DE VUELTA

DE VUELTA2

Se dice que cuando algo funciona, mejor no tocarlo. A mi me gusta pensarlo, mas me cuesta hacerlo.
A punto de llegar al cuarto aniversario de este blog podría dar por satisfecha mi cuota apostólica al ver como ayer, un día más, mis escritos dormidos desde hace meses aún seguían siendo leídos por más de 1000 personas de muchos países.
Podría pensar que mi misión estaba cumplida y que vivir de las rentas sería suficiente para mantener mi fe incandescente al abrigo de un puñado de reflexiones hechas en momentos de gracia en los que Dios me alumbraba con las luces de máximo alcance.
Pero, gracias a Dios, los asuntos de fe no responden a sensaciones lineales. No conozco a nadie que me pueda afirmar sin contemplaciones que su relación con Dios siempre se mantuvo en máxima efervescencia durante toda su vida.
Si para algo me gusta usar esta tribuna es para revelar unas emociones que quizá el cuerpo a cuerpo no me permita con tanta fluidez. Y he de confesar que en mi Vivir en Cristiano compruebo con más frecuencia de lo deseando cuánto cuesta atravesar con firmeza el corto trayecto que nos separa de Dios.
Que se lo pregunten a Pedro, que sólo tenía que mirarlo fijamente cuando Jesús lo invitó a caminar sobre las aguas para acercarse a Él, y el padre de la Iglesia a los pocos pasos, estuvo a punto de ahogarse en sus propias dudas, más peligrosas que ese agua que estuvo a punto de engullirle.
Jesús abrió un camino para nosotros. A cada uno no señaló con su experiencia en nuestro mundo el patrón de comportamiento para seguirle. Solo basta mirar a Jesús, el nazareno, para construir los pilares de nuestra fe.
La senda está dibujada, pero los que caminamos, cada uno de nosotros, vamos a llevar un ritmo diferente en nuestra trayectoria en pos del Cristo. Es por ello que hemos de estar atentos a todo lo que nos acontece a lo largo del camino, tratar de no mirar tanto al agua como le pasó a Pedro y mantener los ojos fijos en Jesus para corregir nuestras desviaciones.

Vamos a dudar. Con frecuencia. No pasa nada. Que las dudas no puedan más que nuestra fe.  A todos nos tocará hacernos preguntas a propósito de lo que acontece en torno a este caminar y, por mi experiencia, te puedo decir que únicamente manteniendo esa mirada en el objetivo volverá el sosiego, porque las riendas las tiene Alguien que sabe manejarse mejor que nosotros en estos menesteres.

El descanso de estos meses ha sido algo así como el del caminante apaleado que llegó a la posada a lomos del samaritano de la parábola.
Al principio, yo me sentía como aquel personaje en ese trayecto, con mis alforjas llenas de la gracia de Dios, avanzando por el camino pisando con fuerza.
Y sin venir a cuento, de buenas a primeras sin saber de dónde ni cómo, echas en falta lo que creías llevar. Te lo “roban”. Además te “apalean” y te dejan maltrecho.
No es que a mi me robaran ni me azotarán, no.  No se trata de un hecho puntual sino un cúmulo de circunstancias a lo largo de un tiempo que disfrazadas de una forma desconocida para ti hacen que de buenas a primeras te encuentres en mitad del desierto bajo un sol de justicia y sin poder incorporarte.
Y ocurre que justamente quien pasa a tu lado, no puede, no quiere o no sabe detenerse a auxiliarte porque en las cosas de la fe es difícil atinar con el mal que te agita y lo mejor es dar un rodeo como hicieron el levita y el sacerdote de la parábola.
Siendo un caminante, sólo basta que el acontecimiento menos esperado,  algo “de fuera”,  como un samaritano, sea tu auxilio.
Pero ojo, no para solucionarte tus asuntos, sino como aquel, para llevarte a curar, reanimarte y para que seas tú quien vuelva a emprender el camino con firmeza.
En nuestro caminar por la fe nos va a acontecer este tipo de situaciones: desfallecimientos, confrontaciones, dudas, incongruencias, cansancio, hastío,  confusiones…
Nos equivocamos cuando desviamos la mirada y distraemos el objetivo.
Nos pasa que confundimos a santos con Dios, a advocaciones marianas con la Madre de Dios, a imágenes con Cristo…
Nos confundimos haciendo héroes a personas de nuestro entorno que nos acercan la Palabra de Dios, y pasamos el Evangelio a un segundo plano, trasladando los méritos al mensajero. Ocurre a menudo en parroquias o en grupos pastorales que cuando por algún motivo la cabeza visible cede el testigo a otra persona o deja de liderar el movimiento, parece desmoronarse ese núcleo de fe. Si esto ocurre es que se tenía el foco puesto en un sitio diferente a Jesús.

Estoy de vuelta y con mucho entusiasmo, en la posada de Dios, esos edificios antiguos con un campanario arriba en los que dentro te aguarda Él en el Sagrario con misericordia infinita, he podido cargar de nuevo mis alforjas en mis visitas diarias a su Mesa en la que siempre tiene la gentileza de compartirse con cada uno de nosotros.

Te doy las gracias por tu lectura y te aviso que en este curso voy a ser muy exigente cuando los elogios vayan a mis letras porque los méritos siempre, siempre son de El: unas veces será el Padre, otras el Hijo y siempre el Espíritu Santo.

Mantén la mirada fija y avanza sin miedo en ese camino que Jesús ha abierto para ti. 
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Lázaro Hades. 
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13 pensamientos en “DE VUELTA”

  1. De chico, cuando en el colegio nos explicaban esta parábola, me preguntaba qué habría sido de la persona apaleada y recogida por el samaritano. Cómo continuaría la historia.
    Ahora veo con alegría que tenía un final feliz, y es que restablecido de los daños y con las cicatrices aún frescas, sale al camino de nuevo a esparcir la Semilla que se depositó en él y sin buscar venganza.
    Bendito paréntesis el habido por lo que trae de bueno este reencuentro.
    Dios te guarde y te guíe siempre, Lázaro.

  2. A lo mejor no escribías pero te tenía en mi corazón. Gracias le doy al Señor por haberte ayudado a continuar. Me agarro de tu mano para continuar andando en el camino de la vida, y como bien dices con la mirada fija en Jesús.
    Llevo una mochila a mi espalda pero ahora mismo no sé muy bien de que la tengo llena… o a lo mejor la tengo medio vacía…
    Adelante!!! Seguimos caminando.
    Gracias y que el Señor te bendiga.

  3. Es una alegría enorme para mi corazón tenerte de vuelta Lázaro, se vienen momentos duros en mi familia pero llenos de esperanza, mi papá le va a donar un riñón a mi hermano que va por el 2º trasplante ne sus 39 años de vida y estamos muy ansiosos y con miedo pero a la vez con mucha fe y alegría…las palabras que Jesús pone en tus manos me ayudan a llevar este momento tan especial y poder ayudar a mi mamá…gracias!!!!

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