SENTIRSE HUMILLADO, PROVOCADO…

burlas

El pecado es la desobediencia voluntaria y consciente a Dios.

Leyendo hoy esta definición me ha quedado muy claro que el hombre es quien tiene siempre la última palabra a la hora de decidir entre hacer el bien o el mal.

Parece algo demasiado lógico para siquiera plantearlo, pero no por obvio es menos cierto que en muchas de nuestras acciones en las que el camino elegido no es el del bien, tratamos de buscar otros responsables de nuestras acciones: provocaciones, tentaciones, desenfreno, temeridad, desconocimiento…

Todos los pecados están de algún modo resumidos en los siete pecados capitales. Cada falta cometida tiene de su raíz en alguno de ellos: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia o pereza.

Si te das cuenta, cada uno de esos pecados capitales acaba llevándote a una situación peor que la inicial y esto hace que tu pecado se multiplique.

En muchas ocasiones me he puesto a repasar esa lista de pecados y en algunos casos hasta me preguntaba que por qué llegaban a tener la categoría de capitales

Ten en cuenta que mi análisis es muy sencillo, el propio de un cristiano de a pie, y por ello yo me preguntaba que por qué era un pecado capital la pereza con lo que me a mi me gusta dormir y ni te cuento con respecto a la gula, teniendo en cuenta mi afición por los dulces.

Pero basta con pensar las consecuencias fatales a las que te puede llevar la gula por la bebida para darte cuenta del enorme mal que en ti puede generar pecar de esta manera.

Igualmente la pereza nos conduce a actuar de una forma irresponsable en cuanto a nuestras obligaciones, no solo profesionales sino también morales, que hacen que tu propia conducta sea la que te esté generando estados de depresión o ansiedad por tu falta de iniciativa.

Tenemos que tener claro que al caer en alguno de estos pecados capitales no solo se tratará de un daño moral sino que este acarreará un daño físico en la mayoría de los casos.

Por ejemplo si ante una provocación te dejas llevar por la ira, esta te va a conducir a un estado en el que será más difícil controlar tu calma y en caso de perderla acabarás devolviendo al provocador la misma dosis de medicina que él te dio. Esto te llevará a discusiones mayores que en «el mejor» de los escenarios «sólo» acabará en una pelea.

En el peor de los casos la ira, por ejemplo entre naciones, desencadena guerras como tantas que conocemos. Especialmente en estos días, vivimos con mayor intensidad el conflicto en Siria por el que el Papa Francisco nos ha citado a todos para ayunar y pedir juntos el próximo sábado día 7 de septiembre en favor de la paz en esa zona.

A veces tú eres la víctima de esta ira de otra persona y no sabes porqué está centrando las provocaciones sobre ti.

Te preguntas que cuál es la prueba a la que te está sometiendo Dios con esto, pues tú no has hecho nada para merecer tal humillación.

Te provocan con insultos, burlas o con gestos que hacen que la ira esté llamando a tu puerta para que le abras y dejarla que entre hasta la cocina. Si lo haces es cuando ya no tendrás la capacidad de decidir entre hacer el bien y el mal.

Y esa capacidad de decidir es la que nos hace fuertes ante el diablo y sus tentaciones.

San Pablo decía en su carta a los romanos que «no te dejes vencer por el mal, sino vence al mal con el bien».

“Esto es muy fácil decirlo Pablo, pero es que algunas veces me sacan de mis casillas”, diría yo.

Y el de Tarso me respondería: «pues si a ti te sacan de tus casillas imagínate a los cristianos de Roma, que tenían que soportar ser perseguidos sufriendo ser segregados, desterrados, torturados y castigados con la muerte».

Y esto lo decía San Pablo porque sabía el valor que tiene soportar estas humillaciones a los ojos de Dios.

Puede que Dios esté preparándote para mayores envites cuando sientas pequeñas humillaciones en tu trabajo, en tu casa o en tu quehacer diario. Sentirás impotencia pues sabes que no son justas a los ojos de los hombres pero quizá si lo sean a los de Dios.

Puede que esos periodos de escozor interno que sientes cuando alguien está pisando tu orgullo y nadie sale en tu defensa, te estén sirviendo para desenvolverte mejor en situaciones futuras que Dios ya tiene preparadas para ti.

Es como si se tratase de una clase magistral que el Señor te está dando pues entiende que ya has madurado en tu fe lo suficiente como para poder soportar estás lecciones que te harán crecer.

Cuando mis padres me enseñaron a conducir en bicicleta me iban sosteniendo por detrás mientras yo pedaleaba. Con esa seguridad me sentía firme hasta que un día mire hacia atrás y allí no había nadie sujetándome…al comprobarlo, me caí.

De no ser por ese primer tortazo no me habría dado cuenta que yo solo ya podía hacerlo.

En ocasiones me parece que ante situaciones que yo considero injustas por insultos, discriminaciones o falsas acusaciones, Dios no está cerca de mi para sostenerme…

Y lo está, hace tiempo que me dejó pedalear solo, ahora se dedica a ayudarme a levantarme cuando me vuelvo a caer. 

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Lázaro Hades.

Gracias Dios mío por tu amor infinito.

Toda una vida se me hace pequeña para agradecerte el enorme favor que me has hecho al elegirme discípulo tuyo.

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4 pensamientos en “SENTIRSE HUMILLADO, PROVOCADO…”

  1. Nuevamente uno de tus artículos me ha removido interiormente y me ha hecho y me hace reflexionar sobre lo que tú llamas: pereza moral.
    La verdad es que nunca me lo había planteado tan claramente.
    He releído varias veces tu reflexión y creo que debo intentar poner solución a una de tantas carencias que tengo.
    Gracias y un abrazo.

  2. ¿Quien no ha sido presa de estos pecados?, en mi caso la IRA o la PEREZA tal vez?, pero segun vas madurando en la FE, sientes que estos te dañan y luchas por apartarlos, pero solo con la ayuda de DIOS podras, solo nunca, son causa de grandes males del mundo,gracias porque CRISTO ha sido mi maestro.AMEN

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