CON LA SENCILLEZ DE UNA PALOMA

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Hay gente muy complicada: supercomplicada, hipercomplicada, metacomplicada.

En general, suele ser agotador tanto para los que los sufren como para quienes los rodean.

La persona compleja y de buen corazón suele estar bastante acostumbrada a sufrir. Cuando algo malo sucede comienza a hacer hipótesis sobre lo que ha podido ocurrir, cómo se sienten los demás, qué es lo que se les pasa por la cabeza, qué pasará después… y no aciertan a encontrar consuelo en su complejidad.

Asimismo, juzgan de este modo sus propias decisiones: mientras toma una determinación, pondera si la contraria no será más adecuada… y, una vez tomada, no acaba de abandonar la idea alternativa.
Por ejemplo, si al ir al trabajo se topa con un mínimo atasco comienza a castigarse pensando que debía haber elegido otro camino, o haberse desviado a tiempo, o haber hecho uso del transporte público.

Ser enrevesado hace complejas las relaciones entre las personas porque la propia falta de sencillez se proyecta al prójimo. Se buscan con frecuencia dobles intenciones y es habitual encontrar insatisfacción con casi todo.
No hay nada perfecto para el hombre o la mujer compleja, porque portan consigo una inseguridad e insatisfacción que atraviesa todo su pensar y obrar.

La complejidad, por último, genera falta de sinceridad con los propios sentimientos. Tan pronto se está contento como triste; se pasa de un estado a otro sin solución de continuidad, cuesta aclararse con uno mismo.

El corazón de las personas complicadas llega a cansarse de sí mismas, y pueden incluso –en momentos de agotamiento– exclamar con cierta sensación de desolación: ¡es que no me entiendo!

«Mirad que os mando como ovejas entre lobos; por eso, sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas».

Esta es la primera consideración para nuestra oración: hay lobos que nos quieren hacer perder, y no siempre están lejos o fuera, sino muchas veces dentro de nosotros.
Pídele a Dios no tomarte muy en serio, para ser así sencillo como una paloma.

Para crecer en la preciosa virtud de la sencillez, es necesario evitar, en cuanto sea posible, ser enredadores. La persona enredadora es la que tiene siempre dobles intenciones y no es pura en su intención.
Son los que antes de pedirte un favor te preguntan qué vas a hacer por la tarde de modo que, en caso de responder «nada», vayas a quedar muy mal si no les haces el servicio que te piden.

Además, son personas que hacen uso más o menos implícito de los secretos de sus amigos, de modo que son capaces de disponer a unos a favor, a otros en contra… En este sentido, la persona complicada que no se reprime o no aprende a reírse de sí mismo puede llegar a ser un maquinador nato, amigo de pequeños círculos y de comentarios por lo bajo. En resumen, lo que toca, lo enreda.
Y ¿has visto la pena que da un pajarillo atrapado en una red?

La sencillez tiene mucho que ver con la verdad y la humildad: reconocer las cosas tal como son.
Ayuda mucho a ser sencillo hacer oración todos los días: hablar con Dios y confrontar con Él las cosas que nos pasan, dejarlo todo en sus manos, y pedirle que nos descomplique: ¡ayúdame Tú!

Jesús es muy comprensivo de nuestras cosas, y aunque en ocasiones no seamos ni de lejos capaces de comprendernos a nosotros mismos… Él siempre nos entiende.

En este sentido, es profundamente consoladora la ayuda del director espiritual o del confesor. Ellos tienen mucha experiencia, y conocen muy bien lo que les pasa a las personas: quitan hierro a las cosas, objetivan los problemas, los ponen en su lugar y escuchan nuestros desahogos.

Considera la idea de tener un buen director espiritual y recuerda que, como recomendaba san Francisco de Sales: «Debes poner en Él una confianza sin límites, unida a un gran respeto, de tal modo que el respeto no disminuya la confianza y la confianza no quite el respeto. Ábrete a él con el respeto de una hija delante de su padre, preséntate delante de él con la confianza de un hijo delante de su madre. Por decirlo brevemente: debe ser una amistad fuerte y dulce, santa, sacra, digna de Dios, divina, espiritual».

Y añade al final: «Te repito, pídele a Dios un director espiritual y, una vez que lo hayas encontrado, bendice a su divina majestad, acércate a él y no busques otros; y háblale con simplicidad, humildad y confidencia; así el tuyo será un viaje feliz ».
Con la sencillez de una paloma.

Lázaro Hades
Fuente: Con Él. Fulgencio Espa. Ediciones Palabra.
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5 pensamientos en “CON LA SENCILLEZ DE UNA PALOMA”

  1. Has dado en al diana con las tentaciones que he sufrido por algun tiempo..y que Gracias a Dios he visto….que tormento es complicarse asi la vida…la simplicidad ha sido fruto de la Oracion diaria y del amor que me ha rodeado…..pero estas hablando en toda tu entrada de mi experiencia! Gracias Lazaro

  2. HOLA SR. LAZARO! BUENOS DIAS… ES VERDAD TODO LO QUE PONE HOY EN EL BLOG. LASTIMA QUE NO HAYAMOS A NUESTROS DIRECTORES ESPIRITUALES, PUES ESTAN MUY OCUPADOS. POR ESO ORAMOS ANTE EL SANTISIMO Y A EL LE CONFIAMOS NUESTRAS COSAS; QUEDAN MUY POCOS OBREROS PARA EL TRABAJO… POR LO DEMAS, HA DADO UD. EN EL CLAVO COMO DICEN, PUES APARTE DE COMPLICADA SOY ANSIOSA; TRATARE DE REMEDIARLO. DIOS LO BENDIGA. SALUDOS!!

  3. SIMPLEMENTE EXCELENTE LÁZARO, ME HICISTE VER QUE SOY UNA DE ESAS DE PERSONAS HIPERCOMPLICADAS SIEMPRE PENSANDO EN LO QUE PODRÍA HABER HECHO O DICHO O CAMBIADO O, O , O….. VOY A PONER TODO MI EMPEÑO Y CORAZÓN PARA SER SENCILLA COMO UNA PALOMA…. PERO SAGAZ COMO UNA SERPIENTE…. GRACIAS POR ENCONTRAR SIEMPRE, UNA PALABRA DE ALIENTO…

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