EL DEMONIO MUDO

mudo

En aquel tiempo llevaron a Jesús un endemoniado mudo…

Mt 9, 32-38

Te aseguro que en nuestros días hay endemoniados mudos. Lee este post y te darás cuenta que a lo mejor lo has sido alguna vez.

Siempre me ha llamado la atención los términos en los que el Evangelio habla de los endemoniados. Nos cuesta tanto imaginarlos en nuestros días que más bien parecen expresiones de películas de terror. Pero te voy a explicar cómo consigue nuestro conocido Malamén , que tú llegues a ser un endemoniado mudo.

Para conseguirlo utiliza una poderosa arma que todos tenemos guardada en el armario y con la que en alguna ocasión nos hemos vestido: la mentira. 

Puede que lo primero que hayas pensado es que tú no eres uno de ellos, que tú no mientes. Bueno, te voy a explicar los diferentes tipos de engaños que hay y al final me dirás si alguna ocasión no te ha ganado el demonio la batalla jugando con a mentir.

La mentira es uno de los métodos más usados por el enemigo cuando busca vencernos. La mentira come por dentro y hace que las personas vivan en un teatro, en la irrealidad, en la falta de libertad.

La mudez a la que el diablo te quiere conducir, comienza cuando lo oyes en tu oído susurrarte: “Cállate, no cuentes esa cosa”. Te anima a no hablar con nadie, y menos con un religioso, de tus enfermedades del espíritu… a partir de ese momento comienza a evitar que seas curado de esos males que callas.

¿Hay algo que te humilla o te hace pequeña?

¿Has cometido un pecado “inconfesable”?

¿Hay algo que te avergüenza?

¡SILENCIO!! -grita el demonio-. Ese demonio mudo que comienza a meterse dentro de ti.

Lo primero que hace es sugerirte que no cuentes aquellas cosas que conoces de tu vida y te da vergüenza contar. Son cosas tan humillantes que da pavor confesarlas siquiera a tu dirección espiritual.

La dirección espiritual es una figura muy importante en la vida de un cristiano. Se trata de una persona con experiencia en la fe que pueda aconsejarte y dirigir tus pasos en el camino que Cristo ha dejado abierto para ti. Es alguien en quien debes confiar todas tus inquietudes espirituales para que, con su bagaje en el Señor, pueda ayudarte a seguir avanzando a afianzar tu fe.

Una vez que has depositado tu confianza en tu director espiritual, debe ser siempre la primera persona a la que acudir cuanto sientas la emboscada de la mudez que te tiende el diablo.

No temas a que te corrija.

No temas porque sientas que tienes un pecado que sea más grande de lo habitual o que se trate de algo que descide la buena trayectoria cristiana que dibujas en tu vida. No te calles. ¡Cuéntalo! No seas un mudo endemoniado.

Estás mintiendo cuando callas tus faltas: una locura que hiciste en una fiesta, una relación ilícita, un abuso hecho o sufrido en la niñez, una calumnia de consecuencias desastrosas, un recuerdo de alguna cosa vista o pensada que no se te va de la cabeza…

Callarlo te hará sufrir. Así es como quiere verte el enemigo.

También engañamos cuando no contamos lo que no sabemos. Aunque parezca algo obvio, observa la sutileza del demonio mudo cuando consigue que llegues a un punto en el que no te evalúas a ti mismo. En el que no haces examen de consciencia.

Si nos preguntáramos más por el origen de nuestros fallos o hiciéramos más caso a lo que nos dicen los que nos quieren, quizá sabríamos más y podríamos hablar mejor de nosotros. Por eso el demonio trata de callarte. Intenta por todos los medios que pienses en ti solo para ti, de un modo egoísta, nunca con deseos de mejora.

Malamén, en estos casos te confunde haciéndote acudir a camuflar tus males silenciados con aquellas personas que son como tú, que callan para evitar auto evaluarse, dejando el camino limpio para que el demonio te enmudezca y te haga sufrir.

Por otra parte, también hay que destacar otro grupo de cosas que ocultamos a nuestro confesor o director espiritual: son aquellas que sabemos perfectamente que están pasando y nos negamos absolutamente a reconocerlas. 

Esta es la primera reacción que flirtean con el alcohol o el juego. Se niegan a si mismos lo obvio, por la acción del diablo, que están consumiendo o actuando indebidamente.

Son aquellos que son conscientes que necesitan ayuda sicológica para salir adelante pero su orgullo (ayudante del diablo) se empeña de impedir siquiera que cuenten su pesar a sus allegados.

También ocurre en los inicios de la infidelidad entre parejas de una forma más sutil. Es cuando el demonio mudo se empeña en camuflarte como correcto cuando un chico, que no es tu pareja, comienza a tontear contigo, con mensajitos a través de Whatsapp, llamaditas, un encuentro,…nada serio, tonteo… pero te gusta…y te enfadas con tu novio porque anda un poco mosca contigo (te ve un poco rara) y le reprochas que desconfíe de ti.

El cóctel en estos casos es explosivo: le engañas a él, al otro y a ti misma.

El autoengaño es un recurso habitual del enemigo.

Por último, hay otro engaño en el que caemos. Consiste en considerar que lo que te pasa no es importante. Confieso que cuando he leído el texto que ha inspirado este escrito, me he visto perfectamente identificado con esta mentira.

Es este tipo de inquietudes espirituales que te niegas a contar a tu director espiritual, confesor o tu pareja porque consideras que bastantes cosas tiene él en que pensar para que ahora vayas tu a contarle esa “tontería” que te turba.

Y hemos de ser consientes que si nos está quitando la paz no es ninguna menudencia, es otro mini éxito de Malamén.

Muchísimas cosas de las que nos preocupan están sólo en nuestra cabeza. En cuanto las contamos, vemos su justa medida y desaparecen. Casi siempre, al decirlas, tu confidente esboza una sonrisa o un gesto de paz que fulmina la inquietud y te llena de consuelo.

En definitiva, querido amigo, te animo a que lo cuentes todo. Por pequeño que sea. Por muchas razones que tengas para no hacerlo, cuéntalo, no dejes que se anote otra el enemigo.

Empieza a hacerlo ahora mismo: con Cristo, que te escucha, y es un buen médico del alma.

Cuéntalo todo. Descansa y déjate ayudar.

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Lázaro Hades.

Inspirado en la lectura de libro “Con Él”, autor Fulgencio Espa. Ediciones Palabra.

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4 pensamientos en “EL DEMONIO MUDO”

  1. Que sensación tan maravillosa me haces sentir cuando te leo,me voy tranquila y reconfortada. 🙂

    Dios te bendiga.

    Un cariñoso saludo. 🙂

    1. Gracias Belén. Tus animos sustentan gran parte la marcha de este blog haciendo sacar tiempo de donde aparentemente no hay para seguir editando.
      Gracias. Es Dios quien hace que te sientas tranquila y reconfortada cuando conseguir hacerte con su mensaje a través de mis palabras.
      Un abrazo.

  2. Lo bueno de la Fé es que rastrea a este enemigo….y cuando lo ve..es facil huir de él o combatirlo con la humildad….si que lo he visto dentro de mi….claro y ahora lo detesto a mi alrededor…lo malo es que campea que dá gusto….sobre todo en los ambitos religiosos…donde se encuentra con los que se creen convertidos!!!! uf..la oracion constante hace que huya rápidamente de ti pues la oracion hace que reconozcas sin miedo tu pecado y lo confieses publicamente. gracia Lazaro, estupendo como siempre.

  3. Por algo el evangelio le otorga al diablo uno de los atributos más grandes , remarcando así la importancia de su actuación. Lo llama “el padre de la mentira”

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