LA ESPERANZA

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Existe un déficit de esperanza en el mundo y en los corazones. ¿A qué se debe?

A que tenemos unas miras tan cortas, tan a ras de suelo y, en el mejor de los casos, tan a lo humano, que no conseguimos despegar.

La esperanza no puede ser como el dicho aquel: «la esperanza era verde y se la comió la vaca».

La esperanza es, ante todo, virtud que apunta directamente a Dios.

La esperanza auténtica arma a la persona y la hace fuerte para confiar en que Dios no la va a dejar, a pesar de sus limitaciones y pecados. De ahí que pueda mirar al frente con paz, viendo lo positivo y dejándose ayudar para seguir construyendo día a día.

Cuánto ilustra la imagen de la entrada de hoy la esperanza verdadera. Esos ojos que se excitan ante la simple mirada de un curioso fotógrafo. Ojos de un corazón limpio, quizá demasiado joven para estar confiado en Dios, pero ávido de recibir su Gracia. Son los ojos de un niño al que un simple trozo de pan que muchos despreciamos le hacen sentir una felicidad inenarrable para los que aún andamos buscándola en cosas materiales.

Fijar los ojos en Cristo ante la adversidad. Ese es el secreto.

En ocasiones ante una realidad palpable que nos pisotea se nos hace complicado creer en la esperanza de que hay un Dios que sigue amándonos.

Dios no se da por vencido nunca.

Dios no se vuelve atrás.

A veces nos asalta tanta contrariedad que parece que el Señor la ha tomado con nosotros.

No es que Dios sea tozudo en sus decisiones, es que es muy sabio y quiere llegar hasta el final. De ahí que nos podamos fiar de sus promesas.

«Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?», dice san Pablo.

Por eso la tranquilidad interior ha de ser una constante en nuestra vida, porque, si Él nos dirige, si Él nos ha marcado el camino y nos da la fuerza para recorrerlo, no habrá nada que lo obstaculice. Salvo nosotros mismos, cuando nos empeñamos en hacer oídos sordos.

Se trata, pues, de escucharle y poner por obra lo que nos está pidiendo, sin que nos falte un ápice.

Hemos de distinguir entre nuestra tozudez y nuestra constancia

Quizá haya ocasiones en que nos empeñamos en determinada cuestión porque consideramos que eso es muy importante o incluso esencial. Y perdemos la esperanza de conseguir nuestro objetivo.

Cabe entonces preguntarse si no lo habremos tomado como algo personal: ¿se trata de mera tozudez? ¿Dios lo quiere?

Lo fundamental es no estar apegados a nuestros planes, sino abrirnos plenamente a secundar en nosotros los planes de Dios.

Y esto con sinceridad arrolladora.

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Lázaro Hades

Inspirado en: “Dios en mi agenda.” Alfonso Sánchez-Rey.Ediciones Palabra

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3 pensamientos en “LA ESPERANZA”

  1. Gracias por recordarme que “la esperanza no se la comió la vaca”.
    Y que si: «Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?», dice san Pablo.
    Por eso la tranquilidad interior ha de ser una constante en nuestra vida, porque, si Él nos dirige, si Él nos ha marcado el camino y nos da la fuerza para recorrerlo, no habrá nada que lo obstaculice. Salvo nosotros mismos, cuando nos empeñamos en hacer oídos sordos.

    Un abrazo.

  2. SEÑOR, QUE NO SEAMOS “SORDOS A TU VOZ”, QUIERO ESCUCHARTE.
    GRACIAS SR. LAZARO, POR COMPARTIRNOS. LA EPERANZA VA DE LA MANO DE DIOS, QUIEN NOS LA BRINDA, Y NOSOTROS A VECES NO LA VEMOS, LA DESECHAMOS.

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