UNA RELACIÓN EN CRISIS

CRISIS

Hoy voy a compartir contigo algunas impresiones para abordar una crisis, eso sí, desde el punto de vista cristiano.

Si busco en el diccionario el significado de la palabra “crisis”, la primera definición que me aparece es la siguiente:

…es una coyuntura de cambios en cualquier aspecto de una realidad organizada pero inestable…

¡Vaya!. Una coyuntura (un conjunto de circunstancias que dan lugar a algo) de cambios en cualquier aspecto de una realidad, organizada pero inestable. Es decir, que es cuando lo que tu crees que tienes controlado, por una serie de circunstancias ajenas a tu voluntad, cambia de buenas a primeras.

Casi todos conocemos, y padecemos, la crisis económica. Pero también hay crisis emocionales, se ha oído que la fe católica está en crisis, que un equipo de fútbol atraviesa una crisis o que alguien padece una crisis de salud. Pero hay una crisis de la que hoy quiero hablarte y que me gustaría abordar, como siempre, apoyado en el Evangelio: la crisis en una relación.

¿Cómo vivir una crisis en una relación entre dos o varias personas con lucidez y responsabilidad, sin desviarnos de lo que se nos enseña en el Evangelio y sin hundirnos en la desesperanza de no volver a ver las cosas como al principio?

Seguro que a lo largo de tu vida has tenido algún momento en el que por una coyuntura de cambios en el aspecto de una realidad organizada que es lo que pensábamos que era lo que vivíamos con otra persona, ésta deja tener la fluidez que venia disfrutando e incluso llega a romperse.

Desde luego, la fe cristiana no se puede vivir ni comunicar desde actitudes negativas. Y lo primero que se tiende a hacer en estas fricciones entre dos personas es cometer el error de alimentar el victimismo, vivir de la nostalgia, el pasado glorioso o acumular resentimiento. Todo eso nos aleja del espíritu con el que vivía Jesús.

Son estos los momentos de aplicar lo aprendido de Jesús, de vivir estos tiempos de manera más positiva, confiada y evangélica. Y cuando digo “evangélica” lo digo desde un punto de vista receptor (acudiendo al Evangelio a aprender) y desde otro punto transmisor (demostrando que nos hemos aprendido la lección leída).

A continuación vamos a leer un pasaje del Evangelio (Lucas 21) que nos va a ayudar a entender cómo afrontar este tipo de crisis. Jesús hablaba en otro contexto, pero es a ti que atraviesas dificultades en tu relación con otra persona a quien se dirige en esta ocasión. Léelo imaginando una convivencia muy estable en un momento determinado, en la que Jesús augura tiempos difíciles y a la que finalmente aporta una solución de continuidad:

Algunos estaban hablando del templo, de la belleza de sus piedras y de las ofrendas que lo adornaban.

Jesús dijo:

Vienen días en que de todo esto que estáis viendo no quedará piedra sobre piedra. ¡Todo será destruido!

Preguntaron a Jesús:

–Maestro, ¿cuándo ocurrirán esas cosas? ¿Cuál será la señal de que ya están a punto de suceder?

Jesús contestó:

Tened cuidado y no os dejéis engañar. Porque vendrán muchos haciéndose pasar por mí y diciendo: ‘Yo soy’ y ‘Ahora es el momento’, pero no los sigáis.

Cuando oigáis alarmas de guerras y revoluciones no os asustéis, pues aunque todo eso tiene que ocurrir primero, aún no habrá llegado el fin.

Siguió diciéndoles:

Una nación peleará contra otra y un país hará guerra contra otro; en diferentes lugares habrá grandes terremotos, hambres y enfermedades, y en el cielo se verán cosas espantosas y grandes señales.

Pero antes de eso os echarán mano y os perseguirán: os llevarán a juicio en las sinagogas, os meterán en la cárcel y os conducirán ante reyes y gobernadores por causa mía.

Así tendréis oportunidad de dar testimonio de mí.

Haceos el propósito de no preparar de antemano vuestra defensa, porque yo os daré palabras tan llenas de sabiduría que ninguno de vuestros enemigos podrá resistiros ni contradeciros en nada.

Pero seréis traicionados incluso por vuestros padres, hermanos, parientes y amigos.

Matarán a algunos de vosotros y todo el mundo os odiará por causa mía, pero no se perderá ni un solo cabello de vuestra cabeza.

¡Permaneced firmes y salvaréis vuestra vida!

Jesús finaliza esta conversación llamándonos a perseverar.

Es un error demonizar la situación de crisis viviéndola como algo imposible de soportar y de imposible solución.

Estando con Dios no hay crisis. Ninguna situación adversa puede impedir que el Padre siga ofreciéndose y salvando a sus hijos e hijas por caminos que a nosotros se nos escapan.

Cuando andas metido en una situación de crisis tiendes a verlo todo desde ese punto. Las opiniones de los demás crees que van dirigidas desde la situación que tú estás viviendo en ese punto, tu comportamiento lo condicionas al momento que atraviesas y una vez más, estamos obligados a dejar de pisar este barro, elevarnos y dejar de entorpecer la labor de Dios en nosotros.

Si miramos las cosas desde Dios, la perspectiva que dispondremos nos ayudará a afrontar y solucionar todo con una relatividad imposible de encontrar en las distancias cortas en las que nos movemos dentro de nuestras limitaciones humanas.

Lo importante es perseverar: no desviarnos del Evangelio; buscar siempre el reino de Dios y su justicia, no nuestros pequeños intereses; actuar desde el espíritu de Jesús, no desde nuestro instinto de conservación; buscar el bien de todos y no solo el nuestro.

No nos engañemos: el que realmente piensa en la felicidad de todos es Dios, no nosotros.

Perseverar no es repetir de manera vacía palabras que ya no dicen nada, sino encender nuestra fe en contacto directo y personal con Cristo.

Perseverar no es ponernos a la defensiva ante cualquier cambio, sino mantener la capacidad de escuchar la acción de Dios en nuestros días.

Perseverar no es exigir a otros, sino vivir nosotros en continua conversión.

Los problemas se enredan y complican de tal manera que no es fácil saber cuál puede ser la solución más adecuada. A veces se podría decir que el somos incapaces de resolver un problema sin provocar, al mismo tiempo, otros muchos.

Parece que todos los problemas hay que solucionarlos con inmediatez, con resultados que rápidamente se puedan constatar, sobre todo para encontrar vencedores o vencidos. Entonces es fácil la tentación de acudir a medios agresivos y resolutivos antes que comprometernos a una labor callada, constante y aparentemente menos eficaz.

Lo complicado es perseverar, tener paciencia, pero no desde nuestro punto de vista, sino desde el punto de vista del Señor.

La paciencia del creyente se arraiga en Dios. A pesar de las injusticias que encontramos en nuestro camino y de los golpes que nos da la vida, a pesar de tanto sufrimiento absurdo e inútil, Dios sigue perseverando.

En Él hemos de poner nuestra esperanza.

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Lázaro Hades.

Gracias Señor por tu amor infinito.

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Un pensamiento en “UNA RELACIÓN EN CRISIS”

  1. A veces las crisis no son malas,hacen crecer en una relación.No debemos quedarnos en el victimismo,ni en el yo tengo la razón,sabemos que el demonio ataca por ahí.Si una relación merece la pena,o durante mucho tiempo la ha merecido,hay que volver a retomarla…¿Cómo? hablando desde el corazón..Creo que no deberíamos perder nuestras buenas relaciones.Seguro que después de una crisis están más fortalecidas.Un abrazo.

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