TIEMPO ORDINARIO, DIOS EXTRAORDINARIO

keep-calm-its-ordinary-time

Hace tiempo publiqué una entrada a propósito de la casulla. Me llamaba la atención cómo los curas se cambiaban el color de su indumentaria a la hora de celebrar misa y descubrí que esto de cambiar de camiseta no era un asunto de marketing como lo es con los equipos de fútbol cada temporada, sino que el cambio obedecía a un determinado periodo del calendario litúrgico.

Así descubrí que el morado que he visto durante el Adviento no lo volveré a ver hasta la Cuaresma y, Dios quiera que pocas veces, en misas de difuntos.

Tampoco volveré a ver hasta final de año el celeste del día de la Inmaculada y el rosa de los domingos de Gaudete y Laetare (los últimos del Adviento) justo antes de finalizar el tiempo de espera a la Navidad, donde los sacerdotes visten de blanco igual que todos los días festivos marianos y de santos no mártires, ya que cuando se trata de mártires el color de la casulla es el rojo.

Así las cosas, solo me queda el color verde. El color del tiempo ordinario. Aunque hablando de Dios, referir el tiempo como “ordinario” resulta algo extraordinariamente contradictorio.

Tras finalizar Adviento, Navidad y Epifanía, ya estamos inmersos en el tiempo ordinario de este año.

Todavía con algunos pascueros en el altar, el color verde nos acompaña hasta febrero, próximo hito litúrgico, miércoles de ceniza.

Y aún estamos con resaca de la fiesta del Bautismo de Jesús que celebrábamos ayer. Un bautismo que después de mucho prometer Juan el Bautista le llegó ¡a los 30 años!. A decir verdad, hay que reconocer que Cristo fue un adelantado a nuestro tiempo en todo. Hasta en las costumbres del siglo XXI porque hoy también suelen salir los hijos de casa de sus padres con una edad…

Es curioso lo bien que encaja el calendario litúrgico, un día como hoy que es el que todo vuelve a la normalidad tras semanas de fiestas importantes jalonadas cada siete días. Con la fuerza que da cualquier cambio de ciclo, Jesús nos cuenta en el Evangelio cómo inicia su misión tras su chapuzón en el Jordán.

Y la inicia preparando su equipo:el equipo de los apóstoles. Supongo que trataría de reclutar a los mejores, aunque luego ya se sabe, alguno se iría de la lengua…

También puedes consultar pulsando aquí la ficha de cada uno de ellos.

Pero pongámonos un poco más serios y detengámonos en el Evangelio de hoy:

(…) “Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: «Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres». Al instante, dejando las redes, le siguieron”.(Mc 1,14-20).

Y como siempre, hoy también me habla a mi y ti  para que formemos parte de su equipo.

Nos pide que dejemos las redes y que le sigamos.

Nos pide caminar en el alambre como un funambulista, sin mirar hacia abajo, fijando la mirada y el pensamiento en El.

Nos pide que olvidemos la red, es imposible buscarle preguntando cómo se llega y cuando llegamos, como si fuéramos niños en la parte de atrás de un coche durante un largo viaje.

Esos titubeos, esas continuas preguntas y dudas solo imposibilitan que el tránsito sea más fluido, esas son las redes que El nos pide que dejemos, para caminar con El y de paso ser “pescadores de hombres”.

Tengo un pensamiento, que defino como egoísta, a la hora de buscar definiciones para explicar porqué creo en Dios. Ayer me lo volvían a preguntar, otra vez, al abandonar una larga sobremesa: ¿porqué vas ahora a Misa, con lo bien que estamos aquí y el frío que hace…? ¿Hoy por quién vas a pedir…?.

Y saqué ese pensamiento algo egocéntrico que a veces hay que sacar a que le de un poco el aire: “Voy a pedir por mi”. “Voy a misa por mi”.

Para seguir caminando por el alambre, hemos de convencernos que el único punto de encuentro tras nuestras distracciones espirituales, emocionales y anímicas es pinchar el eje del compás de nuestra vida en Dios.

Y fijar nuestra mirada en El, acudir pensando únicamente en que acuda a nuestro rescate, sin llevar nosotros la solución, con paciencia, ya aplicará El su bálsamo. Para poder “pescar almas” a veces, es necesario hacerle una puesta a punto a la nuestra, conviene pedir cita personal a Dios.

Ten en cuenta, que aunque tus problemas te tengan en vela, Dios se pasa muchas noches sin dormir pensando en nosotros.

Pues por todo esto, por saber que puedo acudir a El en un día de casulla verde, un día en el que todo parece que vuelve a ser ordinario, entiendo la extraordinaria suerte que tengo al conocer su camino.

Lázaro Hades.

Deja un comentario