NUESTRA SEÑORA DE LOURDES

IMG_1762 copia

Hoy celebramos Nuestra Señora de Lourdes.

El 11 de febrero de 1858, la Virgen María se aparecía a la niña Bernardita Soubirous. Y lo hizo dieciocho veces en total…

Vale la pena escuchar a ella misma relatar, con su gran ingenuidad, lo que allí pasó:

“Cierto día fui a la orilla del río Gave a recoger leña con otras dos niñas. Enseguida oí como un ruido. Miré a la pradera, pero los árboles no se movían. Alcé entonces la cabeza hacia la gruta y vi a una mujer vestida de blanco, con un cinturón azul celeste y sobre cada uno de sus pies una rosa amarilla, del mismo color que las cuentas de su rosario. Creyendo engañarme, me restregué los ojos; pero alzándolos, vi de nuevo a la joven, que me sonreía y me hacía señas de que me acercase. (..) “

“Entonces se me ocurrió rezar y metí la mano en el bolsillo para buscar el rosario. Me arrodillé. Vi que la joven se santiguaba… Mientras yo rezaba, ella iba pasando las cuentas del Rosario (..) Terminado el rosario, me sonrió otra vez, se elevó un poco y desapareció. (..) Aquella Señora no me habló hasta la tercera vez…”

Santa Bernardita Soubirous nació el 1844 y fue la mayor de seis hermanos. Era una chica sencilla, sin apenas preparación ni cultura pues sus padres, sumamente pobres, no pudieron enviarla a hacer estudios especiales. En la tercera aparición le dijo la Virgen María: “No te haré feliz en este mundo sino en el otro”. Y se cumplió. No fue en su vida ni seglar ni religiosa como se podría suponer.

El día once de febrero de aquel año 1858 cayó en jueves. Era un día crudo de invierno. Bernardita acompañada de su hermana Toneta y su amiguita Juana, marchan para ver si encuentran leña para calentarse en la lumbre. Su madre le había encargado a Bernardita que, como gozaba de poca salud y se constipaba enseguida, procurase no mojarse los pies. Su hermana y Juana cruzaron el riachuelo. Ella se quedó sola y es entonces cuando llegó la aparición.

Cuando volvieron Toneta y Juana les preguntó Bernardita: ¿”Habéis visto algo?” Bernardita estaba radiante, y ellas, todo curiosas, le preguntaron: ¿”Y tú, qué has visto?”… Con gran sigilo, y no sin antes hacerles prometer que a nadie lo dirían, les refirió la visión que había tenido… Pero… llegadas a casa todo se descubrió.

El calvario que esperaba a la pobre Bernardita no es fácil describirlo en pocas líneas. Le prohibieron volver a la gruta, pero impulsada por una fuerza interior, allí acudió y allí vio a la Virgen dieciocho veces. En la sexta, el 21 de febrero, “dirigió un momento la mirada por encima de mi cabeza, para recorrer el mundo. Después, volviéndola llena de dolor sobre mí, me dijo: “Ruega a Dios por los pecadores”.

Igualmente, varias veces, después: Penitencia, penitencia. En la undécima, este encargo: “Vete a decir a los sacerdotes que hagan construir aquí una capilla”.

Y dos días más tarde: “Deseo que se venga aquí en procesión”.

El 4 de marzo una madre sumerge a su hijo enfermo en el manantial nuevo, que se ha abierto paso al lado de la gruta; y proclama la primera su alegría, al sentir sano a su hijo.

El 25 de marzo “viéndola tan amable, le pregunté su nombre. Me sonrió. Se lo volví a preguntar, y volvió a sonreírse. Insistí de nuevo, y me dijo: “Soy la Inmaculada Concepción”.

El 16 de julio, “más hermosa que nunca, sonriendo con dulzura inefable, inclinó la cabeza en señal de despedida y desapareció”.

Santuario de Lourdes (Francia)

Pronto aquel humilde paraje de Lourdes se hizo famoso en todo el mundo. Empezaron a acudir peregrinos venidos de todas partes, hasta ser un lugar de Peregrinación para Europa y otras partes del mundo. No hay duda de que es uno de los Santuarios más visitados y más venerados de todos los continentes. Allí han ido descreídos y han encontrado la fe. Enfermos de cuerpo y de alma, y han hallado la salud para ambas cosas o para una de los dos. Allí se respira una gran devoción, la presencia de Jesucristo en la Eucaristía, del amoroso perdón y de la actividad de la Mediadora de todas las gracias. Quien la visita una vez sale con el firme propósito de volver una y más veces para poder experimentar la presencia sobrenatural que allí se respira. Son muchos los milagros que desde la Gruta de Massabielle obra la Virgen María a cuantos acuden a Ella.

Cuando ocurre una curación de forma incomprensible, el médico responsable de la peregrinación, da cuenta de ello al doctor encargado de la oficina médica de Lourdes. Si el proceso indagatorio es positivo, el caso es elevado al Comité Internacional de Lourdes, con sede en París, compuesto por unos 30 facultativos de todas las especialidades y pertenecientes a diversas razas, ideologías, nacionalidades y creencias, incluso agnósticos. Y finalmente entra en juego la autoridad eclesiástica.

El estudio en cada caso es minucioso, y para admitir el posible milagro, exige cuatro requisitos:

a) Dolencia incurable o curable sólo excepcionalmente.

b) Total ineficacia de los remedios empleados en su tratamiento.

c) Que haya sobrevenido de manera instantánea o casi instantánea.

d) Que haya sido absoluta.

El penúltimo milagro reconocido en Lourdes es el de la religiosa salesiana Luigina Traverso, ocurrida en 1965. Se trata del milagro nº 68 registrado en este santuario del sur de Francia atribuido a la intercesión de Nuestra Señora de Lourdes. Cuando visitó Lourdes en 1965, sor Luigina Traverso sufría una “ciática paralizante en meningocele”, grave, paralizante y dolorosa enfermedad por la que había sido operada sin éxito en múltiples ocasiones. Su curación inexplicable, completa y permanente fue presentada en julio de 2010 ante la Oficina de Constataciones Médicas que examina las supuestas curaciones que se declaran tras la visita al santuario mariano, informaron medios católicos. La religiosa, que en 1965 viajó en camilla a Lourdes y volvió a Italia por su propio pie, dijo haber sentido un “fuerte calor” en el cuerpo y el deseo de levantarse cuando pasó el celebrante con la hostia consagrada.

El último milagro reconocido, el nº 69, es el de Danila Castelli, italiana, esposa y madre de familia, quien comenzó a sufrir de “graves crisis hipertensivas espontáneas” en 1980, a los 34 años. En 1989, durante una peregrinación a Lourdes, Danila salió de las piscinas del santuario sintiendo “un extraordinario bienestar”.

Unos meses más tarde, la italiana dio parte de su curación a la Oficina de Constataciones Médicas del santuario. Pasaron los años y se constató que la curación era realmente duradera, con 5 reuniones en la Oficina en 1989 y en 2010.

Ese año la Oficina concluyó que “la señora Castelli estaba curada, de manera total y duradera, desde su peregrinación a Lourdes en 1989, de la enfermedad de la que sufría, y esto sin que tenga relación alguna con las cirugías o los tratamientos”.

Su recuperación fue certificada como “inexplicable en el estado actual de los conocimientos científicos.”

Entre las más de 7.000 curaciones que han tenido lugar en Lourdes en más de siglo y medio, sólo 69 se han reconocido oficialmente hasta 2013.

Deja un comentario