LA PARÁBOLA DEL SEMBRADOR: BROTES VERDES.

planta_saliendo_de_una_semilla-wide

«ESCUCHAD: UNA VEZ SALIÓ UN HOMBRE A SEMBRAR Y SUCEDIO QUE…»

Ayer estaba frente a una tienda de vinos y miraba su escaparate, todos los carteles contenían aumentativos: ¡ofertón!, ¡preciazo!, ¡vinazo!…

Casi tuve que pedir perdón por no entrar a comprar nada porque aparentemente todo eran oportunidades al otro lado del cristal.

Los evangelistas recordaron y nos dejaron escritas unas cuarenta parábolas de las muchas que contó Jesucristo durante los años que dedicó a difundir su Palabra. La parábola del sembrador es, como dirían en esa tienda, un “parabolazo” o un “parabolón”.

Te recomiendo que leas al completo los versículos del 1 al 20 del capítulo 4 de Marcos y con esta explicación que yo comparto, una de dos, o te lío un poco más o a lo mejor te aclaro algo.

Para que entiendas rápido la explicación te adelanto que Jesús es el sembrador, tú eres la tierra y la Palabra es la semilla.

Resulta que un señor salía a sembrar (salía a sembrar, no esperaba en casa a que fuese la tierra a ser sembrada, ni sembraba por teléfono, ni por internet, ni nada de eso).

Debería ir muy distraído el hombre porque su simiente se iba cayendo por distintos lugares del terreno, no solo para la parte de tierra que pensaba: “este grano es para mi que soy la que más me lo merezco”.

Se ve que el sembrador no tenía muchos favoritismos y a todos abonaba por igual.

El terreno por el que caminaba el sembrador era circular, como si se tratase de una pista de atletismo, no era un camino de principio y fin, esto último solo lo era el que repartía las semillas. Lo cierto es que por este motivo, el mismo tramo de tierra lo encontraba una vez de una forma y cuando volvía a pasar, podía estar en otro estado.

Cuatro tipos de suelo recibían esa semilla:

1. La tierra junto al camino. Esto es más o menos que las semillas caían en el arcén. Al lado de la tierra, pero sin posibilidad de que arraigue. Aquí está representado el que oye y no entiende porque no quiere entender. Esta tierra es bien dura, tan dura que la semilla no la puede penetrar. Ojo, que nuestro corazón puede endurecerse como la tierra junto al camino.

Estos son los que oirían la Palabra y dirían: “¿Pero que me estás contando?. No me lo creo”.

2. La tierra pedregosa. Lo que está más cerca del arcén. Representa el que oye y al momento recibe la palabra con gozo. Esta clase de oyentes con mucha rapidez obedecen y con mucha rapidez dejan el camino.

Estos son los que oirían la Palabra y dirían: “Pero que bien me lo estás contando” y al poco tiempo dicen: “¿Qué era lo que me habías contado?”.

3. La tierra entre zarzas. La vida de estos oyentes está tan ocupada en otras cosas que es difícil que Cristo tome el control. Los espinos crecen antes de darnos cuenta, nos rodean y tienen enorme capacidad de camuflaje.

Estos son los que dirían: “¿Pero que me vas a contar a mi que yo no sepa?

4. La buena tierra. Representa al buen oyente. Es el que oye, entiende, obedece, da fruto y persevera.

Estos son los que dirían: “Pero que bien que me lo cuentes a mi; mañana vuelvo a que escucharlo de nuevo”.

Recuerda: si eres tierra, acepta que tu rol no es definitivo, ni todos los días eres tierra buena, ni todo son espinos, ni para siempre eres pedregoso. Como el terreno es circular, de nuevo volverá a pasar el sembrador en breve…

….

PARÁBOLA DEL SEMBRADOR, NO DEL COSECHADOR

Con mucha frecuencia nos ocurre que interpretamos mal los papeles de esta parábola.

El sembrador es Jesucristo, eso parece bien claro. Pero nos equivocamos si creemos que los que han cosechar lo que Él está sembrando hemos de ser nosotros. No es así. El cosechador también es Él.

Nos obsesionamos en cosechar esos frutos que tanto anhelamos, queremos continuamente recibir, despreciando la fruta que viene con algún defecto. Sí, además de estar equivocados sobre nuestro papel nos obsesionamos en que lo percibido sea tal y como nosotros quisiéramos, para nada como la voluntad de Dios pretende.

¿Y si nos ponemos el traje del sembrador y nos olvidamos de la cosecha?. ¿Y si nos ponemos a la cola de tantos que ya se pusieron detrás de Jesús a repartir semillas?. Tantos santos con carnet y tantos otros anónimos que se pusieron a abonar junto a Él sin tener en cuenta mas que glorificarle sin atender al tipo de suelo donde estaban dejando caer esa palabra-semilla que a cada uno de nosotros nos toca repartir.

Nos desanimamos cuando estamos tratando de evangelizar, tarea a la que estamos llamados tu y yo, y no nos salen las cosas como nos gustaría.

Te propongo en Jesús un modelo de conducta para corregir esa tendencia a la zozobra cuando no se obtienen los resultados que deseamos. Sí, ya se que no arriesgo mucho cuando pongo a Jesús de modelo, pero es que me lo pone muy fácil.

Él tenía una increíble capacidad para salir de sí. Imagínate en cuantas situaciones embarazosas de las que conocemos de su vida podría haber hecho uso de su condición de Dios para salir airoso.  Sin embargo aceptaba toda clase de sufrimiento porque no era para Él para quien vivía. Se olvidaba de sí para dar gloria al Padre.

Es esta una tarea esta a la que todos estamos llamados y hábito a convertir en don que nos ayudará a crecer interiormente.

Jesús destaca por su capacidad para salir de sí. La de volver a caminar. La de volver a sembrar a pesar de los resultados. La de girar su mirada más allá de sí mismo.

«Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido». (Mc 1,38)

Cuando la semilla está sembrada en un lugar, ya no se detenía a explicar mejor o para hacer más signos allí. «La semilla crece cuando el agricultor duerme» (Mc 4, 26-29).

No perdamos la paciencia, aceptemos que solo somos repartidores de semillas y no cosechadores, «que la Palabra es eficaz a su manera y de formas muy diversas que suelen superar nuestras previsiones y romper nuestros esquemas». (Papa Francisco, Evangelii gaudium)

Dice el diccionario que se utiliza la expresión “brotes verdes” para indicar que hay indicios de una recuperación tras una crisis: me pido ser un brote verde.

.

Lázaro Hades

Gracias Dios mío por tu amor infinito.

.

Un pensamiento en “LA PARÁBOLA DEL SEMBRADOR: BROTES VERDES.”

  1. Señor, que cuando me aparezca el desánimo y me impaciente acuda a Ti, Oración y Eucaristia, para poder continuar. Que sepa cuidar la semilla que me das cada día.

Deja un comentario