LA PUERTA ESTRECHA

Doble_Puerta_de_Imaginarium

“Luchad por entrar por la puerta estrecha, porque, os digo, muchos pretenderán entrar y no podrán…” Lc 13, (22-30)

Será difícil que alguien no las conozca. He comprobado que tienen locales por todo el mundo.

Imaginarium son unos tiendas que venden juguetes muy originales en los que la creatividad tanto de sus creadores como la de sus compradores potenciales es la protagonista.

Su “target”, que es como técnicamente se les llama a los clientes a los que se dirige una marca, obviamente, son los niños.

Siempre que voy con mi hija pequeña a algún centro comercial en el que se encuentra una tienda de estas, es imposible pasar sin que antes entremos a verla, aunque solo sea por el simple hecho de entrar.

Y es que el primer reclamo que tiene esta tienda es la puerta.

Como hay dos puertas, una pequeña y otra grande, solo con eso, están provocando a los niños para que tiren con fuerza de ti para que ambos paséis por la puerta que corresponde: tú por la grande y ellos por la pequeña.

Ahora bien, si mi hija me pidiera entrar por la puerta pequeña, me estaría pidiendo algo poco menos que imposible.

El esfuerzo que tendría que hacer yo para pasar por esa puerta sería ímprobo, pero solo con hacerla a ella feliz me arrastraría ante todas las personas del centro comercial para pasar por ese espacio tan pequeño.

Lucharía por entrar por la puerta estrecha…

Le preguntaron: “Señor, ¿qué hay que hacer para salvarse?”

Y hoy, Él respondería: “Pasar por la puerta pequeña del Imaginarium”

Con lo que le gustaban a Jesús las parábolas, estoy seguro que en este tiempo y ante esa pregunta contestaría poniendo esta comparación.

Es fácil entender qué significa lo que está diciéndonos hoy en el Evangelio.

Imagina que estás en la puerta de esta tienda con tu hija agarrada a tu mano llorando desconsoladamente.

En esas que llega tu esposa y te pregunta por el motivo del “rechinar de dientes” de la pequeña.

Tú le contestas, con tu habitual “amabilidad” en estas situaciones límite: “¡la niña, que se ha empeñado en que entremos a la tienda!!”

Mi mujer asombrada ante mi reticencia: “Pues entra, si ella solo quiere que entréis para mirar las cosas que hay dentro, no quiere que le compres ningún capricho”

Y yo: “Sí, pero es que dice que tenemos que pasar los dos ¡¡por la puerta pequeña!!. Con lo fácil que es entrar por la puerta grande…”

Pues de eso se trata el mensaje de hoy.

Que lo aparentemente  fácil es pasar por la puerta grande.

Que nos confiamos en que podemos pasar por ahí al Reino de Dios con toda la tranquilidad

Que creemos que a la medida de esa puerta tenemos que diseñar el camino.

Imagínate que vas llevando tu vida por una cómoda autopista de peaje y no tienes en cuenta que llega un punto donde debes pagar por ese tránsito.

El camino puede haber sido muy placentero pero cuando llegas ahí lo primero es que te tienes que encajonar en los estrechos puntos de pago a los que se tienen que adaptar todos los coches, y lo segundo, es que hay que llevar algo encima para pagar el peaje

Es entonces cuando piensas que lo mejor habría sido pasar el mismo camino pero por la otra carretera alternativa, que aunque con más curvas y en peor estado, te llevaba al mismo sitio sin tener que pagar ese duro peaje.

El camino, que es la vida que estamos viviendo, está lleno de espinas, de socavones, de piedras… y nosotros vamos descalzos.

Pero el premio es grande.

Cuando lleguemos a la puerta de la “tienda” de Dios, puede que nos demos cuenta que la puerta grande solo la abren para los toreros que triunfan y que nosotros la encontremos cerrada.

Cerrada porque durante nuestra vida nos hemos dedicado dejarnos llevar por la corriente en pos de una comodidad que da unos frutos demasiados efímeros.

A mi se me hace fácil entender entonces porqué el Señor me pone delante mis sufrimientos y mis pesares. Aunque me doy cuenta que mis quejas son tan ridículas que no me queda otra que avergonzarme ante un Dios que conoce todas mis miserias.

Esta mañana acabo de leer en el periódico que ayer murió un chico que llevaba 23 años en coma. Ése sí que ha sido un verdadero camino estrecho, pero seguro que ha podido entrar con holgura por muy pequeña que fuese la puerta.

Está claro que el camino lo podemos ensanchar como queramos. Podemos diseñar nuestra vida, aún con la mirada puesta en Dios, con toda la suavidad que permite la libertad que el Señor nos ha dado para vivir nuestra fe.

Pero cuanto más ancho lo hagamos más trabajo nos va a costar pasar por la puerta pequeña de la tienda.

Y eso es lo que Jesús nos vuelve a recordar hoy: “luchar por entrar por la puerta estrecha…”

Una última reflexión sacada de los Evangelios que estamos leyendo estos días.

En todos se deja claro que Jesús va camino de Jerusalén.

Se comenta que va pasando por pueblos en los que va curando a un ciego, a una mujer encorvada… y cada vez le sigue más gente en su camino a Jerusalén.

¿Sabían ellos a dónde iba Cristo cuando se dirigía a Jerusalén?

No. Ellos no.

Pero nosotros ahora sí lo sabemos.

Jesucristo se dirigía a su Pasión. Iba a que lo mataran por todos los que le seguían y le seguirían a lo largo de los años.

Ahora ya lo sabemos.

Si seguimos a Cristo sabemos que, como Él, ese camino lleva una pasión que sufrir, para morir y vivir plenamente.

La recompensa es grande.

No lo he probado, pero llegar a pasar por esa puerta pequeña, aunque sea reptando, y ver a mi hija orgullosa de su padre al otro lado, debe ser muy gratificante.

Pues imagínate cuando estemos ante la puerta de la Vida…

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Lázaro Hades

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(OCTUBRE 2012)

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