CON TRES GOTAS DE VINO Y UNA GOTA DE AGUA

celda

Pasó 13 años en la cárcel, 9 de ellos en régimen de aislamiento. No fue hace mucho tiempo, ocurrió en Vietnam desde 1975 a 1988.

François Xavier Nguyên era arzobispo de Saigón cuando fue encerrado. Su principal preocupación en ese momento era saber si podría seguir celebrando la Eucaristía. 

En los primeros días de arresto le permitieron escribir a los suyos y él aprovechó para pedirles que le enviaran “un poco de vino como medicina contra el dolor de estómago”. Sus fieles comprendieron enseguida lo que demandaba y le enviaron una botella de vino de misa con la etiqueta: “medicina contra el dolor de estómago”. Lo acompañaban de unas hostias escondidas en una antorcha contra la humedad.

Así lo contaba él: «(…) Nunca podré expresar mi gran alegría: diariamente, con tres gotas de vino y una gota de agua en la palma de la mano, celebré la misa. ¡Éste era mi altar y ésta era mi catedral!»

Desde su celda, Nguyên lo tenía muy claro: «(…)  A cada paso tenía la ocasión de extender los brazos y clavarme en la cruz con Jesús, de beber con Él el cáliz más amargo. Cada día, al recitar las palabras de la consagración, confirmaba con todo el corazón  y con toda el alma un nuevo pacto, un pacto entre Jesús y yo, mediante su sangre mezclada con la mía. ¡Han sido las misas más hermosas de mi vida»

Aunque el relato completo de las experiencias de este religioso nos aporta unas vivencias muy enriquecedoras para el espíritu, me quedo con ese primer testimonio, cuando nos habla de la Eucaristía.

Ayer, un sacerdote muy experimentado, me comentaba que en los meses previos a su ordenación sufría pesadillas que le alteraban su sueño imaginando que le cortaban las manos y esto le impediría celebrar misa. Le atormentaba el hecho de no poder consagrar.

Ambas experiencias me hicieron inmediatamente reflexionar sobre la enorme suerte que tenemos al poder acudir libre y diariamente al encuentro con Jesus Eucaristía.

Cuántas cosas tenemos en nuestras manos y no sabemos apreciar. Enormes privilegios que nos han sido dados y que por ordinarios los relegamos a un último plano en el protagonismo de nuestra satisfacción.

Si tienes la enorme suerte de ser consciente que celebrar la misa no es una obligación sino un regalo, siéntete premiado por cada una de las ocasiones en las que compartes mesa con el Señor.

Fíjate qué afortunado eres pues sentirte en comunión con Dios está al alcance de algo tan insignificante como tres gotas de vino y una gota de agua. Por muy oscura y cerrada que parezca la celda de tu vida, solo eso basta para ver la Luz.

Cada uno tenemos innumerables motivos para hacerlo, basta con esforzarnos diariamente en recordar cuántas cosas por las que estamos obligados a dar gracias a Dios y pedir perdón por las que disfrutamos que aún no sabemos reconocer y que tal vez cuando nos falten las echaremos de menos.

Son casi siempre penas las que ocupan gran parte de nuestro pensamiento; sino en modo de reproches, es en forma de queja o recuerdo de un dolor. Es así como se manifiesta nuestra zozobra anímica. Esto llega a provocar un vicio en el pensamiento que  hasta cuando estamos felices de forma espontánea tendemos a rebuscar algo negativo porque “no puede ser” que estemos tan contentos.

Somos así de complicados.

Quiero terminar con la reflexión en modo de oración que nos dejó este religioso del que hoy os hablo, en la que agradece, desde la oscuridad de su celda, la vida que le está tocando vivir en ese momento. Ojalá no se me olvide en mucho tiempo:

Jesús, yo no esperaré, quiero vivir el momento presente llenándolo de amor.

La línea recta está hecha de millones de pequeños puntos unidos unos a otros. También mi vida está hecha de millones de segundos y minutos unidos entre sí.

Si vivo cada segundo, la línea será recta.

El camino de la esperanza está empedrado con pequeños momentos de esperanza. La vida de esperanza está hecha de breves minutos de esperanza.

Como tú Jesús, quien has hecho siempre lo que agrada a tu Padre. En cada minuto quiero decirte: Jesús, te amo, mi verdad es siempre una nueva y eterna alianza contigo.

Cada minuto quiero cantar con toda la Iglesia: Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

.

Lázaro Hades.

Gracias Dios mío por tu amor infinito.

Toda una vida se me hace pequeña para agradecer el enorme favor que me has hecho al elegirme discípulo tuyo.

.

 

 

 

3 pensamientos en “CON TRES GOTAS DE VINO Y UNA GOTA DE AGUA”

  1. QUE HERMOSO ENCUENTRO CON JESUS, ESTANDO EN LA CELDA, DIA CON DIA…..
    SEÑOR PERMITEME ENCONTRARME CONTIGO TODOS LOS DÍAS, EN CADA MOMENTO DE MI VIDA.
    AMEN.

Deja un comentario