SEÑOR, GUÍAME…

CONDUCEME

 

Guíame, clara luz,

a través de las tinieblas que me rodean,

llévame cada vez más adelante.

La noche está oscura

y estoy lejos de casa,

condúceme Tú cada vez más adelante.

Guía mis pasos: no te pido

que me hagas ver desde ahora

lo que me reservas para más adelante.

Un solo paso es bastante bueno para mi,

por el momento.

No siempre he sido así;

ni tampoco he rezado siempre

para que Tú me condujeras.

Ansiaba los días de gloria

y el orgullo dirigía mis pasos;

¡oh! no te acuerdes de esos años ya pasados.

Tu poder me ha bendecido largamente;

y sin duda ahora también

sabrá conducirme por la estepa y los pantanos,

por el pedregal y los abruptos torrentes

hasta que la noche haya pasado

y sonría el amanecer.

Por la mañana, aquellos rostros de ángeles

que había amado por largo tiempo

y que durante una época perdí de vista,

volverán a sonreírme.

Guíame, clara luz, llévame cada vez más adelante.

Amén.

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