LA VID, EL SARMIENTO… Y EL COCODRILO

8334927

Yo soy la vid; vosotros los sarmientos.

El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto

(Jn 15,1-8).

Seguramente te habrá ocurrido, que aunque hayas oído en muchas ocasiones la Palabra de Dios a través del Evangelio diario, sientas que en cada ocasión te está diciendo algo distinto aun con las mismas palabras.

En este caso, hablando de vides y de sarmientos, no caben muchas interpretaciones, Cristo nos está diciendo que a su lado recibiremos el alimento suficiente para dar frutos, para que nuestra vida florezca. El resultado es disfrutar de una felicidad que desconocemos desde el plano humano y que sólo a través de su presencia comenzamos a recibir y ser conscientes de estar disfrutándola.

El Señor ha de usar ejemplos muy gráficos para abrir nuestra mente y podemos caer en que la narración nos distraiga del verdadero significado del pedagógico ejemplo que utiliza para que lo entendamos.

Los que somos un poco torpes tenemos que leerlo dos veces, así que esa es la tarea de hoy.

Los sarmientos son esas ramas que salen de la vid o de cualquier otro árbol. Mientras están unidas al tronco permanecen vivas y pueden dar fruto ya que reciben el alimento que les llega desde las raíces a través de la cepa o el tronco.

Cuando un sarmiento no da fruto el agricultor lo separa del resto de la planta, porque, digamos, es malo para los demás. Algo ha debido ocurrir para que no fructifique esa rama. No le llegaba bien el alimento, se expuso demasiado al sol, o a la lluvía, o simplemente era más sensible que los demás y fue más vulnerable a alguna enfermedad común. Por ello, de no cortarla, habría perjudicado al resto de la planta y todos sus sarmientos.

Una vez separado de la vid, el sarmiento se seca por completo pues ya no recibe alimento alguno. Se convierte en un perfecto combustible para barbacoa y antes de desaparecer, consigue dar en forma de brasa un muy buen aroma a las parrillas.

Pero después, queda en cenizas. Desaparece.

Es fácil recurrir a eso que llaman sociedad de consumo cuando se trata de buscar una parábola de nuestros días para entender lo que Jesús nos quería decir en este mensaje.

Si Cristo nos tuviese que hablar a los discípulos de este tiempo, no menos tozudos que los de aquel, tendría que aprender a usar las redes sociales o abundar en ejemplos de costumbres de hoy para atravesar nuestros duros oídos.

En este caso, para hacernos ver qué significa permanecer en Él, a lo mejor recurriría a una marca comercial.

Imagínate una prenda de vestir. Sin ánimo de darle más publicidad que el uso que necesitamos para que nos sirva de ejemplo, vamos a escoger una marca que es conocida mundialmente, Lacoste, la del cocodrilo.

Cuando vamos a comprar alguna, la elegimos porque se trata de un buen producto, muy a nuestro gusto y nos cae bien. Todos afirmaríamos que la marca no nos importa, pero seguro que buscamos que esta se vea bien. Seguramente muchas prendas de la citada marca no se venderían tanto si no estuviese bien visible su pequeño cocodrilo en el pecho que pasean con orgullo los que las han adquirido.

Esto es así. El desarrollo comercial y de marketing nos ha llevado a interpretarlo de esta forma.

Ya no le llamas el jersey o la camiseta. Cuando te la pones, dices llevar “un Lacoste”.

Pero, ¿sería a misma prenda si le descoses el animalito?

La prenda sigue siendo la misma, pero si el cocodrilo no permanece en ella, deja de tener la vida que tenía. Para tí y para los demás. Ya no podrías presumir de marca, se quedaría en bonito jersey que acabaría siendo olvidado en el fondo de tu armario.

Jesús, en aquellos momentos previos a su marcha al Getsemani, apurando la cena, les estaba diciendo a sus compañeros de mesa que nunca dejaran de estar con él. Se preocupó de recordarles que, en caso de separarse, de dejar de recibir su alimento, dejarían de dar frutos.

En este caso, Cristo es como el pequeño cocodrilo de tela que da identidad al jersey, nosotros somos la prenda de vestir.

Permanecemos anónimos hasta que recibimos la identidad que nos da el animalito cosido en el pecho y dejaremos tener vida en el momento que nos separemos de él.

Cuando Jesucristo entra en tu vida, cuando sella tu corazón como el cocodrilo a la prenda,  dejas de llevar un jersey porque desde ese momento comienzas a vestir “un Jesús”.

Si repasamos lo vivido no nos costará afirmar que todos hemos tenido en alguna ocasión un encuentro con el Señor. Los acontecimientos, las personas, la vida interior… hay algún momento de nuestra vida que nos pone el sello, que nos marca para siempre.

A partir de ese momento, comenzamos a dar unos frutos que jamás daremos si nos quitamos su camiseta. La gracia recibida al vestir la marca Jesús es algo que te viste por completo y para siempre.

Hoy se nos habla en las lecturas de “hacer morada en Él“. Se trata de montar nuestra tienda de campaña en Jesucristo y decirle, “Señor, que me vengo a vivir contigo…”.

Es entonces cuando Él te sella, y tú presumes con orgullo ser de su equipo.

Yo quiero ser “un Jesús” esa prenda anónima cuya única identidad la da el sello que Él pone en tu corazón.

Es buen momento para mostrar el agradecimiento sincero a todos los que siguen el blog sus comentarios de apoyo y elogio a lo leído (el autor es humano y sin ellos cuesta seguir), pero es la mejor ocasión para recordar que no es importante la prenda, sino quien le da identidad, y ese no es otro que nuestro Señor.

Lázaro Hades.  (2012)

.

 

5 pensamientos en “LA VID, EL SARMIENTO… Y EL COCODRILO”

  1. Me gusta mucho la frase “Señor me vengo a vivir contigo”.Cuando te descuidas un poco y te separas de tronco por diferentes motivos,aparentemente justificables….no tengo tiempo ,llega un momento que necesitas asirte fuertemente otra vez,sabiendo que sólo de ese tronco viene la paz que buscas,y decir “Señor me vengo a vivir contigo”

  2. Me gusta la frase “Señor me vengo a vivir contigo”Cuando por diferentes motivos-no tener tiempo,por ejemplo-,te separas del tronco,al poco tiempo sientes una imperiosa necesidad de asirte fuertemente otra vez,y decir “Sin ti no soy nada”

Deja un comentario