MI SUEGRA… Y LOS MILAGROS

suegra

Les dijo: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Pedro le contestó: «El Cristo de Dios». Lucas 9, 18-22

 

Leyendo el libro que me acompaña a diario para desarrollar el Evangelio, Con Él, de Fulgencio Espa, me ha llamado la atención cómo «los racionalistas de la ilustración dudaron de los milagros de Cristo».

Me imagino a estos señores racionalistas de la ilustración,  sentados en torno a una enorme mesa, cada uno con su bata blanca, sus bolígrafos colgados en el bolsillo, sus gafas apoyadas en la punta de su nariz, y si son de nuestro tiempo, deslizando los dedos en sus tabletas electrónicas para aparentar más profundidad de documentación.

Resulta que aquellos primeros estudiosos de los milagros del Señor no les cabía en la cabeza cómo un hombre podía ser curado de su enfermedad solo con la Palabra de Jesucristo.

También tuvieron arduas sesiones de trabajo para dilucidar la veracidad del aquella multiplicación de los panes y los peces, además de otras muchas más conjeturas en torno a la incomprensible actuación, a ojos del ser humano, que el Hijo de Dios mantuvo a su paso por la tierra.

Es cierto que a uno le asaltan de vez en cuando las dudas sobre la coherencia de esos milagros que nos narra la Sagrada Escritura y siempre que tratamos de armar la razón sobre esos sucesos en torno a nuestro débil pensamiento aparece algún hueco por donde se derrumban nuestros criterios.

Estos señores daban explicaciones alternativas a los milagros: decían que como las enfermedades eran psicológicas, los enfermos que se acercaban a Jesús quedaban sanos de sus males por una especie de persuasión intelectual.

Por otra parte, en cuanto al ocurrido a orillas de Jordán, donde más de 5000 personas, sin contar mujeres y niños, -que también habría que darles de comer, digo yo-, los expertos concluían en decir, sin más, que la multiplicación se produjo porque todos compartieron lo suyo, quedando sin sentido la denominación de milagro de la multiplicación, porque debería llamarse milagro de la solidaridad.

Más adelante, los mismos intelectuales pasaron a decir que los milagros eran, en realidad, narraciones o invenciones de los discípulos de Cristo para engrandecer su fama.

Esta segunda teoría, mucho más “fundamentada” les dejó sin trabajo por mucho tiempo porque a partir de entonces, para que se iban a poner a pensar si todo eran invenciones de sus seguidores…

Es curioso, este tipo de acusaciones aún se oyen en nuestros días…

Pero lo que a mi realmente me ha llamado la atención es el resultado del estudio del, por lo que se ve, mal llamado, milagro de la multiplicación del pan y de los peces.

¡¡Se lo repartieron…!!

Mi suegra tiene once nietos; habiendo salido nueve hijos de su vientre era de esperar que sus hijas hubieran generado más descendencia, pero se ve que ellas han estado más entretenidas en otras cosas y no alcanzaron la media de su progenitora.

Aún así, los viernes a mediodía es un espectáculo el salón de su casa, de apenas 20 metros cuadrados en la hora del almuerzo: los hijos, las hijas, las parejas, los nietos, las nietas, la amiga de la nieta que se ha venido a comer, el abuelo….

El cónclave familiar tiene fecha fijada desde hace tiempo y el último día de la semana le toca guisar a la abuela para todos.

Un día entré a la cocina, ese espacio de nuestras casas donde no somos bien recibidos los hombres y en el que las esposas se hacen fuertes. Pasaba por allí y pude ver las dimensiones de la olla donde se gestaban los deliciosos guisos que cocina mi suegra.

Hasta ese momento yo me la imaginaba guisando en un perol enorme, similar al que se cayó Obelix cuando era pequeño o el que el malo de los pitufos, Gargamel, mueve sin cesar para crear la pócima contra los enanos azules.

¡¡¿De ahí salen lentejas para treinta?!!!

Yo he comido en una de esas mesas, y te puedo asegurar que mucha solidaridad no hay, porque está tan bueno que nadie deja que la cuchara del otro invada su plato.

Así que para milagro, este. Si los señores intelectuales quieren cerciorarse de que los milagros de multiplicación de comida, bien sean pan, peces o lentejas, existen, solo tienen que pasarse la casa de mi suegra un viernes a eso de las dos de la tarde.

Le voy a decir a ella que los invite un día, pero a ser posible en jueves, no quiero nuevos rivales para los viernes, y que trate de explicarle cómo un ama de casa celebra cada día un milagro de ese tipo.

….

Volvemos a ponernos serios:

¿Crees que muchos escépticos se convertirían por mucho que les razones sobre los milagros?

No pierdas el tiempo. Acabarás frustrado.

Siempre te replicarán que los milagros son una invención, un engaño: cualquier cosa antes que admitirlos.

Los milagros son una ayuda para creer. Cristo hizo milagros -de alguno de ellos no podemos dudar-, y hoy siguen produciéndose.

Si embargo, no son suficientes para creer, y tampoco son indispensables. Podemos pasar toda la vida sin ver una sola actuación prodigiosa y tener una fe tan fuerte como la de los santos.

La fuerza que con determinación nos lleva a tener una fe sólida no es tanto el milagro exterior, es sobre todo, la acción interior que el Espíritu Santo desarrolla en cada uno de nosotros.

Fíjate en Pedro. Había visto muchos milagros de Cristo, pero el día que pudo decirle a un hombre aparentemente de la misma naturaleza que él, que este era el Hijo de Dios, ese pescador estaba guiado por el Espíritu Santo con toda certeza.

Así lo confirmaba Jesús: Bienaventurado eres, Simon hijo de Juan, porque no te ha revelado eso ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los Cielos (Mt 16,17)

¡Que fuerte! Se me pone la piel de gallina solo de imaginarme en el lugar de Pedro y oír eso.

Dios nos llama continuamente golpeando la puerta de nuestro interior y nos invita a creer. La iniciativa es nuestra. Aceptando esa llamada se comienza a recibir un amor de Dios sin medida. Y cuanto más pronto comiences a olvidarte de ti mismo, antes alcanzarás a disfrutar de una plenitud desconocida e inexplicable para ningún «intelectual».

Para terminar una cuestión clara. Habida cuenta que esa iniciativa es nuestra, la importancia de la oración es vital para corresponder a esa llamada de Dios.

Recemos a Dios para que sostenga nuestra fe y nos conserve siempre fieles, y oremos por los demás para que el Espíritu Santo guíe sus pasos en la fidelidad al Evangelio.

La tarea más importante que podemos hacer por los demás no son acciones prodigiosas o servicios extraordinarios: el más eficaz y mejor gesto de amor para con el prójimo es, sin duda alguna, rezar.

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Lázaro Hades.

Gracias Dios mío por tu amor infinito.

Toda una vida se me hace pequeña para agradecerte el enorme favor que me has hecho al elegirme discípulo tuyo.

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Esta entrada está inspirada en el libro “Con Él”. Fulgencio Espa. Ediciones Palabra.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2 pensamientos en “MI SUEGRA… Y LOS MILAGROS”

  1. GRACIAS SR. LAZARO. QUE HERMOSO PODER DISFRUTAR DE ESAS COMIDAS TAN RICAS QUE HA DE PREPARAR SU SEGUNDA MADRE, AL IGUAL QUE DISFRUTARLAS EN COMIDA, MUCHO MEJOR! HERMOSO EL EJEMPLO, YO NO HABIA NOTADO, QUE SUCEDIA LO MISMO EN NUESTRA FAMILIA, ESO SI, NO SOMOS MUCHOS, PERO SIEMPRE ES HERMOSO COMPARTIR EL PAN, Y CUANDO SE PARTE Y SE COMPARTE ALCANZA SIEMPRE PARA MAS. BENDICIONES…

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