LA LETRA PEQUEÑA DE UNA AMISTAD

cat-and-dog

Tengo un amigo que es médico.

Y tengo otro amigo que no lo es. Pero sabe mucho de todo lo que le preguntes. También de medicina.

Y por último tengo otra amiga que está siempre conmigo, día y noche. Pasa más tiempo junto a mi que incluso mi esposa. Se llama “acidez” (mi amiga, no mi esposa) y vive en mi estómago. Llevamos juntos mucho tiempo. Nos presentó el café con quien yo frecuento mucho. Algunos días en los que me veía con el vino o con alguna salsa picante, también venía a verme mi amiga acidez. Ha venido conmigo a todas las bodas, bautizos y comuniones. Siempre que ha habido algún homenaje gastronómico, allí estaba ella. “Acidez” nunca me dejó solo.

El caso es que mi primer amigo, Pepe, me dijo que me tomara todos los días una pastilla de omeprazol. Comencé a hacerlo y mi amiga acidez tuvo que preparar el equipaje porque al poco tiempo en mi estómago no había sitio para ella.

Pero mi segundo amigo, Juanito, me empezó a hablar de los efectos secundarios de este medicamento. Me instaba a leer la letra pequeña de esas pastillitas.

Hablando de amigos, aún no he conocido a ninguno que sea capaz de leer esas letras que aparecen corriendo como si llegaran tarde a algún sitio, de un extremo a otro de la pantalla del televisor, al final de un anuncio de medicinas. Supongo que esa es la letra pequeña. Pues además de pequeña, es bien rápida.

El caso es que tras una larga temporada sin acidez tomando mis pastillas, las palabras del estudioso Juanito, me hicieron pararme a pensar en los poco frecuentes efectos secundarios del omeprazol (ojo, que yo no tengo ni idea de medicina, no tomes mis indicaciones en ningún sentido sanitario, que seguro que perjudican tu salud).

Las dudas hicieron que interrumpiera mi dosis regular y comencé a fundar sospechas sobre la efectividad del que hasta ahora había exterminado mi molesta acidez de estómago.

Esto hizo que mi nueva amistad con el omeprazol se tambaleara ya que por un tiempo dejé de tomarlo.

Pasadas unas semanas en las que la acidez estaba todas las noches durmiendo conmigo, decidí aceptar al omeprazol tal y como era y quedarme solo con sus lado bueno, que para mí era muy beneficioso.

Bien, pues una vez puesto este símil, que espero que no tenga ningún fundamento médico para ti, quiero que te quedes con él para poder desarrollar la idea que hoy Dios nos ha puesto sobre la mesa.

Este blog comenzó llamándose “Aprendiendo a Vivir en Cristiano”. Al cabo de dos años pasó a llamarse “Vivir en Cristiano”. No es que en ese tiempo lo hubiese aprendido todo, ya quisiera yo, sino que quise darle un enfoque más personal, sin abandonar el matiz didáctico que me impulsó a crearlo.

Tanto me queda aún por aprender a vivir en cristiano, que esta semana he descubierto el libro del Eclesiástico. Algunos se llevarían las manos a la cabeza al oírme exclamando, “pero cómo, ¿Lázaro no conoce el libro del Eclesiásitco??..”

Aprovecho la ocasión para animarte a que no calles nunca las dudas sobre tu fe. Nunca te avergüences por preguntar cualquier cosa, por muy boba que te parezca. Fíjate en los apóstoles, que aún viviendo con Jesús les tenía que contar las cosas dos o tres veces e inventando parábolas para que le entendiesen.

El Eclesiástico, que es un libro que se escribió 150 años antes que Cristo comenzara a vivir con nosotros, dice cosas que cualquier gurú de la autoayuda las dice hoy y le pagarían una pasta por cada conferencia que diese.

Sirácides, que era el autor (aunque como siempre en todo esto, alguno lo pone en duda), sería hoy un famoso conferenciante en todo tipo de foros, no necesariamente católicos.

Cómo yo he empezado a leer el libro esta semana que Dios lo ha dispuesto como primera lectura de la Eucaristía, he anotado la página del capítulo 2, del que hablaremos otro día, y hoy te copio el que toca, el capítulo 6: LA VERDADERA AMISTAD.

La conversación agradable atrae muchos amigos,
y al que habla amablemente todos lo saludan.

Que sean muchos tus amigos,
pero amigo íntimo sólo uno entre mil.
Si consigues un amigo, ponlo a prueba;
no confíes demasiado pronto en él.

Porque algunos son amigos cuando les conviene,
pero no cuentas con ellos cuando los necesitas.
Hay amigos que se vuelven enemigos
y te hacen quedar mal hablando de tus pleitos.
10 Algunos son amigos a la hora de comer,
pero cuando te va mal no los encuentras.
11 Mientras te vaya bien, serán uña y carne contigo;
pero cuando te vaya mal, te abandonarán.
12 Si algo malo te ocurre, se vuelven en contra tuya
y se esconden de ti.
13 Aléjate de tus enemigos
y cuídate de tus amigos.

14 Un amigo fiel es una protección segura;
el que lo encuentra ha encontrado un tesoro.
15 Un amigo fiel no tiene precio;
su valor no se mide con dinero.
16 Un amigo fiel protege como un talismán;
el que honra a Dios lo encontrará.
17 El amigo es igual a uno mismo,
y sus acciones son iguales a su fama.

….

Stop!, para un momento. Detente. Que sé cómo has leído el texto.

Lo has leído pensando pensando que tú eres el protagonista:

7. Que tú eres el que tienes que poner a prueba al otro…

8. Que algunos son amigos tuyos solo cuando les conviene…

10. Que a algunos amigos no los encuentras cuando te va mal…

Y así capítulo a capitulo te has dejado llevar por la lectura y a medida que avanzabas ibas pensando “¡cuánta razón tiene el libro este…”

Pero ¿y si le damos la vuelta? ¿Y si lo leemos al revés? Pensando en que un amigo tuyo sea el protagonista y en cuanto tú has obrado erróneamente.

Yo soy el primero que me apunto un negativo en todos los capítulos.

Ahora es cuando recurro a lo del omeprazol que te contaba al principio.

Aún sabiendo cuánto me aportaron tantas amistades iniciadas a lo largo de mi vida, fue fijarme tanto en la letra pequeña lo que hizo que fuese desechando muchas de las que podían haber eliminado mucha acidez de mi alma.

Creo que los cristianos tenemos una ventaja a la hora de afrontar nuestros errores. Tenemos a Jesús. Para imitarlo y para pedirle ayuda.

Para imitar su actitud de humildad, con infinitas mejillas que poner tras el primer tropiezo y con su perdón sin fin ante cualquier afrenta.

Y para pedirle ayuda.

Me sincero un poco más hoy contigo, y rompo mi regla de no escribir nunca más de 1000 palabras.

Ayer me confesé y uno de los pecados que quise pasar por el tamiz del sacerdote y el perdón de Dios, fue el juicio. Esas murmuraciones que el diablo siempre nos pone a mano y que a las que tanto nos cuesta resistir.

Quizá sea por mi continuo afán de análisis o quizá por ese pecado original que todos traemos de fábrica y que tanto nos cuesta eliminar, el juicio es un alimento que el diablo me trae a domicilio con demasiada frecuencia aunque no se lo haya pedido.

A mi me cuesta eliminarlo. Le pedía ayer ayuda a Dios porque yo solo no se.

Tras confesar, me incorporé a mi asiento porque pronto comenzaba la misa. En un banco cercano a mi se puso una señora con unos niños pequeños. En un momento de quietud pude comprobar que eran dos. ¡Solo dos!. Por momentos me habían parecido dieciséis, a juzgar por lo que se movían y gritaban durante la Eucaristía.

Y yo pensaba, “qué guasa tiene mi Señor”… no le vale con haberle confesado mi tendencia a juzgar que ahora me pone a esta pobre señora con estos niños tan inquietos a mi lado para que termine la misa y me tenga que volver a confesar…

Fue una dura prueba, no te puedes imaginar cuánto se movían esos niños, lo fuerte que tiró de mi pantalón cuando se acercó uno de ellos, y los buenos zapatos que tenían… vaya patada que me dio cuando fui a darle la paz… “y contigo, hijo, y la paz contigo…” tuve que decir mientras me mordía la lengua…

En fín, esto es “vivir en cristiano”. Sirva esta anécdota y mi experiencia personal para que la lectura de este capítulo del Eclesiástico (al revés) te ayude a re-pensar una a una tus amistades.

Yo lo he hecho. Y no se si mañana me tendré que confesar otra vez…

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Lázaro Hades.

Gracias Dios mío por tu amor infinito.

Toda una vida se me hace pequeña para agradecer el enorme favor que me has hecho al elegirme discípulo tuyo.

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