LAS CARENCIAS DE NUESTRO INTERIOR

A 8940

Se nos está acabando el verano, periodo vacacional en el que a buen seguro nos habrá quedado algún tiempo para mirar un poco nuestro interior.

El exterior ni mencionarlo, más si cabe en un día como hoy, en el que Jesús, en el evangelio, sigue abroncando a los fariseos por su hipocresía:

“…por fuera tenéis buena pinta, porque parecéis justos en vuestro obrar, pero por dentro sois huesos y podredumbre, oléis tan mal como el peor de los sepulcros, porque estáis llenos de hipocresía y crímenes…” (Mt. 23, 27-32)

Jesús describe muy bien la actitud de los fariseos, tan bien que hoy en día, se utiliza el mismo término, “fariseo”, cuando quieres definir a un hipócrita.

Lo natural al oír estas acusaciones de Jesús es cuanto menos, estremecerse. Acto seguido, pensarás que no van contigo estas palabras, que tú no estás podrido por dentro como más o menos señala hoy el Maestro a los que les habla.

Con más frecuencia de la deseada nos ocupamos de nuestro aspecto exterior, descuidándonos por dentro.

Maquillamos con tanta estridencia nuestra fachada como los protagonistas de la imagen del día. En ocasiones necesitamos hacer lo mismo que estos guerreros que disimulan con pinturas su aspecto facial para no dejar al descubierto el pánico que uno debe sentir al enfrentarse a un león con más armas que una lanza. Y no me hace falta pensar en una tribu africana para hacer este simil pues ya quisiera yo contar con ese maquillaje en ocasiones para luchar con “los leones” de mi día a día.

Con ese enmascaramiento presentamos una versión incompleta de nosotros mismos, pues debería ser el brillo de nuestro interior lo que deslumbre a los demás. No siempre lo conseguimos (yo creo que pocas veces lo hacemos), por eso hoy toca mirarnos por dentro.

Pero nos vamos a observar haciendo un poco de autocrítica. Sin flagelarse, pero con capacidad de análisis. No es necesario sacar todo lo que llevamos dentro y multiplicarlo por dos, solo basta con mirarnos un poco con humildad.

Una de las cosas que puede desasosegar más es la certeza, la evidencia, de nuestras debilidades, de nuestra falta de iniciativa y, a veces, de algo más doloroso aún, de nuestros fracasos.

Eso es algo que humilla y mucho, porque es constatar que donde debía haber habido correspondencia, no hemos estado a la altura, que donde teníamos que superar una tentación, hemos caído… y tantas otras situaciones en las que a poco que nos analicemos nos cercioramos de errores cometidos.

Pero tenemos que ser conscientes que somos frágiles.

Que la vida de un cristiano está continuamente sometida a pruebas que se escapan de nuestra razón es algo que podemos constatar los que tenemos a Dios en el centro de nuestras vidas. Pero saber que esas tribulaciones forman parte de esa formación a la que el Padre nos somete nos hará más fuertes.

No debemos ser tan incautos como para dejarnos aplastar por los errores cometidos, por los fracasos, reales o imaginarios. A veces, cuando descubrimos nuestros, nos estancamos en aquella máxima del cristiano de a pie: “no estoy a la altura de lo que Dios quiere de mi…”. 

Nos instalamos en una posición de desconsuelo tal, que ni siquiera dejamos que Dios venga a reparar las goteras de nuestro interior.

Hablando de escapes de agua, esto sería como descubrir en casa una tubería que está rota dejando salir el agua y en lugar de llamar al fontanero, dejamos que la casa se inunde lamentándonos de nuestra mala suerte o nuestro mal obrar por no haber realizado las labores de mantenimiento necesarias para que no ocurriese tan desgraciado percance.

O lo que es peor, que el fontanero sepa que tienes esa fuga, que esté pegando en tu puerta y tú no le quieras abrir porque te da vergüenza que descubra que eres un desastre.

Eso es lo que nos ocurre con Dios a menudo, que ni siquiera le dejamos que pase a nuestro interior a hacernos una “puesta a punto”.

¿Cuándo nos daremos cuenta que Dios nos conoce y, a pesar de todo, nos ama, y por eso apuesta tan fuerte por nosotros?

Tenemos muchas carencias. Constatarlo es ya un camino para salir de ellas.

En ocasiones, el Señor permite ver, con crudeza, los propios errores, los propios pecados, los propios fracasos.

Y eso, no cabe duda, causa un dolor grande: «yo, Señor, que quiero darte lo mejor, yo que quiero estar disponible para que saques lo mejor de mí, yo que quiero ser un instrumento apto para llevarte a tantos corazones, soy un obstáculo, o veo en torno a mí tantos obstáculos que siento con crudeza la tentación de la oscuridad y el desasosiego interior».

Bien, pero, al mismo tiempo que esto ocurre, sabemos que Dios es muy consciente de ello, es más, a veces lo permite para trabajar el alma y hacerla fuerte, para que nos demos cuenta de que hay que ser sencillos, humildes y discretos, buscando un ritmo: el de Dios.

Dale gracias cuando veas tus tonterías, en primer lugar, porque te ha dado la luz para verlas y, después, no quieras pactar con ellas, lucha, que Él te dará la gracia para superarlo.

Luego, con mucha tranquilidad, seguirás construyendo en tu alma y en la de los demás, pero a su dictado, sin poner de tu cosecha nada más que lo que Él quiera.

De esta manera, te darás cuenta de que tus carencias se han convertido en camino para ir haciendo aflorar los logros que Dios va a conseguir contigo.
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Lázaro Hades

Gracias Dios mío por tu amor infinito.

Toda una vida se me hace pequeña para agradecerte el enorme favor que me has hecho a elegirme discípulo tuyo.

3 pensamientos en “LAS CARENCIAS DE NUESTRO INTERIOR”

  1. Gracias SEñor porque contestas mis oraciones.Gracias Señor porque cuando invoco tu nombre me sanas.Gracias Señor por la fuerza que recibo en cada Eucaristia. Gracias Señor por llamarme para formar parte de tu pueblo de Amor, Perdon y Misericordia. Gracias Señor por la vida que me has regalado y las enseñanzas que he recibido a traves de las personas que has puesto en mi camino.Gracias Señor porque has llenado mi vida y cada dia me muestras el camino.!GRACIAS! NO NECESITO NADA MAS SOLO TU ME BASTAS.

  2. A veces estoy consciente de mis propios errores, mis propios pecados, mis propios fracasos.
    Siempre estoy llena de dudas, de si hago las cosas que Dios quiere de mi.
    Sé que tengo que ser sencilla, humilde y discreta, y sin poner de mi cosecha, nada más que lo que Él quiera.
    ¿Cómo poder distinguir entre lo que Dios quiere y lo que a mi se me pasa por la cabeza?. Nunca sé cuando es inspiración divina y cuando no lo es.
    Lo único que quiero es hacer su voluntad.
    En cuanto a tus escritos me he llevado una sorpresa.
    Acabo de leer algo que me gustaría que leyeras tú también.
    Quizás esto explique mejor que yo misma, mi forma de proceder. Sólo son dos lineas de un libro
    “…puede inducir a muchos a temerle pero no a amarle, y al Amado sólo se puede llegar por el amor.”
    Sólo me gustaría que la gente sienta el MARAVILLOSO amor de Dios. Si se utilizan palabras inadecuadas con personas que todavía no están convencidas, que no ponen un pie en la casa de Dios, o que si entran en una Iglesia todavía no han llegado a entender para qué se va ahí, con gente que sólo tienen ídolos mundanos, sería como darles con la puerta en las narices, cerrarles las puertas antes de entrar. Y el Reino de Dios es para todos, no sólo para los veteranos, para los entendidos. Así nunca conseguiremos que entren en la casa de Dios, ni en comunión con Él, sólo será para nosotros en exclusiva. Dios no quiere eso, seguro!
    Yo misma, si no hubiera contado con el amor, el perdón y la comprensión, hoy no estaría hablando de esto.
    Abramos las puertas a todos, con alegría!, sin reproches, sin palabras hirientes. No todos pueden, ni quieren, soportar cosas de las que el mundo está lleno.
    Seamos dulces, mansos de corazón, llevemos la Buena Nueva, siendo sinceros, comunicando ese
    DIOS-AMOR.
    Para crueldades… ya está el resto.
    Con humildad y mi mejor intención, también con cariño.
    Lázaro me has enseñado MUCHÍSIMAS cosas positivas.
    Gracias por todo.
    Y esperando a que Dios perdone mis TONTERIAS, que sin dudarlo serán muchas.

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