Y TÚ, ¿ME AMAS?

ABUELOS

Hasta tres veces hizo Jesucristo la misma pregunta a Pedro.

Al oír al Señor preguntarle esto, al apóstol le debería entrar un temblor en las piernas que no te quiero ni contar. Unos días antes le aseguraba durante la cena que no lo negaría por nada del mundo y no había terminado de hacer la digestión cuando hasta en tres ocasiones dijo no saber nada del Jesús detenido.

Con estas, el Señor, ya resucitado se acercaría a Pedro aún con dudas y pensando: “a este le hago yo que me responda y que piense bien lo que está diciendo…”.

En estos días en los que más de uno se anda haciendo preguntas sobre el amor, no quería dejar pasar esta oportunidad para recrearme en la pregunta que por tres veces le hizo Jesús a Pedro en las mismas aguas donde años atrás lo señaló para ser pescador de hombres.

Pedro, ¿tú me amas?.

Lo primero que quiero hacer es tratar de ayudarte a entender el porqué de tan reiterada pregunta.

Pongámonos en situación.

Jesús se le aparece a Pedro, al que había elegido como piedra angular de su proyecto tras su muerte, con Juan como testigo y narrador, de nuevo a orillas del mar de Tiberíades.

En una de sus audiencias, el maestro y hoy Papa emérito, Benedicto XVI, nos explicaba que cuando Jesús le pregunta a Pedro usa un verbo griego que significa amor total e incondicional.

Pedro que no olvida su triple traición de días antes responde que efectivamente ama a Cristo, si bien emplea un verbo que parece indicar un amor tierno, de amistad, si bien no del todo incondicional.

Más bien, el apóstol, respondería un sí con la boca pequeña, condicionado por su miedos.

Nuevamente pregunta Cristo a Pedro si lo ama con ese amor absoluto, y obtiene de Pedro la misma humilde respuesta: te amo con mi pobre amor humano…

Es entonces cuando Cristo, con infinita paciencia, cambia su pregunta y la formula de modo que Pedro puede responder. 

El Maestro le pregunta si le quiere, empleando esta vez el verbo con que Pedro había respondido en las dos ocasiones anteriores.

Pedro comprende en ese momento que a Jesús le basta su amor pobre, el único del que es capaz, si bien se entristece porque el Señor se lo ha tenido que preguntar de ese modo.

No le queda otra que responder, “Señor, tú lo sabes todo, tu sabes que te quiero”.

Así es, Jesús quiere que le amemos con este pobre amor nuestro; ni más ni menos.

Es mi corazón, Jesús: es todo y solo lo que tengo.

Imagínate que en ese lago ya no está Pedro, que eres tú el que es preguntado por el Señor, no te de miedo responder a Jesús con el amor que dispones, te preocupes en tratar de que sean más grandes tus palabras de lo que tu corazón puede abrazarle, como dice Pedro, Él lo sabe todo.

Pero, ¿qué es amar?.

Cuando queremos realmente a una persona concreta, pensamos en ella, la buscamos, la escuchamos, nos sentimos cerca…de alguna manera toda nuestra vida queda tocada por ella, por su vida y su misterio.

Muchas veces le digo a mi hija, que ella me ha enseñado lo que significa amar. No debería hacer una afirmación tan absoluta. Ya amaba antes a su madre, a su abuela, a sus tíos, mis hermanos… pero es cierto que esto del amor está en una continua evolución si tenemos un corazón inquieto. Eso nos debe bastar para presentarnos ante Jesús con la versión de amor con la que contemos.

La fe cristiana es “una experiencia de amor“, por eso, creer en Jesucristo es mucho más que “aceptar verdades” acerca de Él.

Creemos cuando realmente experimentamos que Él se va convirtiendo en el centro de nuestro pensar, nuestro querer y todo nuestro vivir. Solo podemos creer en Jesucristo si estamos convencidos que queremos amarle. Da igual que tengamos un corazón pequeño, o herido, Él se encargará de repararlo.

No compite nuestro amor a Jesús con nuestro amor a las personas. Al contrario es este el que puede darle su verdadera hondura a nuestro querer a los más cercanos, pues amar a Jesucristo nos hará liberar nuestro sentimiento de mediocridad y mentira.

Cuando lleguemos amar a Cristo con lo que tengamos, como Pedro cuando respondía con su humilde verbo, también le daremos una verdadera dimensión a nuestro amor a las personas.

Estar en comunión con el Señor nos ayudará a descubrir una experiencia de amor sin esperar siempre alguna ganancia o para renunciar a pequeñas ventajas para servir mejor a quien nos necesita.

Tal vez algo realmente nuevo se produciría en nuestras vidas si fuéramos capaces de escuchar con sinceridad la pregunta del Resucitado:

“Tú ¿me amas?”

Sí, Señor, te amo con lo tengo. Tu sabes que te quiero.

No tengas miedo a amarlo con lo que tienes, con lo que eres.

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Lázaro Hades.

Gracias Señor por tu amor infinito.

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