LOS SIETE PECADOS CAPITALES Y LAS SIETE VIRTUDES CAPITALES

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En todos las zonas geográficas hay muchas ciudades o pueblos. A uno de ellos se le nombra la capital.

«Capital» es una palabra que viene del latín y significa «principal», el que está «a la cabeza».

También los pecados que cometemos son muchos y variados, pero desde los primeros siglos del cristianismo los grandes teólogos han distinguido siete pecados que son los capitales.

Y no es en el sentido de que sean los más graves, sino porque son los principales: todos los pecados tienen su origen en cada uno de esos siete, esos siete están a la cabeza de otros muchos, en ellos se encuentra la raíz de los demás.

Como hace unas semanas comentaba Angelo en una entrada en la que hablé sobre estos pecados, (puedes leerla pulsando aquí), «estos siete son los que arman todo el jaleo en nuestro interior». También mi colega bloguero me invitaba, o “me exhortaba” como se diría desde el balcón de San Pedro, a que hablase un día «de los antídotos contra ellos».

Bueno, pues hoy daremos otra mano de pintura a este muro donde nos tropezamos una y otra vez.

Este septeto de pecados tiene su antídoto en las siete virtudes capitales que se oponen a cada uno de ellos:

Contra soberbia, humildad.

Contra avaricia, generosidad.

Contra lujuria, castidad.

Contra ira, paciencia.

Contra gula, templanza.

Contra envidia, caridad.

Contra pereza, diligencia.

Dicen que todos tenemos en algún sitio guardadas esas virtudes.

La verdad es que he estado buscando por casa y no sé donde ha guardado mi esposa estas virtudes porque yo no las encuentro… es que esta mujer, cada día me cambia las cosas de sitio…

A ver si voy a tener que mirarme hacia dentro, igual me llevo alguna sorpresa y resulta que tengo alguno de esos antídotos. Pero cuanto más me miro, lo que más veo que abunda en mi son pecados, y creo que los tengo todos, los siete, no me falta ninguno.

Nos conviene admitirlo: todos tenemos una facilidad tremenda hacia los siete pecados capitales.

No tenemos que asustarnos de ver que así somos; es más, debemos alegrarnos profundamente cuando descubramos en nosotros que en el fondo nos mueve cualquiera de ellos: así somos los hijos de Adán y Eva, y por eso dice Jesús que viene a salvarnos del pecado: porque el pecado tiene demasiada fuerza en nosotros.

Jesús puso esta parábola «a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás»:

“…Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: «¡Oh Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo». El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: «¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador»…

Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla, será enaltecido.” (Lc 18, 9-14)

¡Qué importante es que nos reconozcamos pecadores!

¡Porque lo somos!

¡Porque la fuerza de esos pecados está dentro de nosotros!

¡Si no nos damos cuenta, nos tendremos por justos como el fariseo de la parábola!

Que, como el publicano, seamos capaces de reconocer, al mismo tiempo, tanto que somos pecadores como que Dios quiere limpiarnos, sanarnos con ese antídoto que Él solo sabe brindarnos a través de su gracia.

Gracias, Dios mío, porque me conoces y me quieres como soy.

Reconozco que soy pecador. Si, hoy mismo he sido pecador.

Pero tu me quieres libre, libre del pecado, y por eso me das tu perdón y tu gracia.

Quieres limpiarme y matar el pecado que hay en mi, de manera que cada vez más sea tu fuerza la que me mueva, y no la fuerza del pecado.

Y ahora te digo que quiero luchar… y contra la soberbia, con humildad; contra la avaricia, con generosidad; contra la lujuria, con castidad; contra la ira, con paciencia; contra la gula, con templanza; contra la envidia, con caridad; contra la pereza, con diligencia.

No me dejes nunca ser como el fariseo de la parábola.

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Lazaro Hades.

Gracias Dios mío por tu amor infinito.

Toda una vida se me hace pequeña para agradecerte el infinito favor que me has hecho al elegirme discípulo tuyo.

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Esta entrada contiene textos de Jose Pedro Manglano.

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5 pensamientos en “LOS SIETE PECADOS CAPITALES Y LAS SIETE VIRTUDES CAPITALES”

  1. Ayer, meditaba la posibilidad de hacer una entrada sobre esos, que desfconfiguran la obra maestra de Dios.Y hoy me topo con lo que has escrito. Pues genial, así que ya he obtenido respuesta. Un post necesario y alentador. Muchas gracias. Un fuerte abrazo

  2. Hermosa oración para rezar cada noche por los pecados que, queriendo o no, hemos cometido durante nuestra jornada, creo que muchas veces no somos conscientes de ellos pero igual debemos arrepentirnos, alguno seguro anduvo dando vueltas por ahi…..

  3. Mi estimado amigo quiero decirle que además de los siete pecados capitales tenemos enjambres de egos que personifican nuestra existencia y que son los que dicen que haga o no haga, solo basta con darnos cuenta el diario vivir como es que reaccionamos ante todo. Se recomienda observarlos y eliminarlos reducirlos a cenizas y de esa forma adquirimos conciencia despierta.

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