EL ESTRECHO OJO DE LA AGUJA

…es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos. (Mc 10,17-27)

“Estoy triste, no puedo soportar esta situación…” Dijo ella, un poco deprimida…

El marido, tratando de consolarla, le contestó recordando todo lo que había hecho por ella.“Pero, Isabel, lo tenemos todo. Una magnifica casa, con todo tipo de comodidades, un buen coche, un buen trabajo por el que me desvivo para ganar todo el dinero que necesitamos… no podemos pedir más”

Ella sentenció con una frase que delataba el vacío interior en el que ambos se encontraban: “Somos tan pobres que sólo tenemos dinero“.

Para escribir esta figurada conversación entre una pareja no hay que imaginar mucho. De hecho, a este hombre le va a costar más que a un camello pasar por el ojo de una aguja

Interpretar este Evangelio en el que Jesús parece decir que los ricos no pueden entrar en el Reino de los Cielos es muy fácil, pero quizá por ello conviene detenerse un poco a discernir lo que quier decirnos.

Porque alguien que tenga mucho dinero, ganado con su esfuerzo, que practica obras de caridad, ama a sus hermanos, genera empleo con honradez, se desvive por su comunidad… pero es rico, y solo por serlo ¿no puede entrar en el Reino de los Cielos?

Entre los propios amigos de Jesús estaba José de Arimatea, un hombre considerado rico. También estaba Zaqueo, que tras conocer al Señor cambia su actitud y reparte la mitad de sus bienes.

Y también el jóven rico, quien no llegó a ser su amigo porque salió corriendo cuando Jesús le dijo que lo dejara todo para ser perfecto ante Dios como el chico deseaba.

Los ricos también pueden salvarse, obviamente, siempre y cuando hagan un buen uso de sus fortunas.

Jesús nunca condenó la riqueza ni los bienes en sí mismos. Lo que condena son las personas cuyo único interés es acumular bienes y dinero para su propia satisfacción, no teniendo presente las necesidades del mundo.

Se refiere a las personas con fortunas cuyo corazón está apegado exclusivamente al dinero.

Jesús les dice a los ricos: “No amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socaven y roben. Amontonad más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan ni ladrones que socaven y roben. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón“. (Mt 6, 19-21).

Seas rico o pobre, pregúntate de vez en cuando dónde está tu corazón.

Retomando a nuestra pareja protagonista, cuánta razón tiene ella cuando reconoce ser tan pobre al llegar a  la conclusión que lo único que tiene es algo tan efímero e interesado como es el dinero.

Cuántas relaciones humanas se camuflan detrás de un interés económico. Y qué rápido desaparecen cuando el resultado de las sumas y restas de la amistad se mide en números y no en emociones.

Ni siquiera es necesario hablar de dinero para justificar relaciones afectivas rotas, basta con que, por un motivo u otro, se dejen de compartir momentos de ocio en los que se sustentaban amiguismos artificiales para que a la más mínima sacudida emocional de una de las partes se esfume lo que erróneamente se llamaba amistad.

¡Cuánto valen esas relaciones en la distancia que solo las sustentan los sentimientos de cariño!

Nos podemos llegar a confundir cuando creemos tener “posesiones” que nos llenan, que nos llevan a creernos autosuficientes o incluso hasta endurecer nuestra sensibilidad, tanto para los demás como para Dios, porque en vez de poseer nosotros esos bienes , son ellos los que nos poseen a nosotros.

La relación con nuestros hermanos, con nuestras amistades, y por supuesto, nuestra relación con Cristo debe ser totalmente desinteresada y gratuita. No debemos llevar la cuenta de cuánto damos o cuanto nos abandonamos. No se trata de ir preguntando cada día “¿cuánto nos vas a dar?”.

En estos casos conviene volverlo a recordar: “Donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón…” 

La lección que hoy nos da Jesús es que le sigamos por amor y nada más. Sin apoyarnos en ningún tipo de ventaja, ni económica, ni humana, ni espiritual. Totalmente desinteresados.

Cuando logremos seguirlo sin condición, seremos ricos…. y entraremos en el Reino de los Cielos, aunque la entrada sea tan estrecha como el ojo de una aguja.

Lázaro Hades.

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Un pensamiento en “EL ESTRECHO OJO DE LA AGUJA”

  1. ASI ES, SR. LAZARO, EXISTE GENTE TAN RICA, QUE SE CREE TENER AMPLIO PODER ABSOLUTO SOBRE LOS DEMAS, QUE PIENSAN QUE LO PUEDEN TODOPOR TENER DINERO, Y PREPOTENTES HASTA NOMAS. QUE HUMILLAN A CADA INSTANTE, LO DIGO POR EXPERIENCIA, PUES TRABAJO DIA A DIA CON ESE TIPO DE PERSONAS, QUE EN OCASIONES SOLAMENTE ME CAUSAN TRISTEZA…. VER EL DAÑO QUE HACEN AL PROJIMO CON SUS OBRAS, Y A MI MISMA, UN DIA LE COMENTE AL SACERDOTE DONDE ASISTE, Y LE PREGUNTE SI ERA PECADO EL QUE YO SIGUIERA EN EL MISMO TRABAJO, Y EL ME DIJO QUE NO, PUES YO SOLAMENTE CUMPLO LAS ORDENES QUE ELLOS ME DAN, Y POR CONSIGUIENTE SERIA A ELLOS A QUIENES DIOS LES PEDIRA CUENTAS AL FINAL DE SUS DIAS, Y QUE YO ERA UNA SIMPLE TRABAJADORA. EN FIN, DICEN QUE EL DINERO ENDURECE EL CORAZON. PIDO DISCULPAS SI ME EXCEDI. DIOS LO BENDIGA. GRACIAS

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