¡QUÉ MIEDO! ¡VIENE MALAMÉN!!!

MALAMEN

La profesora en clase preguntaba a sus alumnos de 6 añitos sobre los miedos.

A ver, Pedrito, de quién tienes más miedo?

De “El viejo del saco” -dijo Pedrito.

Pero Pedrito, “El viejo del saco” no existe, es una leyenda…no debes tener miedo.

Marina, y tú, a quién temes?

De “la bruja de la escoba” – dijo la niña.

Pero Marina, “la bruja de la escoba” tampoco existe, es una leyenda…no debes tener miedo.

Y tú, Juanito, de quien tienes más miedo?

Del “fantasma de los ojos verdes”.

Pero Juanito, no existe, también es una leyenda…no debes tener miedo.

Y por último tú, Luisito, a quién tienes miedo?

Seño, le tengo mucho miedo al “Malamén”.

La profesora se quedó pensativa y toda la clase en silencio…

¿A el “Malamén”? , nunca he oído hablar de ese, ¿quién es? – preguntó la maestra.

Luisito respondió: Yo tampoco sé quién es profesora, pero me temo que sea el ser más terrible que pueda pisar la tierra, su maldad es implacable y su legado de terror se esparcido por varias generaciones ya que todas las noches, mi Mamá, al final de sus oraciones, dice…no nos dejes caer en tentación y líbranos del “Mal…amén”.

Luisito acababa de delatar a un monstruo que hasta ese momento parece que sólo él conocía pero que creo que nos ha de resultar familiar a todos nosotros.

Un día mientras rezaba el Padrenuestro me hice la misma pregunta del niño. Me cuestioné de quién estaba pidiendo a Dios que me librara.

Por un momento pensé si le estaba pidiendo al Padre que me librara del mal de una enfermedad, mía o de mis seres queridos. Pero quiero pensar que si algún día me toca, será porque su voluntad es esa, y unos párrafos antes de la misma oración le había pedido que se hiciera su voluntad.

Así que seguí pensando… ¿líbranos del mal?, ¿de qué mal?

Todo lo que pensaba siempre acaba en el mismo camino. En que podría ocurrir según la voluntad de Dios. Es decir, que en casi todos lo males que yo me situaba, Dios podía intervenir para solucionarlos o para ayudarme a asumirlos si se producían.

Así que, eché mano a Luisito y a su Malamén.

Quién ese Malamén del que ni siquiera Dios puede evitar que actúe sobre mí y del que yo solo puedo aspirar a pedir que me libre de su presencia.

¿Dónde se esconde el Malamén?.

Como dice el niño, es alguien que se ha esparcido por generaciones porque a todos nos persigue ese dichoso monstruo.

Hasta ahora había oído llamarlo de muchas formas: maligno, belzebú, demonio, diablo, enemigo, innombrable, satanás…pero nunca oí un nombre tan explícito, así que en este blog, se llamará a partir de ahora MALAMÉN.

Alguna vez he confesado que al principio me tomaba un poco a guasa su existencia, pero con el tiempo he descubierto que al Malamén le gusta disfrazarse de situaciones muy cotidianas para mi, estando muy presente en mi vida y llegando a la conclusión que una de las más importantes peticiones, sino la más, que hago en el Padrenuestro es librarme de él.

Te propongo que hagas el mismo ejercicio que hago yo para descubrirlo. Creo que siguiendo esta práctica llegarás a identificarlo.

Desde hace un tiempo observo situaciones cotidianas que me ocurren en las que interpreto qué parte pone Dios, qué parte pongo yo y cuánto es de Malamén.

Un ejemplo simple. Realizo un trabajo con un compañero. Ambos teníamos la obligación de hacerlo, pero a mí me tocó realizarlo casi todo porque el otro se relajó. Observo que él aprovecha para presentar el resultado y quedar bien ante mi jefe, y así se lo reconoce mi superior.

Es entonces cuando yo decido con quién me la juego: con la forma de vivir que Cristo me quiere enseñar o siguiendo las instrucciones de Malamén.

Si sigo al monstruo, me indigno, me rebelo contra mi compañero y trato de hacerle quedar mal para que me reconozcan a mí el mérito. Seguro que en ese momento me voy a quedar muy satisfecho.

Si por el contrario trato de imaginar qué habría hecho Jesús, optaría por callar y dejar que el mérito se otorgue a otro, actuaría con humildad y quedaría satisfecho sabiendo que el trabajo fue bien hecho que era mi deber. En ese momento a lo mejor me quedo un poco mal, pero horas más tarde, quizá mañana, me reconfortará saber que estoy aprendiendo a seguir el camino que Jesús ha abierto para mí.

No quiero decir con esto que hay que reconocerse inferiores para seguir a Cristo. La humildad no consiste en llamarte fea si eres una mujer hermosa. Es aceptar el camino que Dios te va dibujando con lo que te pone por delante.

A veces nos cuestionamos cosas que sabemos que no son necesarias, nos invaden deseos de venganza sin saber de dónde salen porque nosotros no somos así

Pues supongo que eso será obra del este tal Malamén.

Lo mismo nos ocurre en momentos de flaqueza. Cuando nos venimos abajo por algún motivo es cuando más cómodo se siente el enemigo. No puedo dejar de pensar que se posa en mi hombro cuando estoy desanimado para recordarme todo lo que he hecho mal, aunque no tenga que ver con lo que me apena en ese momento. Malamén tiene una memoria implacable y te trae a mente todo lo que te preocupa, ahora y hace un año. Para terminarte de hundir.

También actúa en los momentos de ira. Cuando por un momento pierdes la calma, y das una voz más alta que otra, tienes de nuevo las dos opciones. Hacer lo que en ese momento es más difícil, que es imaginarte ser el Jesús que caminaba por Jerusalén e imitar su mesura o descargar esa ira contra alguien, que la mayoría de las veces es alguien a quien quieres, sin más medida que la que nuestro Malamén desea.

¿No te has preguntado de dónde salen esos pensamientos tan impropios de ti cuando te enfadas con alguien? Tú no eres. Alguien está actuando por ti. Ya sabes quién es.

Escribir esta entrada me ha costado varios días. Por unos motivos o por otros, nunca tenía tiempo para escribir. Un día era porque fallaba internet, otro porque ocurría algo inesperado en el momento dedicado a este menester… situaciones inverosímiles que impiden que todo marche con normalidad. He llegado a pensar que hay alguien detrás de todo esto porque tanto impedimento no es normal… ¿será Malamén?

.

Lázaro Hades.

Gracias Señor por tu amor infinito.

Toda una vida se me hace corta para agradecerte el enorme favor que me has hecho al elegirme discípulo tuyo.

.

6 pensamientos en “¡QUÉ MIEDO! ¡VIENE MALAMÉN!!!”

  1. El MALAMEN está deseando entrar en mi, está esperando cualquier rendijilla, cualquier boquetillo por más chico que sea para entrar. Yo tengo una solución para no dejarlo pasar, y sabeis cual es? rezar, rezar, rezar, rezar…. y seguir rezando. Es lo único que hace que esas grietas se vayan haciendo más pequeñas y…. a pesar de eso el muy puñetero se cuela, y entonces… hay que seguir rezando.

  2. Pues asi es Lázaro…..ese malamen..es intimo del hombre viejo que crece dentro de nosotros si no tenemos la Gracia con nosotros…y es cuando ya no tienes nada que hacer..con todo…la Gracia vale mas que la Vida..y el Señor que nos Mira constantemente..asi es el Amor…aprovecha cualquier momento para hacernoslo ver. Lo interesante es detectarlo…y una Vez que lo ves…no tarda en huir de Ti..pues junto a la Cruz Gloriosa no tiene absolutamente nada que hacer!!!! Bien pegadita a la Cruz que el Señor permite que tengamos ..abrazarla con Su Amor…ese es el mejor refugio para seguir combatiendo.

  3. Pues ese malamén como lo vamos a llamar a partir de ahora,claro que existe ,y como dice Paz se mete por las rendijas que da gusto,y es verdad,hay que rezar y rezar…Creo que le encanta que nos hundamos,que nos sintamos solos,deprimidos…pues eso a rezar y a no dejarnos intimidar por él,hay que plantarle cara.

  4. Me he reido con la respuesta de Luisito… 🙂

    Y Lazaro, voy a rezar para que el Malamen éste no te enturbie.

    Un cariñoso saludo 🙂

Deja un comentario