EL ADMINISTRADOR ASTUTO

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Cuando en el Evangelio del día hay una parábola, casi sin darnos cuenta, enseguida en nuestra posición de espectador, repartimos los papeles de los intérpretes entre nosotros y el Señor. En la mayoría de ellas siempre tenemos claro cuál es papel de cada uno.

Vamos a imaginar que en la parábola del administrador astuto, Jesús es el hombre rico del que nos habla y yo soy el empleado.

“Había un hombre rico que tenía un administrador, al cual acusaron de malgastar sus bienes.

Lo llamó y le dijo:

‘¿Qué es lo que me han contado de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no ocuparás más ese puesto’.

De buenas a primeras me llega mi jefe y me dice que porque le han hablado  mal de mi, que me va a echar. Pero hombre, ¿te vas a dejar llevar por las habladurías?. ¿Has comprobado si es cierto lo que te han dicho?

La orden es clara, que recoja mis cosas y me vaya.

Ya me choca a mi esto de Jesús. Que se deje llevar por lo que le han contado de mi… Que lo haga yo, es normal. Cuántas veces me guío por lo que me cuentan de otro sin ni siquiera comprobar si es cierto. Pero que Él me pida cuentas por lo que ha oído de mi…

De entrada, en algo he tenido que fallar para que el Señor, solo por lo que han dicho, prescinda de mis servicios. Es verdad que no andaba muy fino últimamente, que a lo mejor he dado lugar a que piensen de mi otra cosa diferente a mis intenciones, que no cumplía del todo lo que me ha encomendado…

Pero Tú, que ves en lo escondido, ¿no adivinas en mi algo más allá de lo que cuentan para darme otra oportunidad?.

Lo cierto es que yo, ni corto ni perezoso, – bueno, tal vez de lo segundo un poco -, me dispongo a buscarme la vida ante lo que se me avecina.

El administrador pensó entonces: ‘¿Qué voy a hacer ahora que mi señor me quita el cargo? ¿Cavar? No tengo fuerzas. ¿Pedir limosna? Me da vergüenza.

¡Ya sé lo que voy a hacer para que, al dejar el puesto, haya quienes me reciban en su casa!’.

Agudizando el ingenio, me pongo a ver la tele. Las noticias de esta mañana, sin ir más lejos: dos altos cargos de un banco ingresan en la cárcel porque durante un tiempo estuvieron evadiendo impuestos para beneficio propio y tenían previsto huir del país para refugiarse en una isla donde nadie los pudiera encontrar y disfrutar de su “trabajo”.

Pues ya está, voy yo a hacer lo mismo. Que mejor fuente de influencia que las noticias del día.

Nada. Llamo a todos los que tienen deudas pendientes con mi jefe y e imito a los banqueros. Me preparo un rinconcito para el día de mañana.

Llamó uno por uno a los deudores de su señor y preguntó al primero: ‘¿Cuánto debes a mi señor?’.

‘Veinte barriles de aceite’, le respondió. El administrador le dijo: ‘Toma tu recibo, siéntate en seguida, y anota diez’.

Después preguntó a otro: ‘Y tú, ¿cuánto debes?’. ‘Cuatrocientos quintales de trigo’, le respondió. El administrador le dijo: ‘Toma tu recibo y anota trescientos’.

¿Y ahora qué? ¿Ya lo tengo todo hecho? ¿Me bastará con esto para solucionar mi futuro próximo sin trabajo?

A partir de este punto de la parábola comienzan las interpretaciones que cada uno podría sacar de la misma. Os puedo asegurar que he leído muchas en torno a su significado y al final solo me quedo con la mía.

Y el señor alabó a este administrador deshonesto, por haber obrado tan hábilmente. Porque los hijos de este mundo son más astutos en su trato con los demás que los hijos de la luz.

Y es que el señor (el Señor) alabó al administrador deshonesto. ¡Lo alabó!!

Pero bueno, si lo que había hecho era engañarte, ¿por qué lo ensalzas?

La parábola termina diciendo que “los hijos de este mundo son más astutos en su trato con los demás que los hijos de la luz”.

Es decir que para buscarnos la vida con nuestras cosas, enseguida nos las ingeniamos para encontrar soluciones, pero cuando se trata de las cosas relacionadas con nuestra fe, todo son complicaciones y dudas.

Cuando adoptamos el papel de “hijos de la luz” comenzamos a pensar, a inventar, a dar rodeos, a buscar justificaciones… pero mira que pronto encontró el administrador solución al problemón que se le venía encima cuando se trataba de “sus cosas”.

Yo creo que el Señor lo felicitó por eso mismo. Como diciéndole irónicamente, “qué listo has sido para tus cosas, a ver si fueses de ahora en adelante así para todo”.

En una de las interpretaciones que he leído de esta parábola se hablaba de que el administrador estaba renunciando a su comisión al restar de la deuda las cantidades mencionadas. Como si se tratase de un gesto de honestidad por su parte, y dejar deuda pendiente solo por lo que realmente debían a su jefe y no a él.

Me gusta pensar así. Pensar que al final, por ganarse la confianza de su señor (del Señor), uno renuncia a lo material para congraciarse con Él, y por consiguiente, consigo mismo.

Cuánto nos cuesta renunciar a todo aquello que creemos que es nuestro y que tanto nos separa de Dios. Y no solo ocurre con lo material.

Cuánto nos cuesta prescindir de esa forma de ser que nos aleja del Señor, argumentando aquello de “porque yo soy así y nada me va a cambiar”.

En definitiva, la lectura que yo saco de esta parábola es esa, que prescindamos de lo que creemos que es nuestro para ganarnos el favor de nuestro Señor. Que lo hagamos todo para su Gloria, que bastante hace Él por nosotros no dejándose guiar por las habladurías de nuestros gestos de cara a la galería. Que sean los hechos los que se ganen su felicitación.

Es difícil, ¿verdad?.

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Lázaro Hades.

Gracias Dios mío por tu amor infinito.

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Un pensamiento en “EL ADMINISTRADOR ASTUTO”

  1. Gracias, este Evangelio es dificil de entender,pero explicado asi,se analiza la actitud del administrador, que es para mi lo nuevo que he encontrado en tu analisis.Si Dios nos pide un servicio,aunque perdamos algo en ello,nos gratificara espiritualmente cumplirlo para serle fiel a quien nos lo da todo,la Palabra que nos dice la verdad, el Espiritu Santo que nos fortalece y su amor que nos guia por el camino del bien.GRACIAS PADRE POR CUIDARME SIEMPRE, ESTOY A TU SERVICIO.

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