Archivo de la etiqueta: SEMANA SANTA

DOMINGO DE RESURRECCIÓN

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«…todavía no habían entendido la Escritura, según la cual era preciso que Él recusitase de entre los muertos» (Juan 20, 1-9)

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Hoy es el día de la luz que vence la oscura noche.

Cristo vive y vence las tinieblas.

Él expulsa el mal que nos oprimía.

Él va delante de nosotros y quedan atrás nuestros miedos.

Hoy los tristes reencuentran la alegría.

Los desanimados se alegran.

Los matrimonios se enamoran de nuevo.

La compasión renace en todos los corazones.

Hoy, el Dios vivo, que ama la vida, derrota todas las muertes.

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Tú, Señor, eres el Dios de la vida.

Mi vida renace en ti.

La luz de tu resurrección

expulsa de mi interior

toda la oscuridad del mal.

SÁBADO DE GLORIA

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Durante el día de hoy, no hay ninguna celebración en la liturgia de la Iglesia.

Es un tiempo de silencio.

Es un tiempo para hacer una pausa después de la muerte de Jesús.

La muerte de Jesús es real; no es un simulacro.

Después de las lágrimas, de la tristeza…

queda este tiempo para el silencio y el luto.

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Delante de Jesús muerto,

hago silencio para tratar

de entender lo incomprensible.

Hago silencio para esperar en Dios.

Callo para reflexionar que

solo Jesús es la Palabra necesaria.

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VIERNES SANTO

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«…TENGO SED»

(Juan 18, 1-19,42)

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Nos amó hasta el final,

hasta el límite.

Se dejó apresar

para que los amigos pudiesen huir.

Dejó sus vestidos

a quienes lo ejecutaban.

Su amor no pide nada a cambio.

Pero desea generar amor

hasta en nuestro corazón de piedra.

La sed de la que Jesús habla

es sed de amor.

Del amor del Padre.

Pero también de mi amor.

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JUEVES SANTO

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«…los amó hasta el fin.» (Juan 13, 1-15)

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Jesús no enseña a ser equilibrado, moderado, sensato.

El amor que Jesús vive, ofrece y propone es desequilibrado, ilimitado.

Da todo sin esperar nada a cambio.

Hoy, en la Ultima Cena, queda definido lo que es el amor.

En el gesto de lavar los pies, en su Cuerpo ofrecido en la Eucaristía, Jesús define su posición: la medida del amor es amar sin medida. Seguir leyendo JUEVES SANTO

MIÉRCOLES SANTO

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«Ellos le prometieron treinta monedas de plata»

(Mateo 26, 14-25)

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Judas rechaza a Cristo.

Y va a buscar un sustituto que llene

el vacío que dejó en su corazón.

Y se queda con las treinta monedas de plata.

¿Puede este dinero saciar

su hambre de amor y de sentido?

· Seguir leyendo MIÉRCOLES SANTO

MARTES SANTO

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» Y mojado el pan, se lo dio a Judas…»

(Juan 13, 21-33-36-38)

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Es la más dolorosa de las traiciones: la de un amigo.

Para la persona que amamos, bajamos las defensas.

Jesús optó por no defenderse;

la fuerza del amor está en la misericordia.

El pan que Jesús ofrece a Judas es señal de amistad, de confianza, de intimidad.

Jesús se comporta con Judas (y con nosotros) como el mejor de los amigos.

El se mantiene fiel, a pesar  de las traiciones.

Nunca retira su confianza.

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LUNES SANTO

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«…ungió los pies de Jesús y los enjugó con sus cabellos…» (Juan 12,1-11)

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Belleza y ternura. Este es el único gesto de amor que Jesús va a recibir en la última semana de su vida.

Entonces, como hoy, todo está calculado, medido.

Gestos como este de María son cada vez más raros.

María Magdalena ama a Jesús y el amor no contabiliza aquello que da, no hace balances, no programa estrategias: el amor simplemente se entrega.

El amor de María sabe intuir la ocasión para mostrar la diferencia.

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MIÉRCOLES SANTO 2013: ¿amarlo o entregarlo?

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«Ellos le prometieron treinta monedas de plata» (Mateo 26, 14-25)

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Judas rechaza a Cristo.

Y va a buscar un sustituto que llene el vacío que dejó en su corazón.

Y se queda con las treinta monedas de plata.

¿Puede este dinero saciar su hambre de amor y de sentido?

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A Jesús lo amamos o lo rechazamos,

pero nadie permanece indiferente.

No podemos refugiarnos en las ideas, en el «sistema».

Cada uno de sus discípulos,

cada uno de nosotros,

tenemos que tomar posición ante Jesús:

amarlo o entregarlo

Cuando no oigo tu voz, Jesús…

cuando no pongo en práctica tu Palabra…

cuando me aparto de ti…

cuando rechazo serte fiel…

lleno mis manos con treinta monedas.

Y quedo con el corazón vacío y dolorido.

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Tu Palabra llegó a mi vida

para llenarme de alegría

y yo cerré mis oídos a ella.

Tu luz brilló en mi noche

para devolverme la esperanza

y yo me encerré en mi egoísmo.

¡Perdón, Señor!

 

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Lázaro Hades.

Gracias Dios mío por tu amor infinito.

Toda una vida se me hace corta para agradecerte el enorme favor que me has hecho al elegirme como discípulo tuyo.

MARTES SANTO: Preguntas

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«…uno de vosotros me entregará»

«¿Que darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes que tú me hayas negado tres veces»

 (Jn 13,21-33.36-38)

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Dos mensajes me deja Jesús para este Martes Santo que me han abierto muchos interrogantes.

El primer aviso se lo dio a Iscariote, pero…¿y si me lo dio a mí?

Uno de vosotros me entregará. 

¿Sólo uno de nosotros te entregaremos?  Seguir leyendo MARTES SANTO: Preguntas

LUNES SANTO 2013: El perfume.

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«Y la casa se llenó del olor del perfume» (Juan 12, 1-11)

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El Evangelio de hoy es cortito y claro, léelo pulsando aquí para comprender mejor esta entrada.

 Jesús acude una semana antes de morir a visitar en Betania a sus mejores amigos. Al resucitado Lázaro (que no tiene nada que ver con el Lázaro y el Hades que dieron inspiración a este blog), y a sus hermanas María y Marta.

Imagínate esa misma situación hoy en día. Es como si tu me llamas para venir a cenar a mi casa porque tienes ganas de contarme algo muy importante ya que por un tiempo vamos a dejar de vernos

Yo, emocionado porque son pocas las veces que tengo oportunidad de atenderte, me pongo de acuerdo con mi mujer para preparar nuestras mejores galas para recibirte: sacamos la mantelería que nos compramos cuando nos casamos, que yo pensaba que era solo para rellenar los cajones, ya que solo hemos usado una vez; la vajilla aquella que siempre pensé que compramos como objeto decoración y nunca imaginé que una salsa podría ensuciarla; y esas copas que además de servir para quitarle el polvo me di cuenta que se podían usar…

Cuando llegas a casa, hay algo que me sorprende, ya que te esperaba solo y al abrir la puerta veo que hay un montón de gente en la calle que veía siguiéndote y que se quedan en la puerta mientras tu pasas con total normalidad. Siempre pensé que eras un tipo calmado y con don de gentes, pero la tranquilidad con la que dejaste a tu corte fuera ya me indujo a pensar que tendrías algo importante que contarme.

Sentado a la mesa, llega el momento de abrir esa botella de vino de una añada que ya no se ve ni en los carnets de identidad antiguos y que yo guardaba para una ocasión tan especial como esta.

«¡María, trae la botella de vino!». Pido a mi hermana, excelente cocinera y amante de los vinos, que nos traiga ese caldo de cosecha insuperable, que como ordenan los entendidos, ella tenía abierta momentos antes para que el vino «se oxigenara».

María emocionada se acerca a la mesa con el vino y… ¡tropieza con la alfombra!, se le escapa la botella de la manos, se rompe y derrama todo el vino sobre mi invitado…

¡Vaya por Dios! (y nunca mejor dicho), ese vino carísimo acaba de perderse en un suspiro. Ante el estrépito y desde la puerta en la que permanecía esperando, el «amigo» de mi amigo, oportunista como siempre y demagogo como nunca, cuchichea diciendo: «..con lo que ha costado ese vino podían haber dado una limosna para Cáritas…».

Mi amigo, desde la mesa y embadurnado en vino, le dice, «oye Judas, que los de Cáritas están todos los días dispuestos a recibir tu limosna, que por cierto podías guardar para ellos en alguna ocasión, pero este momento para mí y para Lázaro es muy importante porque quizá no nos veamos más…»

….

El caso es que he querido recrearme en esa situación para comprender aún mejor el Evangelio que hoy nos trae Juan a este Lunes Santo. Y quiero detenerme en la figura de María, la de Betania, hermana de Lázaro y Marta.

El amor de María hacia Jesús era grande. Lo admiraba como muchos (había resucitado a su hermano), lo quería como pocos. Guardaba un perfume realmente especial con el que quería agasajar a Jesús que saldría de esa casa hacia un destino que ella desconocía.

María estaba deseosa de demostrarle a Jesús cuánto le amaba, le tenía tal devoción que se echó a sus pies, ante la mirada asombrada de todos los que la miraban en ese momento y que habían llegado a la casa acompañando a Jesús.

Seguro que le hubiera gustado exclamar: «¡Gracias por todo Jesús mío!»

María derramó todo su perfume sobre Cristo, no se guardó ni una sola gota de aquello tan valioso para ella para entregárselo a El.

Me acuerdo en este momento de aquellos que entregan su vida a Dios, que se derraman por completo a El, a los que se entregan del todo a Dios a través de la vida sacerdotal, de la vida religiosa. De los que se entregan totalmente a Dios sin dejar una gota de sí.

¿Derramamos nosotros todo lo que tenemos, por muy valioso que sea, a los pies de Cristo?

Él sí lo hizo por nosotros.

Jesús derramó hasta la última gota de su sangre para que cada uno de los que pisamos esta tierra fuésemos dejando el olor de su perfume.

Esta mañana al oír al cura en la consagración no puede evitar hacer el paralelismo con lo ocurrido con María y su perfume: «…éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros para el perdón de los pecados…» 

Han sido dos ejemplos que me han variado mis esquemas en el día de hoy que tenía pensado escribir de otra cosa. Nunca terminaré de aprender que no son «mis esquemas» sino «Sus esquemas».

El primero, para imitar a una mujer que derramó a los pies de Jesús lo mejor de sí para agradecerle cuánto le había dado.

El segundoreparar en un hombre que se dejó matar para que todos los que aquí quedamos seamos conscientes que Dios quiso que ni más ni menos que su Hijo derramara hasta la última gota de su sangre para perdonar nuestros pecados del día a día.

No me quiero poner trascendente, bajemos al nivel de nuestra vida cotidiana. Esta tarde de Lunes Santo, cuando estés contemplando, porteando o admirando esa imagen que tanto te emociona, trata de pensar por un momento en quien está representado en esa talla y cuánto El hizo por tí. Piénsalo de verdad. Piensa en cuanto hacemos los hombres unos por los otros y cuánto hizo el Cristo representado en ese trono.

Y piensa también en cuánto haces tú, no hoy que le estás llorando o que lo estás llevando en tu hombro, sino en cuánto de ese perfume carísimo que es tu tiempo fuera de la Semana Santa, el resto del año, cuánto estás derramando a sus pies.

¿Estamos sacrificando algo por Jesús?

¿Se está llenando tu casa, tu vida, del olor de su perfume?

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Actitudes de Semana Santa: sacrificio por Jesucristo.

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Lázaro Hades.

Gracias Dios mío por tu amor infinito.

Toda la vida me resulta pequeña para poder agradecer el favor que me has hecho al elegirme discípulo tuyo.

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DOMINGO DE RAMOS 2013

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«He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros antes de padecer».(Lc 22,14—23,56)

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Seguro que en alguna ocasión has visto la imagen que te voy a describir a continuación.

Seas o no muy aficionado al fútbol, puede que hayas tenido la oportunidad de observar una escena en la que los futbolistas de un equipo hacen «el pasillo» a su rival. Antes de comenzar el partido, se ponen los jugadores en fila, unos frente a otros, para que el rival pase entre ellos, recibiendo ese honor al haber sido campeón en alguna competición reciente antes de ese partido.

En algunos casos resulta curioso comprobar cómo esos mismos equipos se han estado «tirando los trastos a la cabeza» a lo largo de toda la temporada y ahora se tienen que poner ahí a simular ante el público esa pleitesía de cara a la galería.

Tal día como el que hoy conmemoramos, Jesús entraba a Jerusalén, en un burro prestado, y como una estrella.

Le hacían el pasillo como a un campeón.Le aclamaban, ramas de olivo en mano, jaleándole sin cesar a su entrada a la tierra que no le vio triunfar y en la que, tras intentarlo en varias ocasiones, fue apresado gracias al «favor» de un amigo del que ya tocará hablar en los próximos días.

En las semanas previas había hecho una serie de milagros que habían acrecentado su fama y le habían hecho tan popular, que sin ser necesario más redes sociales que el boca a boca de aquel tiempo, sus hechos se habían «retuiteado» de una forma sorprendente.

Hasta el punto que los que pensaban tenerlo todo controlado, los fariseos de turno, sospechaban que el galileo les iba a echar por alto las fiestas de Pascua si seguía acaparando protagonismo.

Para colmo, el hijo del carpintero, llevaba unas semanas hablando sin parar y comentado a las claras que El era el hijo de Dios y que la Palabra que estaban esperando oír era la que estaban oyendo de su boca, pero eso no entraba en sus planes.

A este hay que prenderle, no vaya a ser que nos alborote el rebaño. Pues nada, a matarlo. Ya hemos hablado del juicio rápido, y de lo mucho que nosotros entendemos de eso…

No necesitaron muchos argumentos los sumos sacerdotes para entregarlo. De manera que tras esa entrada triunfal, pasillo incluido, volvieron a hacerle otro corredor humano, ahora para encaminarle a un Calvario, del que todos conocemos algo aunque sean sucedáneos de los que fue aquel monte de dolor.

Las mismas personas que días atrás agitaban esas ramas de olivo ahora estaban volviendo a hacer el pasillo al campeón de un partido que pensaban se terminaba en la cruz, pero desconocían que tras tres días de añadido, Cristo acabaría dándole la vuelta al resultado.

Me asomaré al balcón estos días a ver cuántos estaremos ahí, a pie de calle haciendo el primero de los pasillos de esta Semana Santa. Cuántos de nosotros seremos los que jalearemos al del burro prestado aclamándole por sus últimas gestas. Cuántos estaremos ahí, con nuestras mejores galas, para que desde su jaca nos divise con nuestra pose de «Señor que bueno que soy».

Y me volveré a asomar al balcón para ver cuántos serán los que después de Semana Santa formarán ese pasillo virtual de almas en pena dentro de cuerpos vacíos que aprovechan la más mínima ocasión para ser los actores de reparto que completan un largo corredor de desprecios, olvidos o reproches a ese mismo Cristo que los espera sin desaliento en cada uno de los Sagrarios que hay en las Iglesias donde se guardan (aparcan) las imágenes que durante una semana han venerado a lágrima partida.

Un año entero de espera, para un día de gloria en un burro prestado. Si tengo que tomar lecciones de actitud a imitar en cada uno de los días de Semana Santa, la primera ya la tengo.

¿Sería yo capaz de imitar a Cristo en semejante gesto de humildad?. ¿Ser capaz de verme aclamado, cuando realmente camino a la muerte, sabiendo que voy a ser entregado por los mismos que ahora me jalean?

Si a la más mínima contrariedad ya me estoy revelando, tengo que aprender mucho de la humildad y entrega que Jesús demostró por su causa, por la causa del Padre, a su entrada a Jerusalén.

¡Menudo pasillo al campeón…!  ¡Para este viaje, no necesitaba yo estas alforjas…!

Lecciones de actitud en Semana Santa. Domingo de Ramos: humildad y entrega.

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Lázaro Hades.

Señor gracias por tu amor infinito.

Toda una vida me resulta pequeña para agradecer el favor que me has hecho al elegirme como discípulo tuyo.

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