueron difundiendo su Palabra. Y se hace casi normal entender que hubiera divisiones entre los nuevos cristianos al simpatizar por una corriente u otra dependiendo del transmisor, aunque en definitiva se tratase del mismo mensaje.

San Pablo da fe de ello en su primera Carta a los Corintios, cuando denuncia que con esa división sectaria están desgarrando el cuerpo de Cristo.

Escribe con fuerza: «Os exhorto, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a que todos tengáis un mismo lenguaje y a que no haya divisiones entre vosotros, a que viváis unidos en un mismo sentir. Porque, por los de Cloe, me han llegado noticias sobre vosotros, hermanos míos, de que hay discordias entre vosotros. Me refiero a que cada uno de vosotros va diciendo: “Yo soy de Pablo”, “Yo, de Apolo”, “Yo, de Cefas”, “Yo, de Cristo”» (1 Co 1, 10-12).”

Todos, religiosos, sacerdotes y laicos, somos instrumentos de Dios, y nuestro testimonio es válido en la medida en que acerca a las almas al Señor.

A modo de examen, cuando haces apostolado y hablas a otros de tu fe o les invitas a confesarse, ¿te buscas a ti mismo?

A veces eso tiene una clara manifestación: ¿quieres que otros hagan lo que tú les dices… o te importa más que nada que se acerquen a Cristo, que le encuentren a Él?

Cuentan que en una antigua casa de un herrero de Zürich está impresa esta leyenda, que aún hoy puede leerse: «Si hubiese que poner un candado a toda boca mala, entonces la noble herrería sería el primer gremio de la tierra».

Las fracciones nacen de la envidia y en la vida cotidiana se alimentan por la lengua.

La murmuración es el vehículo apropiado para generar división en cualquier grupo humano, también en el de los seguidores de Cristo.

Es imposible detener la maledicencia de otros.

Ya se lo dijo don Quijote a Sancho, cuando este último lamentaba las críticas que recibía: «No te enojes, Sancho, ni recibas pesadumbre de lo que oyeres, que será nunca acabar: ven tú con segura conciencia, y digan lo que dijeren, que es querer atar las lenguas a los maledicentes lo mismo que querer poner puertas al campo»

No conviene, por tanto, preocuparse de lo que otros digan. Más bien, hay que ocuparse en frenar la propia inquina y sofocar de raíz la murmuración en nuestra alma.

En primer lugar, podemos preguntarnos si estamos en disposición de aplaudir lo que otros hacen bien. ¡Cuántas veces procuramos deslegitimarlo para quedar en mejor posición o que se subraye lo bien que hacemos nosotros las cosas!

En esa misma línea, hemos de examinar si somos capaces de ocultar, con el manto de la caridad, lo que el prójimo hace mal.

En definitiva, ¿respeto la fama de los demás? ¿O bien, con la excusa de que «es verdad», me dedico a dinamitarla?

Recuerda que no es disculpa. La difamación no es mejor que la calumnia.

En segundo lugar, es bueno pensar si he sido capaz de devolver la buena fama a quien dejé en mal lugar, ya por un comentario malicioso, ya por una apreciación inadecuada.

A veces no es sencillo, otras veces, sí. Sin embargo, siempre es posible redoblar la oración por el agraviado y aplicarnos ciertas mortificaciones que reparen la ofensa cometida.

Finalmente, es muy útil entrenarse en la prudencia para lograr el objetivo de no murmurar nunca y ser generadores de unidad.

¿Quieres no hablar nunca mal? No pienses mal.

¿Quieres no pensar mal? No juzgues nunca.

Cuanto más lejos pones la lucha, más fácil es la victoria.

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Lázaro Hades.

Gracias Dios mío por tu amor infinito.

Toda la vida se me hace corta para agradecer el infinito favor que me has hecho al elegirme como discípulo tuyo.

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Fuente: Con Él. Fulgencio Espa. Ed Palabra.

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5 pensamientos en “¡TÚ NO ERES DE LOS NUESTROS!”

  1. ¡Hola Lázaro, menos mal que el Evangelio de hoy era corto, madre mía…! ¡Lo has estrujado como un limón!. Gracias por tus consejos… comienza el entrenamiento… aunque salgan agujetas… hay que seguir.
    Un saludo.

  2. Lazaro, Gracias por estas letras, Dios permita que muchos lean este escrito. La iglesia Necesita constructores no destructores.

  3. Que gran mensaje, como dice Nieves le haz sacado todo el jugo posible, somos seguidores de Jesus, solo de El. Sentirnos uno en El. Pidamos por la unidad de los cristianos.

  4. FIUUUUUU!! SI PARA ESO, ESTAMOS BUENOS, COMO DICEN POR AHI, PARA ESO NOS PINTAMOS SOLOS, MUY BUENA REFLEXION, BENDITO DIOS, QUE ME JALA LAS “OREJOTAS”….
    BENDICIONES, SR. LAZARO.

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