NUESTRO CAMINAR POR EL DESIERTO

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Puede que en algún momento de tu camino hacia Dios hayas tenido la sensación de estar caminando perdido en un desierto.

Se trata de saberse en una situación en la que ningún camino parece conducir a destino fértil sino que todo se pierde en un mar de dudas. Tantas como granos de arena en un desierto.

Son momentos de debilidad en los que el diablo hace su agosto y a través de confusas señales y sensaciones constantes de tristeza, desánimo y desaliento consiguen enrarecer nuestro encuentro con Dios.

Recurrí estos días a las referencias al desierto en las Escrituras.

A pesar de que la me más conclusiones me ha generado ha sido volver a leer el pasaje de las tentaciones del diablo a Cristo tras permanecer en el desierto durante cuarenta días antes de iniciar su vida pública, me voy a quedar con la referencia de Juan Baustista.

Juan era un sacerdote rural, hijo de Zacarías, (que era muy inquieto porque aún en el vientre de Isabel, su madre, ya saltaba ante a presencia de la Virgen) que abandonó sus obligaciones en el templo, alejándose de Jerusalén para adentrarse en el desierto buscando silencio y soledad para escuchar a Dios.

En nuestro desierto uno parece caminar por un sinfín de dudas y contradicciones, por un camino que no parece tener ruta definida, en los que el consuelo de los demás no es suficiente para nuestro desconsuelo interior… Es en estos momentos en los que aún más hay que confiar en el Señor, es el momento de abandonarse.

No podrías salir de un desierto sin ayuda de alguien que te marque un rumbo de salida.

Es el momento de pensar que es necesario realizar esta travesía para “preparar el camino del Señor; allanar sus senderos; elevar sus valles para que desciendan sus montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale…y todos verán la salvación de Dios” (Lc 3, 1-6)

Esas palabras pronunciadas por Juan el Bautista hace 21 siglos sirven perfectamente para dar respuesta a estos momentos de incertidumbre de nuestra vida.

Si eres consciente que estás atravesando un desierto en tu interior, prepárate para ello y afróntalo con la solvencia que te da el saberte de la mano de Dios que te llevará durante este tiempo. Mientras, toma nota de algunos consejos para llevarlo de la mejor manera posible.

En el desierto poco necesitas para vivir más que pan y agua. Elías, el profeta, se daba por vencido cuando hastiado pedía al Señor que acabase con su vida, y el ángel le proporcionó un paz capaz de hacerle resistir 40 días más hasta llegar a su destino. El destino que Dios tenía preparado para él.

Dios dio de comer y de beber al cansado Elías cuando todo lo daba por perdido. Nosotros también sabemos dónde se encuentra cada día ese pan y ese vino que Jesús comparte con nosotros desde la última cena que celebró con nosotros en la tierra.

Comiendo y bebiendo del Señor disiparemos tormentos y dudas, no sin antes atravesar 40 días de duro tránsito.

También hemos de buscar los aspectos positivos que obtendremos tras un paso por el desierto. Viviremos momentos de silencio en los que será más fácil escuchar a Dios.

Ese silencio, la soledad que nos invade, es una buena oportunidad para un búsqueda de un Dios personal.

Son momentos para despojarse de ese Dios que a lo largo de un tiempo hemos ido adornando con prejuicios, con lo que otros nos fueron diciendo de Él, de recuerdos de la infancia o experiencias religiosas negativas, para llegar a una relación con Dios más madura.

Al ser un encuentro a solas con Él, no hay otra cosa que distraiga tu atención en torno a tu religiosidad, aunque en ella intervengan de manera muy decisiva y afectiva, este trance es buena ocasión para encontrarse a solas con Dios sin la ayuda de nuestro sacerdote preferido, nuestra parroquia, nuestra fraternidad… Es un proceso temporal que genera una experiencia personal entre Dios y tú.

Dios se deja encontrar para aquellos que lo buscan.

Quien no busque a Dios en su interior es dificil que lo encuentre fuera. Aunque al buscarlo dentro de nosotros encontraremos miedos, preguntas, vacíos, deseos…no importa. Dios está ahí. Él nos ha creado con un corazón que no descansará si no es en Él.

A veces es el miedo a encontrarnos con Dios lo que nos impide avanzar por el desierto, porque hay muchos que temen sus juicios y sus posibles castigos. No terminan de creerse que Dios es solo amor, infinitamente misericordioso. Hay que actuar con confianza y nunca sentirse “mal cristiano” y con miedo a un encuentro personal con Él.

Por último, hemos de reconocer por experiencias a lo largo de nuestra vida, que Dios nunca nos deja solos; aunque estemos haciendo un recorrido propio acorde a nuestras circunstancias, Dios nos acompaña a todos, no abandona a nadie, y menos cuando se encuentra perdido.

Lo importante es no perder el deseo humilde de llegar a Dios. Abrirle caminos en nuestra vida propia, aunque lo único que podamos ofrecerle sea nuestro deseo de encontrarnos con Él.

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Lázaro Hades.

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4 pensamientos en “NUESTRO CAMINAR POR EL DESIERTO”

  1. Muchas gracias Lázaro por la entrada de hoy… ha sido un empujón de confianza.
    ¡Qué pase lo que pase que no me suelte de TU mano Señor! ¡Qué a persar de los contratiempos que surjan, que confíe en Ti Señor!, ¡Qué acepte el plan que me tienes preparado! ¡Gracias, gracias por todo lo bueno que me das cada día, que es mucho Señor, y a veces no lo veo!

  2. Lazaro, confirmo tu escrito con mi testimonio: hace 37 años, estaba perdida. sin rumbo, triste.mis circunstancias personales me llevaron al limite, fue entonces cuando unos hermanos reunidos en oracion con Fe oraron al PADRE por mi, yo experimente a traves de ellos que algo fuerte entraba en mi, fue un encuentro personal con el Espiritu Santo, yo abri mi corazon para dejarlo entrar, desde entonces todo cambio para mi, era guiada y lo soy por la Palabra de Dios, intento ponerla en practica, me ha ayudado tanto y he podido ser instrumento de ella en el mundo, doy gracias al SEÑOR porque como dice en Apocalipsis: “Yo estoy a la puerta, si abres entrare y cenare contigo”, eso hice y eternamente dare GRACIAS por ello.Siento como se vive dando tumbos, sin rumbo, vacios, pero como dices si somos humIdes y clamamos El se encontrara con nosotros,hay que estar atentos a las señales que vienen de acontecimientos en apariencia casuales, sabemos que EL esta ahi para iluminar nuestro camino y llevarnos a la Tierra de leche y miel que nos prometio, !ALABADO SEAS SEÑOR”, BENDICE A LOS QUE TE SIGUEN CON LIMPIO CORAZON !.

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