LA RESPUESTA A NUESTRA BÚSQUEDA

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…se enteró el tetrarca Herodes de todo lo que pasaba, y estaba perplejo; porque unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos; otros, que Elías se había aparecido; y otros, que uno de los antiguos profetas había resucitado. Herodes dijo: «A Juan, le decapité yo. ¿Quién es, pues, éste de quien oigo tales cosas?». Y buscaba verle. Lc,9 (7-9)

 

Imagínate si hubiese ocurrido en este tiempo. Las redes sociales echarían humo.

La vida pública de Jesús estaba alcanzando fama solo con el boca a boca que era el “twitter de la época”.

Este Herodes del que hoy nos habla el Evangelio es Herodes Antipas. Es el hijo de Herodes el Grande, el que encargó asesinar a los inocentes de Belén.

De casta le viene al galgo. El hijo tenía las mismas malas artes que el padre. Mandaba en en Galilea  y Perea y se casó con su sobrina Herodías, después que esta estuviese casada con el hermano de Herodes. En fin, un lío.

Lo cierto es que, según cuentan los evangelios, dejándose llevar por lo que le decía su esposa y por su mala idea, fue quien ordenó decapitar a Juan el Bautista.

Andaba mosqueado porque pensaba que este Jesús del que había oído hablar por sus milagros, era el Bautista resucitado, por eso “buscaba verle”.

En Lucas 13, 31-32, aparece de nuevo Herodes buscando a Jesús. ¡Y cómo me gusta la respuesta que le dió el Señor! (perdón Dios mío si me alegro cuando no debo, pero es que le diste una respuesta…)

En ese momento llegaron unos fariseos, y le dijeron a Jesús:

-¡Huye, porque el Rey Herodes Antipas quiere matarte!-

Jesús les dijo:

-Vayan y díganle a ese zorro que hoy y mañana estaré expulsando demonios y curando enfermos, y que al tercer día ya habré terminado.

En una ocasión, cuando iba a entrar a Misa, alguien desde lejos y escondido dijo refiriéndose a mí en tono despectivo y provocador: “¡ahí va el Beato ese!”. 

Me detuve por un momento en la misma puerta de la iglesia, pues no me terminaba de creer lo que estaba oyendo, pero no me gire.

Me hubiese gustado mandarle a algún fariseo a decirle “mira, hoy y todos los días, vengo aquí a alimentarme del Señor…busco la santidad, pero hombre, beato, beato…todavía me falta”

Me habría quedado a gusto con algún sarcasmo inspirado en el pasaje explicado por Lucas, pero seguí mi camino orgulloso de que del otro lado me llamaran “beato”.

Pero como Jesús ante Herodes durante la Pasión, no le dirigió palabra alguna en ese momento mientras este seguía “esperando alguna señal o milagro” (Lc 23, 8-12).

Siempre ha habido curiosidad por Jesús. Bien sea por parte de sus seguidores o también por los que están en contra, como mi amigo “el beatificador”.

En el mundo de hoy, si lo vieran por la calle, muchos se pararían a pedirle un autógrafo, pero no se interesarían por su mensaje.

También muchos buscan lo maravilloso y milagrero, cosa que no gustaba nada a Jesús: “esta generación malvada pide señales…”.

Para otros Jesús ni existe. Otros le consideran un “superstar”, otros un personaje de libros…

Sólo los que se acercan a Él con humildad, con fe y sencillez de corazón logran entender su identidad como enviado de Dios y su misión salvadora.

Tu y yo somos de estos. Pero…

¿Ayudamos a otros a enterarse de toda la riqueza de Jesús?

Son muchas las personas, jóvenes y mayores, que también en nuestra generación “desean ver a Jesús”, aunque a veces no se den cuenta a quién están buscando de verdad.

Siempre se nos está invitando a los cristianos a formarnos y formar a nuestros hermanos cristianos.

Debemos dar testimonio, con nuestra vida y nuestra palabra oportuna, de que Jesús es la respuesta plena de Dios a nuestras búsquedas.

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Lázaro Hades

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