SI TIENES LO QUE HAY QUE TENER…DÁMELO

AMOR DE PADRE

A ver si me escucháis bien: al que tiene se le dará, al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener.

Lucas 8, 16-18

¡A ver si estamos en lo que hay que estar…!

¡Niños atentos…!

¡Un poquito de atención por favor…!

Algunas veces resulta comprensible que Jesús pierda la paciencia con sus seguidores porque tanto aquellos como los de hoy, como dicen en mi tierra, “tenemos un rato de faena”, es decir, que somos un poquito complicados.

En ocasiones Dios tiene que andar llamando nuestra atención como puede para que nos dispongamos a oírle e hizo muy bien en pasarlo a limpio Lucas cuando nos lo dejó escrito en este capítulo del Evangelio.

¡A ver si me escucháis bien!

…al que tiene se le dará, al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener.

Pues yo no me entero.

El que tiene, ¿qué? ¿Qué es lo que tengo que tener, que si lo tengo, El me va a dar más?

Y, ¿qué puedo tener yo?, que dice que si lo tengo, me lo va a quitar…

Madre mía, ¡que lío!

Mi hija tiene 7 años, el otro día me contaba que su compañero Alfonso se distrae mucho en clase, que cuando hace una suma y “la Seño” se da la vuelta comienza a meterse el lápiz en la boca y dar patadas con las piernas. Y al final de la clase, se tiene que quedar sin recreo porque no le ha dado tiempo hacer toda la hoja y entonces se pone a llorar y patalear…

Osea, como nosotros, ¿no?. Es todo cosa de niños.

Nos distraemos tanto o más que Alfonso. Hacemos un poquito de oración, un par de semanas yendo a Misa, alguna visita piadosa a la iglesia, una oración rezada con devoción, una novena para pedir un favor… Pero terminamos “esa suma” y nos ponemos a otra cosa. Vamos que no nos metemos el lápiz en la boca porque no lo llevamos encima, que si no…

Pero sí nos distraemos con “otras cositas” que enseguida nos satisfacen y nos cansamos de eso de hacer religión, que eso es muy lento y tarda mucho en dar frutos. Con lo bien que sienta una buena ración de placer...

A veces nos engañamos a nosotros mismo cuando tras un periodo de zozobra anímica o física nos convencemos diciendo: “a mi lo que me hace falta son unas buenas vacaciones, un fin de semana en un hotel con un Spa, la playa, desconectar…”

Como si eso no se acabara. Es obvio que necesitamos periodos de descanso y regalarnos ciertos placeres. Son necesarios si sabemos evitar “ser sirvientes” de esos placeres, como Jesús nos advierte en el Evangelio afirmando que no se puede servir a Dios y al dinero al mismo tiempo.

Cuando “tienes” eso que crees que es algo que te llena, esas cosas no siempre materiales pero sí efímeras en su generación de placer, piensas que ya es suficiente y por supuesto, tremendamente más efectivo que cualquier dedicación al lento desarrollo de una fe, que para que esté en su punto, debe cocerse a fuego lento.

Eso es a lo que se refiere Jesús cuando nos advierte que nos quitarán hasta lo que creemos tener. Es muy razonable. Seguro que ya, a lo largo de nuestra vida, hemos podido comprobar que alguna de esas satisfacciones que creíamos nos llenaban y que eran suficientes, ya han desaparecido: amistades interesadas, puestos de poder, excesos con la comida o la bebida, placer por placer… (puedo seguir sacando la lista de los pecados capitales y aplicar sus consecuencias a mi mismo)

Y ¿qué es lo que hay que tener?.

Pues está claro que es amor.

Eso es lo que hay que tener. A eso se refiere Jesús hoy cuando te dice que lo escuches bien.

Pero si lo tienes, no te lo quedes. Tienes que darlo a la más mínima. Dios te está animando hoy a ello. A que demuestres que lo tienes.

No te lo guardes. No se lo des solo a los que están acostumbrados a recibirlo.

Hay personas que son introvertidas, que custodian sus sentimientos con demasiado celo y que para demostrar un poco de amor de forma gratuita se lo piensan dos veces. No porque no lo tengan, son portadores de amor de calidad pues lo tienen muy cuidado, pero se han ganado por méritos propios esa fama de raro y desabrido que a la hora de dar el paso se lo piensan dos veces y si un lunes por la mañana rompen deseando a un amigo que tenga una buena semana, este se vuelve a mirarlo con unos ojos como platos exclamando: “¡mira este!, si hasta tiene sentimientos…”

A otros es al contrario. Dios les dio el don de poder expresar su amor de forma generosa y natural. Deben ser conscientes de ello y labrar ese regalo divino. Si tienes naturalidad para expresarlo, no dejes de hacerlo.

Son estos dos ejemplos -quizá muy infantiles pero fue Alfonsito el que hoy me inspiró- para buscar en nosotros si tenemos o no tenemos eso que hay que tener.

Cuando Alejandro Magno alcanzó sus últimas victorias en la India, estaba del todo convencido de que más a oriente no había nada. Pensó que había conquistado el mundo entero… y rompió a llorar.

Le preguntaron: la reacción era extraña; había ganado la batalla…

Y contesto: Lloro porque ya no hay nada más que desear.

El corazón nunca deja de desear: si fuera así, significaría que ha caído en depresión o que ha dejado de ser un corazón humano.

A los cristianos se nos llama a algo que nos cuesta entender a los más torpes como yo: la santidad. Dicen que tiene que mucho que ver con todo esto: consiste en desear el Bien, desear el Amor; no cansarnos nunca en la reconfortante tarea de amar siempre de nuevo, aunque cueste, cada instante, cada día.

Un buen ejercicio para entrenar nuestro amor, es buscar un ejemplo cercano. Mira a tu alrededor, ¿cómo quién deseas amar?

Si miramos hacia arriba tenemos un referente claro cuando se trata de perdonar y de amar. De ahí proviene un amor que permanece y que si lo dejas hacer dentro de ti, por muy raro y muy introvertido que seas, acabará dando unos frutos inimaginables por ti.

Porque ese Amor que viene del Padre no es efímero. Como reza la jaculatoria que coloco debajo de mi firma, ese es infinito.

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Lázaro Hades.

Gracias Dios mío por tu amor infinito.

Toda una vida se me hace pequeña para agradecerte el enorme favor que me has hecho al elegirme discípulo tuyo.

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4 pensamientos en “SI TIENES LO QUE HAY QUE TENER…DÁMELO”

  1. Cada día que leo tus entradas Lázaro siento que estás escondido en algún rincón de mi casa y sabes exactamente lo que me pasa y los momentos que voy atravesando, vengo de vivir unas semanas muy difíciles, no pude sacarme el lápiz de la nariz y estuve pataleando todos los días como una nena caprichosa y sí sé que tengo mucho amor y, éste fin de semana que me tocó pasar sola puesto que mis hijos se fueron a la casa de su papá, me dediqué a mirar hacia adentro mío, tejiendo una manta para mi hijo del medio, disfrutando de mis perros, amigos fieles si los hay, y leyendo “Sabiduría de un pobre” de Eloi Lecrerc sobre San Francisco de Asís, y con gran alegría puedo decirte que hoy, me siento distinta, tranquila, con el corazón alegre, dispuesta a dar todo el Amor que Dios puso en mi corazón…. Y te dejo la jaculatoria que siempre le digo a Nuestro Padre: Señor, dame un corazón grande para amar… un gran saludo desde Argentina…

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