REFLEXIONES EN TORNO AL PERDÓN

Catedral de Sevilla. Foto: Miguel Angel Ramón
Puerta del Perdón. Catedral de Sevilla.
Foto: Miguel Angel Ramón

Decía Benedicto XVI que la superación de la culpa es importantísima en las historia de los hombres. Todas las religiones giran en torno a esta idea. Porque toda ofensa entre los hombres va en contra de la verdad y del amor.

Muchos piensan que hay que perdonar, pero no solo porque uno se siente mejor, sino también porque la ofensa provoca represalia.

Esto se ve claramente en una película que probablemente conozcas, “El Padrino”. Es una historia de venganzas: «Tú has matado a mi padre; yo te mato a ti».

La represalia forma, en vez de una cadena de favores, una cadena de agravios. El mal crece sin parar, como una bola de nieve que engorda con la pendiente; cada vez es más difícil superarlo.

Sin embargo el Señor nos dice que la ofensa solo se supera con el perdón, no con la venganza; así se rompe la cadena. Casi todo el mundo ve la eficacia del perdón para evitar conflictos. Perdonan por propio interés, piensan en lo suyo, en su paz y tranquilidad interior.

Hay otra película llamada “Cadena de favores” que trata de personas que multiplican el bien haciendo el bien. Hay cadenas que el enemigo construye y que hay que romperlas con el perdón.

Satanás busca la discordia y Dios la reconciliación.

Tú tienes que perdonar a la gente porque Dios te ha perdonado a ti y mucho.

No se puede hacer verdadera oración si no nos hemos reconciliado.

En el tema del perdón, Jesús siempre se adelanta. Antes de instituir la Eucaristía, en la Última Cena, se arrodilló y lavó los pues de sus discípulos. Cualquier cosa que debamos perdonar es siempre menor comparada con lo que Dios nos ha perdonado.

Al final de su vida Jesús dijo: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34).

No podemos rezar correctamente si tenemos algo contra alguien. La ofensa tiene que ser sanada.

Pero, aunque comprendamos todo lo que hemos leído hasta ahora, en ocasiones nos cuesta más de lo debido perdonar. Nos volvemos a encontrar con el misterio de la Cruz del Señor.

Nosotros no somos capaces de vencer el mal que hay en nuestro corazón: nos encontramos con algo que nos supera. No conseguimos dominar el poder del mal con nuestras propias fuerzas.

Se trata de un mal que vive en nosotros y nos cuesta desprendernos de él. Solo contemplando a Jesús en la cruz se puede comenzar a aprender cuánto se puede llegar a amar y perdonar.

Para aprender a querer hemos de meditar en nuestra oración los padecimientos del Señor, porque el Amor de Dios no nos salva desde el exterior. Alguien que ama tanto, no quiere solucionarlo diciendo: “Estáis todos perdonados”. Podría haberlo hecho así, pero prefirió otra forma para manifestarnos su amor fuerte.

Detente por un momento a pensar cuánto sufrió Jesús para que nosotros fuéramos perdonados. Míralo en la cruz y piensa que te está diciendo: “Haz como yo”…

Pero claro, una cosa es ver a Jesús crucificado, y otra decirle: “Baja Tú, que me subo yo”.

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Lázaro Hades

Fuente: Siempre Contigo. Antonio Balsera. Cobel Ediciones.

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3 pensamientos en “REFLEXIONES EN TORNO AL PERDÓN”

  1. Señor ayúdame a perdonar. Yo quiero el perdón de los demás y a mi que trabajito me cuesta. La de vueltas que le doy a las cosas y la imaginación que me juega muy malas pasadas.
    Gracias Señor por tu amor y perdón infinito, y sobre todo el abrazo diario que me ofreces en cada Eucaristía.
    Un saludo.

  2. Señor, gracias por tu perdón y fortalecimiento diario que me envía y tantas bendiciones, hoy tengo mas que agradecer que, estar pensando en un pasado o algún error.

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